El cuento del gato tuerto

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Una vez que aceptamos nuestros límites, somos capaces de trascenderlos

Albert Einstein.

 

Las dos hermanas se bajaron del auto sin mucho apuro. El mismo, estaba perfectamente estacionado al lado del Banco Nación de la Calle Gutiérrez. Se aseguraron de que quedara bien cerrado y  caminaron hacia la avenida San Martín.

Sin perder el tiempo, hicieron el codo de la misma, y se encontraron unos cuantos pasos después con su destino.

?Hola chicas, ¿Buscan un perrito?? dijo una señora mayor sentada frente a la vidriera del banco. A su alrededor habían otras 2 personas y varios perros y gatos que estaban tranquilamente acostados sobre la vereda.

La gente que se paseaba por el centro en esa tarde gris, disfrutaba viendo a los animales, acercándose bastante seguido a acariciarlos y a charlar con las personas que buscaban regalarlos.

?Hola? respondió la hermana mayor?Sí, en realidad, estamos buscando un animalito para regalarle a nuestro hermano más chico…

?Cumple 10 años mañana- agregó la hermana menor

La mujer mayor se quedó pensativa.

?Y este niño que ustedes me dicen… ¿Es bueno con los animales?

?Sí, es un amor, siempre quiso tener uno. A nosotras nunca nos gustó la idea de tener bichos en la casa, pero le vamos a cumplir el deseo?dijo la menor

?Pero? interrumpió la mayor ?No tiene que tener mucho tamaño. Nuestro papa nos pidió por favor que no fuera muy grande.

La mujer se quedo pensativa nuevamente.

?Ustedes fíjense, se pueden llevar el animal que quieran. El que les guste? dijo la mujer con un tono intranquilo ?Pero, tengo un animal en especial, que quizá les interesaría ver. Necesita mucho amor, porque no la ha pasado bien. Y les puedo dar fé de que va a ser chiquito.

Las hermanas asintieron, como si la respuesta positiva a esa oferta fuera obvia.

La señora, viendo este gesto, sonrió y se dio vuelta. Camino un par de pasos y saco de una jaula que estaba apoyada contra la pared a un pequeño ser de colores varios. Lo trajo en sus brazos como si fuera un bebe recién nacido y se lo mostro a las hermanas.

Las mismas lo observaron y se miraron entre ellas. La decisión que en un principio parecía muy fácil, se torno bastante más compleja.

Llegaron a la casa y se bajaron del auto. Se pararon frente a la puerta antes de entrar, como si supieran que estaban por afrontar un evento complicado. La hermana menor, que traía la caja con la criatura la apoyo en el suelo.

?No creo que le vaya a gustar.

?Yo creo que si, tengámosle fe.

?Es que…

?Haceme caso, no se lo va a tomar mal. Tengo una intuición muy buena para estas cosas? dijo la mayor mientras miraba el cielo ?Mejor entremos, que se está por largar a llover.

Abrieron la puerta. Como era de esperarse, el niño estaba esperando en el hall de la entrada impaciente. No cabía de emoción.

? ¿Qué me trajeron? ¿Qué me trajeron? ?Gritaba con ansias el chico.

La hermana menor se puso en cuclillas y saco al animal de la caja.

? ¿Un gato? ¡Qué bien!

El niño tomo al felino con sus manos y lo miró a la cara. La expresión del chico paso rápidamente de la euforia a la duda.

? ¿Un gato tuerto?

?Sí, Joaquín, la mujer que nos los dio dijo que necesitaba un dueño que le diera mucho amor, porque sus anteriores dueños lo trataron muy mal ?dijo la mayor con la voz más dulce posible.

?Pero, ¡Es tuerto!, ¡les pedí que trajeran cualquier mascota pero no una rota!

El chico dejo al felino en el suelo.

?Joaquín…

?¡No! ¿Me están cargando ustedes?…

El niño se cruzo de brazos donde estaba sentado y mirando al suelo con gran enojo. Era claro que no quería hablar, y no se sentía feliz con nada de lo que estaba pasando.

Las hermanas se miraron de nuevo. La mayor suspiro profundamente.

Pasadas unas horas, ambas estaban en la cocina, observando al felino que caminaba hacia todos lados.

?¿Qué hacemos con el gato? ?Rompió el silencio la menor.

?Mañana lo devolvemos. Está lloviendo bastante afuera y no quiero salir ahora.

? ¿Lo dejamos adentro de la casa?

?Sí, deja que estire las patas un poco, no creo que haga nada malo.

De repente, se dieron cuenta que en la distracción de la conversación el gato se había ido de la cocina.

El niño estaba acostado en su cama viendo dibujos animados, aún enojado.

Desvió por un momento la vista a la entrada de la habitación y vio al felino mirándolo con curiosidad.

El niño apagó el televisor y se sentó al costado derecho de la cama, que era el que daba frente a la puerta.

? ¿Qué miras? ¿No te das cuenta que no sos normal? ?Dijo el chico.

El gato se acercó hasta estar frente al niño.

? ¿No te das cuenta que todos los otros gatos te van a mirar raro? ¿Que nunca vas a poder ser como ellos?

En un movimiento sorpresivo el gato salto al regazo del niño. Y desde ese lugar se quedo observando al chico, como si escuchara y entendiera lo que él decía.

El muchacho lo miró y su enojo se fue perdiendo con la mirada del felino que yacía felizmente sentado.

La hermana menor al escuchar a su hermano hablando, asomó la cabeza por la puerta de la cocina, pudiendo ver lo que sucedía en su dormitorio y llamó a la mayor.

?Parece que tu instinto no estaba tan mal? le dijo la menor a la mayor al momento que esta se incorporaba para ver la situación que se vivía en la habitación.

El niño seguía mirando al gato. Su enojo había pasado, y estaba sumiso en su visión.

Se dio cuenta, que a pesar de tener un solo ojo, el felino tenía una mirada profunda y llena de curiosidad, y que su cara nunca daba una sensación de imperfección, sino de alegría.

­?Siempre te va a faltar un ojo… ? dijo el chico con un tono emocional? Pero a vos no te importa ¿no?

El niño suspiró fuertemente, y se le escapó una lágrima.

?Vos sos feliz igual.

El gato pareció haber entendido lo que acababa de decirle el chico y amasó su cabeza por la mano del mismo. Su expresión de felicidad seguía intacta. El niño respondió acariciando a su nueva mascota.

Un rayo de luz se asomo por el ventanal que daba al patio en el otro lado de la habitación, indicando que la lluvia ya había pasado. El gato lo noto. Se movió del regazo del chico, bajó de la cama y camino con tranquilidad hacia la puerta. Se dio vuelta y miró a su dueño, como si estuviera esperando que el viniera a acompañarlo.

? ¿Queres  conocer el patio? Ahí voy ?dijo el niño, dibujando una sonrisa en su cara.

Paso  a sentarse al otro lado de la cama.

Antes de ir hacia la puerta, tomo la muleta que reposaba en su mesita de luz, y que usaba para compensar la falta de su pierna derecha, la cual se le fue amputada desde muy chico.

Se fue al patio a jugar con su nueva mascota, que con los años se convertiría en un gran amigo.

Un amigo que con su alegría de siempre, le enseño, que no importan las limitaciones que nos ponga la vida, solo importa que nosotros no le pongamos una limitación a ser feliz.

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