Volver a ser soltero y morir en el intento

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El amor es el sentimiento más hermoso que podés experimentar. Estar con una persona que amas te hace sentir en el aire. Estás embobado, no pensás más que en el otro, haces planes, pensás en un futuro con esa persona y todas las demás boludeces que flasheas cuando estás enamorado. ¿Pero, porque? Porque el amor es magiqueee…

Pero un día el amor se acaba, por la razón que sea, y sin darte cuenta volvés a ser soltero, algo que creías olvidado y lejano, y de repente tenés un montón de tiempo para vos y te cae la ficha que tenés que organizar tu vida de nuevo.

Los primeros días son complicados: haces campamento en tu habitación y no salís de ahí. Tu vieja te pasa la comida por una rendija como un preso y si pudieses, te llevarías hasta el inodoro ahí. No tenés ganas de nada, te matas escuchando música triste como un mártir. Le entras a Sin Bandera y Camilla sin asco, aunque en tus días normales escuches AC/DC. En suma un pelotudo a pilas.

Y llega el fin de semana y tus amigos te quieren sacar del antro en el que vivís, y entre las cajas de pizza y las botellas de vodka, te rescatan en tu peor estado. Obviamente te dejaste estar, tenés una barba como la de Gandalf y el mismo jogging hace una semana. Te acicalas un poco y salís al boliche con la esperanza de salir de la peor.

Llegas y a la media hora te clavaste 3 botellas de vino y estás parado como una planta depresiva. Quizás en un momento de la noche te activas, pero obviamente perdiste mucho training con el chamuyo, seguís haciendo las 3 preguntas fundamentales (¿cómo te llamas?,¿cuantos años tenés?,¿estudias o trabajas?) y te comes 70 cortadas de rostro por loser. Al final de la noche te escabias mal y te convertís en el buitre que tenías escondido hace rato, pajero y libidinoso y haces que las minas huyan despavoridas. El resultado: un pedo cósmico producto de la depresión y tus nulas chances de agarrar algo, que termina en mensajes a tu ex y tus amigos sacándote del boliche balbuceando como Maradona.

Pasas unos días más hasta que decidís activar. Te das cuenta que sos un “pantriste” y querés volver a ser el de antes. Como tenés bocha de tiempo libre y plata que antes no tenías, querés retomar el gimnasio, agarrar ese instrumento musical que abandonaste por tu novia y lustras los botines para el fulbo de los miercoles. Sos el Loco Palermo cuando volvió de la lesión, querés hacer mil cosas, como si recién salieras del penal de Boulogne Sur Mer.

Eso de tu casa para afuera, porque cuando te quedas solo te pega el bajón melanchoto y volvés a caer en la peor. No te das cuenta, pero empezas a escabiar a la tarde, un porrón, dos porrones, un tinto. Abrís el ron cubano que te trajo un amigo que fue de vacaciones, y terminas re borracho un martes a la noche viendo porno a 3 motores y llorando en un rincón hecho bolita.

Te despertas al otro día hecho mierda, metes una excusa chota para faltar al laburo y te sentas a pensar en frío. Querés reaacionar. Te decís a vos mismo que podes. Pero esa misma tarde te escabiaste de nuevo y te gastaste todo el sueldo en putas VIP, las invitaste un choripan y encima te robaron la play que te compraste hace dos meses aprovechando tu estado de ebriedad. Sabes que tocaste fondo, y no podes seguir así.

Decidís que tenés que hacer algo, y lo básico es eliminar todo aquello que te haga acordar a tu ex. Arrancas borrando las fotos de facebook y puteas a 3 motores por haberte sacado tanta foto pelotuda en cada lugar a donde fuiste. Eso y borrar a los padres, a la tía que jodía con que se casaran y todos los parientes que agregaste para caer bien. Perdiste 3 días, pero diste un gran paso para arrancar de cero.

Apelas a la frase «un clavo saca a otro clavo» y después de sacarle las telarañas, agarras tu agenda de mujeres gauchitas para salir del bajón. Haces 20 llamados y la mayoría están casadas y con 3 pibes o se repiten situaciones como la siguiente:

-Hola soy Dionisio, ¿te acordás de mí?

-Ah, el boludo que me dejo de llamar…

O la más moderna:

-Ah, el choto que la novia le borra los contactos del facebook…

Y si, esos gatos hermosos que te garchaban como nadie y que dejaste de lado porque creías que no ibas a volver a estar soltero, te cortan la volada por boludo y pollerudo.

Pero tenés un as bajo la manga: te acordaste de «la Gisela», la peterita hermosa de Las Heras que conociste en Picasso y que te hizo vivir las mejores noches de placer de tu vida. Todo lo que soñabas te lo cumplió la Gise. Ni la pensás, agarras el teléfono y la llamas, y ella, dispuesta como siempre, accede a verse el día siguiente. No querés perder el tiempo, por lo que la Gise cae directamente a tu depto, y vos preparas todo para una noche salvaje. Muy mal de tu parte, porque cuando la piba aparece te querés matar: pasada por arriba por el paso de los años, con 30 kilos más producto de una dieta a base de choripan y asado de tira, la Gise no se parece a aquella turrita de flequillo, cinturita perfecta y tetas redonditas y paradas, sino más bien al hipopótamo de Madagascar. Te haces el boludo y le decís que se equivocó de depto, cerras con llave y llamas a la policía por la dudas que vuelva. Terminas matándote a pajas con una revista Paparazzi del año 97 y deseando que la Gisela no vuelva con sus primos tumberos a cagarte a corchazos.

Has tocado fondo, y lo único que se puede hacer acá es subir. Te despegas la Paparazzi de la mano y salís convencido de que ya fue. Pones un disco de los Ramones y revoleas a la pija los de Sin Bandera, agarras las fotos y recuerdos y haces una fogata en el patio cosa de no tener motivos para pensar en ella, y bailas alrededor del fuego como un indígena. Terminas satisfecho, salvo porque quemaste una reposera y al perro que se acercó a ver que mierda pasaba. Pero ya está, te liberaste de una vez. Te pones a pensar todo el tiempo que perdiste estando para la pija, y lo choto que fuiste. Lo superaste campeón.

Pero sin querer, en el supermercado te cruzaste con esas piernas talladas a mano y esa sonrisa perfecta. Y si, volvés a caer en el amor. Porque si hay algo que no tiene fin, es la estupidez humana señores. Que víva el amor Pisculichi.

 

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