El síndrome de la gorda adelgazada – parte 2

Hace unos días escribí una nota acerca de las minas que han sido gordas y por cualquier razón, se convierten en flacas. Me basé en mi experiencia con este tipo de personas, como todas mis notas. Es lo que pasa, de verdad. En realidad no buscaba ofender a nadie, ya que yo misma soy obesa mórbida, y casualmente, por interactuar con estas mujeres con nueva personalidad es que me di cuenta que tiene características comunes. Y eso puse en la nota, obviamente que exagerado, como todo lo que pasa en el Mendolotudo. Pero con la cuota de razón indiscutible de este tipo de escritos. Le guste a quien le guste.

Me parece curioso que haya saltado un grupo de operadas bariátricas a putearme en 28 idiomas, amenazarme a mí, a Bomur y a todo el Mendolotudo, indignadísimas por la nota. Enojadas, con una especie de lucha social por bandera “No te metás con los gordos” dijeron.

¡Qué lindo que su defensa de las personas que padecen obesidad sea detrás de una computadora! Puteando a una mina que escribe una nota, ni siquiera ofendiéndolas porque, preguntale a tu marido si no estás más agrandada que calzón de gorda (casualmente) desde que adelgazaste.

Esto yo no digo que está mal, es entendible. Así  seré yo si alguna vez logro adelgazar. Eso que nadie lo discuta. Nadie más que yo sabe del esfuerzo supremo que conlleva y los numerosos fracasos de querer encajar en esta sociedad del carajo y que te salga mal. Brindo por las que pudieron y realmente me alegra. Como gorda no hay resentimientos, ni broncas ni envidias por las que pueden salir de este suplicio.

Lo que si me molesta de ustedes, queridas amigas, es que cuando en la secundaria eran el chivo expiatorio de todo el mundo, se quedaron calladas.

Cuando todos en la calle les gritaban “GORDAAAAA”, se quedaron calladas.

Cuando tu vieja, abuela, tía o cualquiera te decía con cara de lástima “Ay tendrías que comer un poquito menos”, se quedaron calladas.

Cuando la que atendía la tienda te miró con cara de desprecio y te dijo “Para vos no hay talle”, te quedaste callada.

Cuando todo el mundo se te cagó de la risa por gorda, te quedaste callada.

Cuando fuiste a un empleo, altamente calificada y contrataron a la culo parado que no sabía ni leer, te quedaste callada.

Cuando pasabas en el boliche y susurraban “Mirá la gorda” seguida de risotadas burlescas, te quedaste callada.

Cuando sentías permanentemente la frase “Si fueras más flaca, serías re linda”, te quedaste callada.

Cuando te dio vergüenza comer a tus anchas en algún evento “Porque sos gorda y todos te van a mirar”, te quedaste callada.

Y lloraste. Y sufriste. Y puteaste porque si querías usar falda te paspabas. Y porque te atorabas de comida y después te sentías mal. Porque viste a todas tus amigas flacas ser exitosas en sus relaciones, con mil novios y pretendientes y vos abrazada a un pote de helado, consolándote con que “Lo que importa es lo de adentro”

En todos esos casos, te quedaste callada. ¿Y sabés qué es lo más lindo? Que por todo esto, en una especie de agradecimiento a tantos años de desprecio y discriminación social, te hiciste daño al cuerpo con pastillas, con semillas en las orejas, vomitando o con la dieta de la luna. Hasta que decidiste, por aceptación social, operarte. Sí. Fue por eso. Yo soy gorda y me muero por operarme. Vayan con el cuento de la salud a otro. Sabemos todos que es por eso. Es para poder salir por la calle hecha una diosa y que nadie te diga nada, no pasar vergüenza en los boliches o en cualquier lugar siendo un armatoste enorme. En fin, para agradarle a los mismos que te trataron como basura y te desvalorizaron a más no poder.

A esa gente, que te traumó psicológicamente, es a la que ahora tratás bien. Al culiadito que ahora te da bola, vas con una sonrisa de oreja a oreja pavonéandote. Subiendo fotos en bikini o del antes y después para que todo el mundo vea y se admire, y te largue piropos. Es totalmente entendible, merecido se lo tienen. Siéntanse orgullosas del logro, que debe costar una barbaridad.

Ahora, se rasgan las vestiduras y alzan la voz en defensa de los gordos. Ahora, que ya no lo son. Salen con sus minifaldas y bikinis, claro, porque ahora ya no tienen más vergüenza. Porque, en realidad, antes nunca lo hicieron porque están íntimamente convencidas de que ser gordo está mal. Es una vergüenza. He ahí el lei motiv de su decisión quirúrgica. Ustedes no defienden a los gordos y a lo que representan y sienten. Lo único que defienden es su ego nuevo recién adquirido, queriéndolo salvaguardarlo de cualquiera que ose cuestionárselos. Nada más.

Salgan en bolas, pónganse de novias, entren sin vergüenza a todos los lugares, enorgullézcanse de lo que son. Y de lo que fueron también.

De eso se trataba una pobre nota, que pretendía que abrieran un poco los ojos y se vieran con los ojos que los ven los demás. No sean hipócritas. Motiven desde el ejemplo, no desde un grupo de mierda de Facebook.

Apoyen a las que somos gordas. Luchen por que se cumpla la ley de talles, defiendan la ley de Diabetes, que los asientos de cine y de avión no sean diminutos, y que dejen de gritarnos gordas por las calles Acepten que tuvieron un cambio psicológico importante.

No se olviden de lo que lo fueron. Yo, como me cago en todo el mundo y me chupa un huevo decírselos en la jeta, les escribí eso. Nadie se los va a decir en la cara, porque las quieren y eso significaría que se ataquen como ya está demostrado.

Me da vergüenza que traten de defender a los gordos tan vehementemente por esta nota de mierda. Hagan otras cosas verdaderamente importantes, reconozcan en el fondo de su corazón y sin decirle a nadie, que tiene algo de razón la nota.

Ahora que han comprobado que no todo es miel sobre hojuelas y que les cuesta un huevo mantenerse, y que el cambio de hábito es muy difícil de llevar, eduquen, enseñen, pregonen con el ejemplo. Fórmennos a las gordas, prepárennos para lo que viene. ¿No es fácil, verdad? Saber que te desbarrancás un poquito y volvés a la vida de mierda que tenías. Cada bocado es un martirio, porque el cambio a largo plazo de hábitos te lo pasaste por el ojete, lo que te importaba era “Estar flaca” y nada más. El sueño de todas.

Dejense de ser tan boludas, en serio. Y agradezco profundamente a todas mis amigas bariátricas y a las que no lo son, porque se cagaron de la risa y siguieron de largo. Esas, las verdaderas ganadoras de todo esto, aprendieron a reírse de sí mismas y a ser un poquito más felices. Para ellas mi verdadera admiración.

 

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