Vecinas en guerra: las enemigas íntimas del barrio

-Alicia, ¿ya están listas las dos partes?

-Están ahí, esperando. ¿Estás nerviosa Lí?

– Y sí, imagínate. Es la primera de muchas mediaciones. Me cago en mí y en la mala leche que tengo de haberme llevado puestas a las dos viejas que se mandaron a cruzar la calle con el semáforo en rojo “porque en la senda peatonal tenemos prioridad”. Estúpidas. Decí que siempre tengo la precaución de tomarme una cerveza antes de manejar, por las dudas, porque mi vieja me enseñó de chiquita: “La precaución es lo primero: cinturón, manejo defensivo, y una birra por si pasa lo peor”. Y zafé de la carátula de homicidio, pero tengo que hacer esta tarea comunitaria de mierda… Bueno, hacelas pasar nomás…

-Buenas tardes.

-Hola, permiso.

-Pasen chicas. Vamos a intentar resolver este asunto de una forma pacífica. Primero va a hablar una y después la otra, no importa el orden pero sí importa que se respeten los turnos. Cuando una habla la otra se calla, si no me va a ser imposible entender el problema. ¿Están listas? Vamos a empezar por la que puso la queja: Cecilia.

-¿Encima que es quejosa le dan prioridad para hablar?

-Sí. ¿Nunca escuchaste decir: “el que no llora no mama”? Cerrá el c… cerrá la puerta y escuchá.

-Está cerrada, doctora.

-Ah, sí… ¡Ejem!  Adelante, Cecilia.

-Resulta que ella vive al lado mío, como usted sabrá, y todo el tiempo tenemos problemas. Esta situación ya no da para más. El otro día tuve que vivir una situación horrible y entendí que no podíamos seguir así, entonces llamé a la Municipalidad y me dieron su teléfono…

-Bien. Pero empezá por el principio. ¿Cómo comenzó esta rivalidad?

-Ella siempre me tuvo envidia, cuando nos compramos el auto, ella mandó al hijo a jugar al fútbol en la calle y hasta que no le pegó un pelotazo en el capó no lo llamó a tomar la leche.

-¡Eso fue un accidente nena! El Mingo siempre jugó a la pelota en la calle. Vos sos la que mandás a tu hija a jugar con sus amigas enfrente de mi ventana cuando quiero dormir la siesta.

-Sí, mirá si la voy a mandar a contar sus cosas a tu ventana para que que vos escuchés y después publiqués en todo el barrio que ya se hizo señorita, yegua.

-¡No te lo voy a permitir! Ese fue el boludo de tu hijo, me dijo el Mingo.

-Desde ya sos flor de forra de haberle puesto Domingo a tu propio hijo. Mirá que hay que ser hija de puta, me tendría que haber percatado de esto apenas llegamos a casa y jamás te hubiera dirigido la palabra, ni yo ni mis hijos…

-El burro por delante…

-¡Qué burro ni burro! La que se casó con el más burro de Mendoza sos vos, Amalia.

-Sí, como un burro la tiene, así de grande.

-Jajajaja ¡cómo te miente querida! Cuando me lo cogí ni me di cuenta… pero lo disfruté igual, pensando en la cara que ibas a poner cuando te enteraras.

-¿Y qué cara voy a poner si es mentira? Mi marido será medio ojo alegre pero si hay algo que no es, es ser zoofílico, y vos sos una cerda inmunda.

-Y vos ya sos todo un venado, orgullosa de tus cuernos.

-Orgullosa de mi concha, que el verdulero nunca ha conocido…

-No sabés de lo que te perdés, Amalia. El tipo sabe unas cosas que…

-¡Pero es feo!

-Y qué, ¿pensás comértelo con la luz prendida? ¿Has visto el lomo que tiene? Eso es lo que una palpa, querida, o acaso te vas a hacer la Topacio y le vas a andar tocando la cara…

-Jejejeje, ¡tarada! Yo cuando le compro le miro los brazos de marinero… En eso tenés razón, la cara no se la miro desde el 2006.

-Pero no es nada cómo se ven los brazos, sino ¡cómo los usa! Uf, te agarra como si fueras un cajón de acelga y te estampa contra la pared… ¡Dios! Y es más fácil que la tabla del uno. Tiene una especie de contraseña para acceder. Vos le decís: “¿no tendrás la mejor verdura guardada en el fondo, no?”  Y si te hace pasar para el fondo, ¡¡¡sos boleta!!!

-Me da culpa mi marido…

-¡Pero no sabés cómo te va a salvar el matrimonio! Vas a dejar de culparlo por no sentirte linda y satisfecha. Vas a empezar a arreglarte y a tener buena onda. Te va a importar un corno si no te acompaña al súper.

-¿Escuchás todo lo que discuto con mi marido?

-No, nena… Son problemas que todas tenemos. Doctora, ¿no es así?

-Sí… Díganme una cosa: si ustedes tienen que cruzar una calle por la senda peatonal, ¿se fijan que el semáforo esté en verde? ¿O cruzan igual porque tienen prioridad?

-¿Qué tal, Cecilia, si nos vamos a tomar un helado, y te sigo contando del Chalo y su repertorio de maravillas?

-¿Pero no tenés problemas de que lo encare yo? ¿No te darían celos?

-Bah, yo ya no quiero saber más nada con él. No me quiere fiar más y le debo un toco de guita. Ya fue. Chau doctora, muchas gracias por todo…

-Un placer. ¡Alicia! Ahora que se fueron estas locas, ¿me podés mandar una puta vida para el Candy?

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