A la memoria de tu cuerpo

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La memoria es algo que todos poseemos, nuestro disco duro, el que guarda los recuerdos bonitos y los feos, los besos, las caricias, los golpes, las risas, el llanto… todo queda en la memoria, incluso los cuerpos.

Suena banal y frívolo lo que digo, pero quien este libre de pecado que tire la primera piedra. ¿A quien no le ha pasado de recordar a la perfección un cuerpo ajeno donde alguna noche amó hasta que no ardieron las velas, donde dejaste los mejores besos que diste, esos cuerpos que te dieron grandes momentos de buen sexo, el cuerpo femenino, ese templo, ese manantial de placer?… nada más perfecto que el cuerpo de una mujer. En este caso en particular, el de mi mujer.

Siempre he sostenido que tanto Dios como el Diablo habitan en el cuerpo de una mina. Dios cuando es la mujer que amas, la que te espera todas las noches, la que alberga en su vientre a tus hijos y vas viendo crecer su panza, cuando duerme a tu lado, cuando la extrañas como la puta que lo parió. Y el Diablo cuando es la mina que te caga la vida, la que no podes olvidar, la que te llama a la hora que sea y lo primero que se te viene a la memoria son esas curvas perfectas, esa cola de manzana, esos pechos de durazno, parece una ensalada de fruta infernal, pero es que no quiero recaer en etiquetas conocidas recordando un cuerpo desconocido en los recodos de mi mente. Esos cuerpos a los que nunca le podes decir que “no”, aunque te vayas a mandar una cagada enorme… vas igual.

A todos alguna vez nos paso. Hoy yo hablo de la parte donde Dios habita y es que por diferentes motivos, la distancia hace que no pueda tener a mi lado todos los días a la mujer que amo. La memoria que no tiene tiempo para traerte un recuerdo, generalmente se pone más hija de puta en la noche, cuando vas a descansar y te sobra un lado de la cama, lado que desearías con la vida que este ocupado por ese cuerpo, te sobran palabras, te sobran recuerdos, te sobran brazos, besos, caricias… te falta ella. Me falta ella.

A veces, cuando me pongo de lado para dormir, la busco, busco el lunar en la parte posterior de su pierna derecha, sobre el final de su gloriosa espalda… ahí donde empieza algo mucho más glorioso. Busco al lunar sobre el lado de su corazón, fue el que me marco el punto donde debía enamorarla, busco su tatuaje en la pelvis y recuerdo que mis labios también tatuaron ahí, su pelo ondulado, su mano sobre mi pecho, el aro sobre su plano abdomen junto a esos paréntesis que se forman al costado de su ombligo donde yo he escrito cuanto la amo con el dibujo de mis dedos… el despertar y que aún este ahí.

Todo el mundo habla de lo que va por dentro, que lo de afuera se arruga, que no es importante y es una de las mentiras más grandes que escuche en mi vida. Siempre hay algo que es pura y exclusivamente físico que te atrae, lo que si es cierto es que todos tenemos gustos distintos y suena frío y mundano, pero es así. Por eso vas a ver cientos de parejas disparejas, pero no es que lo de afuera no importe, es lo que a cada uno le importa lo que hace a la diversificación de las relaciones.

Cada uno sabe donde encontrar la paz en el cuerpo ajeno y también sabe donde desatar la tormenta (ustedes me entienden).

Hay analogías fantásticas sobre todo el asunto de enrollarse con una mina. Fijate si no lo has notado antes, que cuando uno toca el cuerpo de su pareja, la piel exclusivamente de la persona que ama, automáticamente grabas una melodía en tu memoria, una cantidad de notas que siempre suenan bien si las tocas de la misma manera. Entonces podemos decir que el cuerpo de una mujer se asemeja a una guitarra… a mi me gusta más cuando es piano. Otra forma de verlo sería como trazar un mapa, uno dibuja un camino con las manos atravesando planicies, ríos, mesetas, montañas… siempre  que sepas como ir, sabrás como volver y ahí, es donde podes hacerte acreedor de unos suspiros de placer que logres dar.

Razón tienen aquellos que dicen que la carne se arruga, las colas se caen, los pechos también, lo bueno de la memoria es que siempre te va a dejar recordar cuando eso tenía su forma original, entonces habrás comprendido que esa mujer te eligió para sufrir sus cambios, su vejez a tu lado y que también ha soportado la tuya. Si sos de buena memoria, recordarás que la amabas y que deberías seguir haciéndolo. De eso se trata vivir.

Solo Dios y el Diablo que habitan en tu piel, saben cuanto te extraño.