Historia de un San Valentín

Despierta querida, hoy me he levantado temprano, pensando en ti, como de costumbre, te he preparado el desayuno, las rosas que están en las mesa son para vos, rosas rojas, como las que a ti te gustan.

Hoy estas mas hermosa que de costumbre, no has cambiado nada, tu sonrisa y tu mirada siguen siendo mágicas.

Hoy me harás compañía en cada segundo de mi día, nuestro San Valentín es largo, y aunque esto antes no se festejaba, y aunque cada día de mi vida te amo y pienso en ti, esta era una ocasión ideal para esta enésima cita.

Viejita, siéntate a mi lado en el sillón, has ese silencio al que me tienes acostumbrado y miremos juntos películas de amor, de esas de nuestras épocas, donde no hacia falta desnudarse para amarse.

Bailemos al son de la música de fondo, si escuchas bien y recuerdas mejor, es la música que sonaba el día que nos conocimos.

¿Te acuerdas el día en que pedí tu mano? ¿recuerdas que al principio tu padre no me quería?

Como olvidar esa tarde lluviosa que dimos el si, si pareciera que el cielo lloraba a la par de tu emoción, yo también moría de emoción pero antes eramos unos tipos muy boludos, y llorar era sinónimo de poco hombría.

Mi amor, gracias por ser mi compañera, mi mejor amiga, mi guía y mi hombro por tantos años, gracias por los hijos y hasta por ese nieto hermoso que tenemos, hay tanto que tengo para agradecerte que se me acabaría este día especial y no habría terminado.

Me encanta salir a pasear contigo, mirando tu belleza la que juega una pulseada eterna con el paisaje del lago, un lago que se ha resignado a obtener siempre el segundo lugar.

Si este banco hablara, las de charlas y secretos que tendría para contar, si hasta muchas veces vengo solo y hablo en silencio de todos lo pesares de esta vida, pero me voy con la frente en alto, con la sonrisa de disfrutar todo lo que Dios me dio, y entre eso, lo mas importante sos vos viejita.

La cena está servida, tu copa llena, hoy he cocinado tu comida preferida, ravioles vieja, pero te aclaro que son comprados, los caseros no me salen como a vos, aparte tenes que tener en cuenta que pase muchos años de mi vida sin la necesidad de aprender a cocinar.

El vino es del común, hubiese comprado el más caro, pero vos siempre me enseñaste que en lo común se puede encontrar cosas hermosas, que no vale la pena aparentar ni ostentar con lo perfecto, cuando lo que realmente importa es la compañía.

El día llega a su fin, solo te pido un ultimo deseo, un beso mágico en mi mejilla, uno de esos que me das cada noche, y algo más, que esta noche te duermas en mis brazos, para extrañarte menos.

¿Ya te dormiste?¿ si?

Entonces puedo llorar tranquilo, llorar porque hace seis años que faltas en mi vida.

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