Un flashero cuento de navidad Mendocino

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Faltaban unos días para las benditas fiestas y decidimos con mi tradicional grupo de amigos hacer la juntada de fin de año. Nunca voy a entender esa desesperación de reunirse antes, como si supieran que el Apocalipsis va a ser el primero de enero y no nos fuéramos a ver nunca más. Así en 15 días tenés una maratón de rejuntes, laburo, gimnasio, amigos, grupo de cocina, facultad, de lo que venga y como consecuencia 10 kilos de más, un hermoso empacho y tu hígado al borde de la cirrosis.

Volviendo al punto, esta era una de esas juntadas lindas, de amigos queridos, que te reís mucho y chupas como barril sin fondo hasta altas horas, ni los chicos jodían, miraban a Mickey en la compu y después venían a pedir “un pedazo de pastel” (se les pega el neutro).

Para cuando se fueron todos quedo un hermoso despelote y yo con un lindo pedo me dormí en el sillón, dando comienzo a la experiencia más paranormal de mi vida. A eso de las cuatro de la mañana, entre dormida divisé una forma con una túnica blanca iluminada, me dijo que me llevaría a recordar mis navidades pasadas, yo le iba a preguntar “¿Qué flasheas?” pero del susto no daba.

Con felicidad, lo primero que vi fue a mis abuelos en la punta de la mesa, y otro par de parientes que ya no están más. Todos acomodados en tablones, medio amontonados codo a codo. Un mix de platos de colores rejuntados, el medio lleno de comida, sanguchitos de miga, ensaladas que casi nadie toca (aguante la de papa y zanahoria), empanadas de carne de la nona (el amor que tiene eso adentro hacia que lo picante te importara un carajo). Para cuando llegaba el clásico lechón (con la correspondiente indigestión del otro día), ya estabas casi lleno pero todos arrancan de cero de nuevo. Si hay bajo presupuesto con un asadito de vaca y pollo se zafaba igual.

La ensalada de fruta era el clásico obligado, para terminar con la mesa llena de turrones y confites esperando las 12:00 para brindar con sidra. Nunca voy a entender por qué se la toma una vez al año si es tan rica. De más está decir que se combina con todo lo que tenga alcohol también, desmesurados en la comida, descontrolados en el chupe. Por qué el argentino es así, no come… ¡morfa! Hasta reventar.

Y todo esto debajo de un parral, si no pasaste una fiesta debajo de uno dudo que puedas llamarte mendocino. Eso es más tradicional que el mismísimo pino, ese coso horrible de plástico, que decoras con más plástico, que amabas armar con tus hermanos y odiabas guardarlo un mes después lleno de tierra.

Recordé cómo jugábamos con mis primos, corríamos por todas partes, gastábamos los miserables ahorros en petardos, chasquibunes y estrellitas sobre todo para la tranquilidad de las madres, y virulana para cuando no había un mango. Me miré la mano y recordé también cuando mi prima, por caprichosa, me clavó un tenedor en la mano y terminamos todos en la guardia con el año nuevo casi encima.

Como dije, las doce era el momento clave, te dolía el cuello de ver fuegos artificiales y si tenías suerte tirabas algunos, todos te daban un beso, a esa edad parecían ser honestos. Y lo más importante la llegada del viejo gordo de Coca-Cola, recuerdo más de una vez mirar como idiota las estrellas porque “ahí viene papá Noel”, mientras sacaban los regalos a escondidas, alguna vez alguno hacia el sacrificio de cagarse de calor y disfrazarse. Y uno nunca entendía cómo el viejo gordo sabía que justo te faltaban zapatillas.

Por todo eso entendí por qué detesto tanto las fiestas, porque las disfrutaba, sobre todo porque lo peor pasaba desapercibido. Algo me sacó de mi letargo, las ganas de vomitar, palpando el sillón nuevamente me pegué el segundo cagaso, una figura corpulenta se acercaba a mí de manera amenazadora, con lo que parecía un traje verde, tenía en la cabeza lo que parecían unos rulos, y estaba cubierto de frutos que caían por todas partes, rápidamente me llevó a pensar sobre mis navidades presentes.

Unos días antes empieza, casi siempre con rezongue la pregunta, ¿y este año dónde la vamos a pasar? Un puterío interminable de diez días para terminar en lo de la tía infumable igual. Coordinar el morfi es oooootro tema, porque siempre hay uno que se hace el pelotudo, no lleva, encarga lo más barato.

