/Como evitar que una mina poco agraciada pierda su dignidad

Como evitar que una mina poco agraciada pierda su dignidad

Todos conocemos el estándar de belleza impuesto por la sociedad en nuestros días. Flaca, divina, bien proporcionada, tetas y culo parado, cara divina. O sea que si medianamente no encajás en las tendencias actuales, sos una looser sin remedio.

Tal vez sos bien fea o por ahí venís con el salvavidas puesto, y te chupa tres huevos clavarte cinco fernet por noche, ya que te pasás por el centro del ojete que tenga 500 calorías por vaso. El problema es que las gordas, feas, escuálidas, petisas y demás yerbas, también tenemos derecho a vivir.  Y por supuesto que tenemos que salir en sociedad. Y aunque nos hagamos las superadas, somos mujeres, la concha de la lora, aunque tengas que pedirme el DNI para darte cuenta.

En mi caso, donde tengo una belleza “no socialmente aceptada”, ya me he cansado de que todos me digan “Ay no seas tonta”,  “Si sos bella” o el tan odiado  “Lo que importa es lo de adentro”.  ¿Quién mierda se fija al principio en “lo de adentro”? Nada más que vos cuando te estás clavando un pollo relleno. Vivimos en un mundo superficial, vaya si lo sabremos las repudiadas. Y si no que lo nieguen cuando te quedás sola en el boliche porque todas tus lindas amigas levantaron y vos, porque estás re jugada de belleza, te quedás con cara de póker chupeteando ron con coca y pensando en morirte ahí mismo. A los tipos les pasa lo mismo, seguramente.

Pero, en fin, mi abuela decía “Si no existieran los malos gustos no se venderían las malas telas” y “A todo chancho le llega su San Martín” (Frase que nunca entendí, pero quiere decir que aunque seas cerdo alguno te va a clavar algún día)

Gustos hay para todos y algo algún día te caerá, no importa que tan fea seas. Siempre tenés tu gran simpatía, inteligencia o padre millonario. Mal de muchas, consuelo de tontas.

Lo que sí, vengo, como un exponente de la belleza exótica, a dejarles algunos consejitos para todas mis amigas no convencionales:

– Siempre te encontrarás con tu abuela/tía/madre que, al verte la busarda de Toti Ciliberto, te dirá: “Ponete esta fajita que te sostenga”. Craso error, podés ser virgen hasta los 50 de lo incogible que sos, pero es seguro que esa noche, la terminás poniendo. Onda Bridget Jones. Otra cosa que puede pasar es que la prenda íntima sea de color blanco brillante y con la luz negra del boliche se te note el pañal a la distancia. Tratá, si te la ponés, que sea de color beige, bien de abuela. Tené en claro que cuando te tengas que poner en pelotas, como una catarata, se desbordará la grasita corporal por delante y por los costados. Mejor, que sepa de entrada con lo que se va a encontrar, no?

– A la hora de una fiesta importante, caemos en la tentación de ponernos uñas y pestañas postizas, clavarnos el autobronceante en spray que te deja anaranjada Closs y el tan fatal Cancan reductor. Esta prenda del demonio es tu peor enemigo, no te engañes. Primero, para meterte adentro tenés que ser una especie de contorsionista ruso, cosa que no va a pasar jamás en tu vida. Una vez logrado esto, no podés respirar, te corta la circulación con cada paso que das. Terrible. Ni les cuento si te dan ganas de mear. Me pasó una vez. Llegar con lo justo a largar el chorro y, cuando quise volver el cancan a que me sostenga los cantos, le clavé la uña y le hice un agujero del tamaño de un CD. Imaginense un culo importante firmemente sostenido, duro, en su lugar gracias a las medias. Y en el costado emergiendo como Godzilla en New York, saliendo por el agujero, un pedazo de culo atorado, como un tumor gigante escapándose, respirando por ahí, diciendo “Acá estoy, soy el orto original reprimido por esta yegua que no quiso aceptar su calidad de gorda orgullosa”

– Los tacos altos son nuestra debilidad. Son bellos, preciosos, se ven divinos. Pero hay que saber caminar con ellos, la puta que las parió. Parecen una manzana acaramelada con un palo en el medio del ojete. Se les nota el sufrimiento, el empeine pide a gritos unas alpargatas. Más si, con una mano en el corazón, sabemos que pesamos más de la media promedio y se nos están reventando las rodillas. Parecemos unas albóndigas haciendo malabares arriba de siete centímetros de altura. Más desagradable a la vista, imposible.  Aguanten las balerinas y las sandalias bajas, carajo.

– Cosa más mal usada en el mundo que el corrector de ojeras no he visto jamás. Qué cosa espantosa son los granos, por Dios. Pero abusar del corrector es mil veces peor. Ni les cuento las que lo usan de “iluminador” debajo de los ojos. Si, la verdad que podrían iluminar la ciudad entera con esos lamparones. Madre mía, calmémonos.

Buenos, mis feuchas, las dejo con esta frase “Apagando el candil, guapas y feas van por el mismo carril”, para no decirles que de noche todos los gatos son pardos. Miau.

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