Crisis bolichera: la vuelta gloriosa al bailongo

Como ya les conté en mi anterior best-seller “Crisis bolichera: Cuando ya no hay ganas de ir a bailar”   es muy común encontrarnos  en una situación de crisis bailantera en nuestros días jóvenes.

Ya te paso a vos, a mí, a tus amigos, a tus viejos, al trolo que atiende la peluquería de tu esquina y a todos los que estaban acostumbrados a salir a menear la burra por los chebolis mendocinos…

Nos gano la paja.

No lo neguemos.

Es cierto que en estos tiempos que decidimos alejarnos de los tugurios mendocinos en busca de otras alternativas, hemos madurado en nuestra forma de ver el mundo…

Esta sequia de salidas a lugares mal ventilados, con luces mata-epilépticos y tragos que son puro hielo, nos ha permitido evidenciar ciertos aspectos de nuestra vida cotidiana que han cambiado ligeramente por nuestra falta de gira pachanguera.

Para ello entrevistamos a 200 personas y 10 sanjuaninos, que dejaron sus hábitos nocturnos de discoteca en los últimos meses.

Estos fueron los resultados obtenidos:

  • Económicamente, pudimos verificar que las salidas “tranqui” de  fin de semana no  dejaron en bancarrota a los entrevistados.  Llegamos a la conclusión que el combo “Nafta, trapito, entrada, trago” nos estaba dejando en la lona financiera cada vez que íbamos a bailar, obligándonos a morfar polenta y arroz por el resto de la semana.
  • Sexualmente, pudimos comprobar una bajada importante en la incidencia de cogidas por mes. Los entrevistados refirieron que sus encuentros sexuales se habían disminuido considerablemente, o como uno de ellos dijo “Hace 2 meses que no le pego un vergazo al quirquincho”.
  • Políticamente, ante la falta de sexo, varios de los entrevistados decidieron comenzar a militar en algún partido de su gusto. Comprobamos científicamente que mientras más al pedo y menos sexualmente activo se encontraban los entrevistados, más triunfo tenían en sus respectivos bandos políticos.
  •  En materia de ocio, los entrevistados refirieron estar más aburridos que de costumbre, comenzando a hacer cosas nuevas como Reiki, Astrología, Yoga, y demás actividades incogibles.  
  • En materia de salud, los entrevistados comentaron en su amplia mayoría que ante el sonido de una canción de boliche dejaban de hacer la actividad que estaban haciendo y se ponían a bailar. Todos refirieron que hasta que no se terminara la canción no podían dejar de menear. “No se puede controlar” decían. Ninguno de los entrevistados sufrió lesiones mayores por este movimiento incontrolable, excepto un entrevistado de La Consulta que quedo paralitico de la cintura hacia abajo cuando tuvo la mala suerte  de que en la radio de su consultorio médico pasaron la canción “Yo te paro el taxi” mientras le hacían un examen de próstata. 
  •  Deportivamente, la Lepra sigue siendo una desgracia.

Finalmente, el dato más importante que demostró el estudio fue el siguiente:

Todos los entrevistados después de meses de abstinencia sexual y cuentas bancarias rebalsadas, decían que querían volver a ir a sus respectivos templos de la noche.

Algunos comentarios que evidenciaron esto fueron:

“Si, ya me tome un descanso largo, y tengo muchas ganas de ir a bailar”

Angélica, 24, Barrio Bombal.

“Yo y mis amigas nos pudrimos de no hacer nada los findes, ¡queremos volver a sacudir la pantufla!”

Sabrina, 22, Villanueva. 

“Déjenme volver al boliche por favor, no la he puesto hace meses. Me va a agarrar un coma láctico en cualquier momento”

Gustavo, 27, La parte oscura del centro.

Entonces, queridos amigos, llegamos a la conclusión de que al boliche por más desprecio que le podamos tener, es una parte integral de nuestra vida como mendocinos.

Estamos en invierno, hace frio, hay vagancia, todo está caro… Pero hace falta volver. Hace falta vivir de vuelta la transpiración y la locura de una buena noche.

Por eso, amigos y amigas, hemos encontrado la luz al final del túnel.

El retorno a tirar pasos.

El regreso al santuario bailotero.

La vuelta  gloriosa al boliche mendocino.

Este fin de semanas estas libre. Ya está la previa organizada, la gente prendida, los free en la mesa, el alcohol servido y las ganas intactas. Al otro día podes dormir hasta tarde, ya hay conductor designado y onda con los patovas.

Es la noche ideal. La noche perfecta.

Nos sacamos la vagancia y ya estamos listos. Eso hacía falta, una noche servida en bandeja de plata. Una noche en que nada quedara a la suerte.

Entramos victoriosos por la puerta y miramos lo que solía ser un campo conocido. Con una sonrisa, nos preparamos para el combate.

Peleamos como demonios danzarinos, y redimimos a nuestras caderas al paso de la canción de fondo. Era la alegría casi olvidada de volver a romper la discoteca. El éxtasis de sacudir la burra sin límite alguno.

Y regresamos, guerreros y victoriosos a nuestras casas a las 7 de la matina. Con las billeteras vacías, los zapatos sucios y nuestra alma feliz.

Lo dijimos. Vamos a volver al boliche.

Y seremos millones…