Un Gurkha suelto en estados unidos: fiesta pagana

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Bueno en esta nota voy a seguir con mi estilo serio y documental sobre mis experiencias en el país del norte, así que ya saben como viene la mano y léanla toda porque se pone copada más adelante, y si no háganse abrochar los cantos.

Todo comenzó una noche de sábado, me encontraba en el depto de mi amigo Juan con un aburrimiento tremendo, nada por hacer, ningún plan. Estos putos son todos casados, las jermus los tienen re cagando mal. Me fui al balcón, encendí un cigarro y me destape una birra pa’ ver si se me aclaraba el pensamiento o si de adentro de la botella salía un genio partuzero y pirata que me cambiara la noche, o que se yo, una perra con ganas de ponerla a rabiar conmigo, me daba igual. Así que como no pasaba un choto de lo que deseaba, me acorde de uno de los chaboncitos que labura conmigo que es soltero y dije “seguro que el cubano capitalista éste sale, a no ser que le pinte quedarse en su depto a sobarse el ñoqui o a pedir que genios o putas salgan de las botellas”… ma’ si yo lo llamo…

– ¡¿Halo?! – Contesta el Gilberto

– ¿Qué haces cubata sobafalos?… habla el Gurkha, querido ¿que tul? – le dije cheronca.

– ¡¡¡Que dice’ Gulkha pendejo!!! ¡Mama bicho’! ¿Qué dice’ a vel? – Me contestó el Gilber en ese tono que siempre me hace acordar al pelotudo del cangrejo Sebastián de La Sirenita.

– Che, desorientado sexual, ¿que onda esta noche loco que vas a hacer? – le pregunto.

– Pue’ mila shico, voy a una a il a una fiesta pagana de heavy metal aquí en Dallas, mujele’ alcoholizadas, rock, mucha celveza y de lo otro…. ¿Quiere’ venir? – Dice el Sebastián… esteeemmm digo, el Gilberto.

– Pfff ¿¿¿comoooo nene??? Venime a buscar ya che Arjona con ladilla – le dije entre risas.

– Aljona e’ guatemalteco shico – me responde serio.

– Bueno, ¡dale pelotudo! Vení a buscarme, yo hago de Che y te dejo ser mi Camilo Guevara, ¡cubano Gloria Stefan! – le girté.

-Ok, parcero, en veinte minutos estoy ahí mi phana – me dice con vos de salsa.

Bue pasaron como unos treinta minutos y siento la bocina del auto, saludo, arranco y eh aquí como cambia la historia. Adentro del auto venia mi amigo Gilberto con dos amigos mas que al verlos  pensé “este es el responsable de la masacre de Texas y este otro es el que le da la sopa al cuco”, ¡la concha de la lora que son estos muñecos! Todos vestidos de negro, esgrimiendo cadenas y prendedores por doquier, de más esta decirles que llevaban aros y piercing en cuanto lugar se pudiera, barbas largas, pelo largo, hacian 38 grados de calor pero los putos estaban con borcegos. Encima el lookete que había engalanado el Gurkha para esa noche constaba de: remerita roja ajustadita, jeans y unas zapa blancas con negro, chiche el pibe, pelo corto, sin aros, sin barba. Tenía menos pinta de heavy que Paco Pérez de honesto. Desentonaba como la puta madre, como el Padre Luis en Eros.

En el camino nomas, los emisarios del futre estos habían comprador un pack de 18 latas de birra cuyo objetivo era liquidarlo antes de llegar a la fiesta. Entre su intento por sociabilizar conmigo me pasaban latas a la vuelta y yo que tengo el hígado fácil pa’ el copete me deje llevar.

Para cuando llegamos a la fiesta ya éramos chancho’ amigos. Uno era mexicano (Alfredo, al que le dije toda la noche Pancho Vila y el choto se creía que le decía Pancho Villa) el otro salvadoreño ( no se como se llamaba, pero yo le decía “el flaco”). Al bajarme del auto, me advirtieron que quizás sintiera miradas raras, pero que no me preocupara porque eran debidas a mi vestimenta que cada vez desentonaba mas y bueno  que tuviera cuidado con alguno que estuviese excedido de talco o de pasto pa’ la risa… y me mande.

Les juro que entrar a esa casa vestido así fue como llegar al infierno con alas, como prender la luz, una cosa así. En mi puta vida me sentí tan observado y puteado por lo bajo, en fin camine por entre medio de los instrumentos dispuestos en el living para un concierto de heavy y me acurruque cerquita de la heladera, “piola Gurkha no hagas bardo porque estas muerto” pensé.