Lo peor es que ya ni siquiera comemos lo mismo, ahora tiene que ser más light y fresco, si bien muchos tienen la suerte de que su familia no se sume a esta moda, hay muchos que cagamos. Muuuucha ensalada, con suerte pollo y las empanadas de la abuela tristemente ya no están. Básicamente lo único que se salvó es la tradicional ensalada de frutas, los turrones y confites cada vez más caros…cada vez menos variedad y cantidad.

Ahora hay espacio porque no sólo algunos ya no están, otros peleados a muerte no fueron más, te acomodas intentado encontrar un punto estratégico lejos de todos los parientes infumables. Sobre todo si tu vida no es políticamente correcta, ya sea porque no te casaste a los 20 años, no terminaste de estudiar, o no conseguís laburo te pueden agarrar de punto y convertirte en el tema de conversación de la noche…otra vez.

Es que aparte caen tus primos, ya grandes, con las parejas, laburo, éxito o lo que mierda sea y te dejan más en evidencia, un estudio comparativo de ese pariente hijo de puta que todos tenemos te deja como un fracasado antes de que abran la primer gaseosa. La ves a tu primita con el novio divino y te dan unas ganas terribles de devolverle el favor del tenedor.

Y no es que todo eso antes no pasara, es que no te dabas cuenta porque eras pendejo, la inocencia te valía, lo mejor era que no tenías que regalar una mierda porque eso era trabajo de Papa Noel, con el misterio resuelto en algún regalo te clavas y ni te digo si tenés sobrinos, probablemente ahora el disfraz te lo pongas vos.

Tipo una empieza el desbande, saludas a todos y partís para la juntada que va a terminar seguro en fiesta. Las tradicionales fiestones de fin de año son un mega evento, ni te digo si vivís en distrito, es la posibilidad de ir a un lugar que no sea el boliche de mierda del pueblo, y para mí son como una película de zombis, no porque sean de terror, sino porque parecen “el regreso de los muertos vivos”, aparece gente que hace mil años no veías, no sabes dónde carajo se habían metido, y te la pasas saludando, como diría el filósofo contemporáneo Gigoló “all the nigth”.

Te acostas con el sol en la frente para que a las dos horas te jodan con que vayas a almorzar lo que sobró de la noche anterior con la flia, si no zafas, te arrastras hasta una silla para fermentar lo más cómodamente posible, después rajarte durmiendo la siesta o si te la aguantas ir a una pile o río.

Un poco más consiente y habiendo dejado medio, de MI espíritu en el baño, volví al sillón y me di cuenta que la cosa no terminaba ahí, sobre la mesa apareció una tercera figura más oscura y tenebrosa, se movía de forma extraña y ya a esta altura supuse que era mi futuro, rosa no iba a ser viste…

Terminando las pascuas ya los supermercados empiezan a vender lo necesario para las fiestas, por lo que estaba preparada con tiempo y arme una mesa diviiiiina llena de comida, mi familia alrededor feliz compartiendo y mi marido divino yéndose a poner el disfraz de papá Noel para darle los regalos a los seis nenes que teníamos y ahí, si justo ahí, me tire sobre el fantasma, lo quise cagar a trompadas, mientras le gritaba “¿¡vos me estas jodiendo!?” Esto no me pasa a mí ni en pedo, quemé un huevo duro, hace dos años que no puedo sentar a mis tíos en la misma mesa, ese chabón seguro que si me da bola me gorrea y seis pibes… “¿¡seis!? yo a esto no me lo creo ¡¡¡Fantasma forro decile a tus dos amigos que no aprendí un carajo!!!”

Desde ahí fue todo borroso…

Amanecí a las cinco de la tarde tirada en el comedor, un poco mareada y aturdida, los pendejos de mierda dejaron la computadora con el volumen al mango y repitiendo una y otra vez “un cuento de navidad” de Dickens, obviamente versión Disney. Eso, el chupe y el clericó supuestamente sin alcohol de Daniela me hicieron sospechar que lo de la noche anterior distaba de lo paranormal.

Sentí que mi perro lloraba, el muy salame abrió la ventana, se enredó en las luces que la decoraban y consecuentemente en la cortina, me di cuenta que había encontrado mi primer fantasma. Después de desatar el pichicho, me di vuelta y vi que con pedo camino al baño de un lampasazo (ruludo) había tirado el pino, por lo que se me había caído encima “de manera amenazadora” y habían pelotitas (frutales) hasta en el bidet, finalmente vi mi último fantasma arriba de la mesa, tapado con una campera negra, ya sin palabras les dejo en video lo que era…

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