Miraba hacia el patio y podía ver una pileta donde flotaría mi cuerpo inerte si desatinaba mas, en fin, recurrir al silencio extremo seria la única forma de mantenerme vivo, o el culo sano al menos… y entraron a llegar che, ¡pa’ que les cuento loco si era la película “Apocalypto”! ¡Se los juro! Todos aztecas o mayas o sin mallas lo que sea, ¡unas caras de indios terrible!, tatuados hasta los parpados, vestidos de negro, un papelón total, hasta vergüenza ajena me daban los paparulos aquellos.

Al rato caen cuatro gringos motoqueros con sus Harley’s “originals”, también vestidos de negro, pero estos eran de piel blanca. El clásico pañuelo en la cabeza y armados… así como la leen: ¡enfierrados los tipos! Y entre toda esa mezcla de conquistadores y conquistados habían muchas minas con cara de sadomasoquistas del Bajo Luján y otras que  podrían escribir la nueva temporada de Mujeres Asesinas  tranquilamente… pero de muuuyy buenos cuerpos. Unas pechochuras las locas del orto, también había un par de ballenitas obesiodes, ¡¡¡no se vayan a pensar que a Barbie le gusta Pantera o Metallica!!!

Bue comenzaron a tocar y mientras cambiaban de integrantes y de estilos, yo seguía paradito ahí con una birrita que me habían arrimado. Piola, sin emitir sonido y acompañando el ritmo con un suave movimiento de cabeza, bracitos cruzados y nada mas. En eso se me arrima un mariachi renegado y me dice:

– ¡Mucho gusto cabrón!, yo soy el Azteca – imagínense ¿Por qué “Azteca”?… si parecía que lo habían inventado para él y nadie más al apodo aquel.

– Mucho gusto Viejo, el Gurkha – le dije con cara de “ojo no me como ninguna ¡eh!”

– Mucho gusto el Guako, ¿así que eres argentino? y cuéntame que haces y blab la bla – le escuchaba balbucear al esclavo arrepentido este.

– Si, soy Argentino y blab la blab la… sarasaasa  pirinnpirnrnn – le respondo sanateando.

Y ya se arrimó otro, me acercaron un wiskacho y ya me pinto el chistoso. Otro prendió un sahumerio y mire al cielo y me dije pa’ mis adentros “¡¡que mal que va a terminar esto tata!!”

Dicho y hecho, termine tocando la viola con tres (si ¡tres!) notas aprendidas al lado de una gordini que tocaba la batería como el mismísimo Tanque de La Renga. Y me pinto el salto y el pogo, me saque una foto con uno, ¡y ahí la cague! No les gusto una chota la parte de hacer publicas o fotografiar la tafies… ¡ayy juna! que se me vino el dueño de casa este y señalándome un cuadro de otro Futre que colgaba de su sala principal me dijo:

– ¡¡El guako!! Aquí fotos no ¡cabron! A nuestro líder no le agradan – me gritoneó señalando el cuadro

– ¡Ya la borre cumpita!, todo bien con usted mister – dije mirando el cuadro y salí pal’ patio mudito. Si me lo decía solo lo estallaba de un piñón, pero debo reconocer que con la jauría infernal de demonios que lo acompañaban poco hubiese aguantado solari.

Pasada la cagada a pedos, la noche transcurrió de lo mejor, obvio que no intente arrimarme a ninguna mina porque parecían ya estar comprometidas con los habitantes de la casa, así que como quería vivir un tiempo más, solo me dedique a beber y a ampliar mi cultura…

No se si por el sahumerio, o por la “ampliación” de la recientemente enunciada cultura, el tema es que no se como, no me pregunten porque, no me explico ni yo, ni me acuerdo, ni atino, ni se que fue que pasó en el impass, en el intervalo, en el recreo… al final termine durmiendo en una habitación desconocida, al lado de una desconocida. O sea que hice todo lo que dije que no debía hacer. ¿Y quien era esa desconocida?, se preguntarán ustedes así como me pregunté yo al levantarme, hasta que mis ojos lograron divisar una foto sobre la mesita de luz de la susodicha donde aparecía a los besos y abrazos con un hombretón oscuro, negro, con cara de Tenochtitlán Martínez…

Fue así que me desperté y con el mayor de los sigilos le dije a mi amigo el cubano Gilberto:

– ¡Cubata y la puta que te parió! ¡me abroche a la señora  del azteca! ¡Rajemos la concha de tu hermana!

Y así salimos corriendo como almas que quieren vivir unos años más con el sol en nuestras espaldas  hacia la libertad.

 

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El año pasado escribíamos:
Las respuestas con cuasi-aforismos más sublimes de Fernando Hidalgo

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