Las cartas de Asterión a su Padrino

Cierta vez, hace ya unos cuantos años, retrotaje mi memoria hacia momentos placenteros y desbordantes de alegría por las cuales mi existencia pasó. Considero que a veces somos nosotros (los seres vivos en su totalidad) los que participamos de situaciones involuntariamente y no precisamente quienes las generamos.

En uno de esos saltos por los recuerdos afectivos, me detuve en la lectura literalmente hablando, y más concretamente en un cuento llamado “La casa de Asterión” del maestro Jorge Luis Borges.

Desde sus letras surgió este humilde y discreto homenaje, florecido desde lo onírico y manifestado en el denominado género fantástico.

Este relato desarrolla la historia en donde el padrino del Minotauro se entera de la existencia de él e intentará por consiguiente crear un vínculo amoroso consciente de la soledad de aquel.

El Minotauro (surgido de la exquisita mitología griega) aspirará a dar cuenta de que existe en éste y en otros mundos trascendiendo todas las barreras temporales y de creencias (hechos que son certeros), sin embargo en la metáfora buscará hacer comprender a su nuevo pariente que lo único que quiere es recibir amor.

Vale la reseña si me lo permite el lector, que el Minotauro tal como se lo conoce, nació de la unión entre el Toro Blanco de Creta y la reina Pasifae. Estando la reina bajo un hechizo del ofendido Dios Poseidón.

Esa monstruosa criatura con cuerpo de humano y cabeza de toro fue encerrada en una gigantesca cárcel con forma de laberinto, encargada al arquitecto Dédalo célebre en Cnosos por la creación de variados e ingeniosos artilugios. Cuentan que de este particular laberinto era imposible escaparse por su complejidad y los que osaban adentrarse a desafiar al engendro jamás lograban salir.

En el cuarto plenilunio de otoño un grupo de adolescentes eran seleccionados y condenados al laberinto como ofrenda viviente e inclusive servían para saciar el apetito del Minotauro evitando así que esta criatura tratase de escapar para lograr su alimento. Las leyendas jamás revelaron el relato de algún sobreviviente…

A continuación reproduciré el fruto de un sueño de soledad y la correspondencia entre Asterión y su Padrino:

 

Zona Vasca, Siglo I a.C.

Mi querido Asterión:

Perdón por no haberle escrito en todos estos años. Pasó que he estado muy ocupado y aparte aun no le conozco. Es decir no sabía que existía hasta que otra vez leí en un artículo que un tal Jorge Luis hablaba de usted y decidí escribirle estas líneas. No espero que me responda ya que tengo dudas en asumir si usted tiene manos o pezuñas.

Me despido hasta pronto, con cariño su padrino.

 

Cnosos, Siglo I a. C.

Estimado Padrino Presente:

Le comento que me alegré mucho al recibir su misiva y que Jorge Luis estuvo tomando el té una tarde conmigo. Era un viejito jodón hasta que me lo comí.

Le comento que la otra vez conocí a mi padre, pero este desapareció sin dejar rastro. He podido escuchar algo a hurtadillas, algunas versiones, así que temo que lo hallan hecho morcilla o algo así. (Discúlpeme usted las faltas de ortografía, es que estoy muy emocionado).

Le doy las gracias por escribirme aunque no lo conozca ya que a mí nadie me escribe porque dicen que soy diferente, más yo no me siento como tal.

Mi casa es bastante extensa, demasiado para un solo habitante…Es por ello Padrino que lo invito que venga a mi casa a jugar conmigo al dominó o a los naipes. No recibo muchas visitas por acá. Le cuento que cada tanto aparece un pelotudo que se llama Teseo el cual siempre me amenazas con una espada y después que se la meto en el orto sale llorando el choto.

Dele, no sea malo y vengase un día, si vino Jorge Luis como no va a venir usted que es un tipo piola. Eso sí, avise antes de venir porque a veces salgo a hacer las compras.

Con mucho cariño.

Asterión (su ahijado)

 

PD: Cuando venga toque el portero de la izquierda.

 

Iberia, Año983 a.C.

Querido Ahijado Asterión:

Le agradezco la invitación pero no me atrevo a tomar un barco hasta allí, por unas historias que anda contando un tal Ulises; de sirenas malignas, de tormentas y tormentos, así que por mar ni Empédocles iría. Y por tierra sería muy largo.

Cuando los hermanos Wright inventen el avión, tal vez me pegue una vuelta. Si no siempre existirán las postales mi estimado. ¿O no?

Bueno, cambiemos de tema, estas preguntas se las debo hacer tarde o temprano ya que cuando nació no lo conocí, es decir, nunca lo he visto en mi vida y por supuesto en la suya tampoco; las preguntas son las siguientes: ¿Qué tal la vida con una cabeza de toro? ¿Es pesada? ¿Tiene menos frio en invierno? Tengo curiosidad de saber cómo es la existencia siendo “diferente”, de aspecto digo. Usted disculpe.

Con un gran afecto. Su padrino.

 

PD. Para serle sincero, no quiero prometerle un pronto viaje por las razones ya expuestas, no me gustaría incurrir ni en la mas mínima falacia hacia usted, por más sosegada que esta sea.

 

Cnosos, Año971 a. C.

Estimado Padrino:

No le permito que se niegue a la invitación de este cordial caballero que le escribe; y tampoco se haga problema por la plata, porque le mando los pasajes y en un coche cama, si quiere.

Le comento que la otra vez vino Aquiles y nos pusimos a jugar a la pelota hasta que le pegue una patada en el talón y le quedó doliendo, al rato se convirtió en ceniza, así que lo guardé en un frasco de mayonesa y lo dejé en la alacena de adorno.

Con respecto a mi cabeza tiene sus ventajas y desventajas, ¿como todo vió? por ejemplo, las cosas a favor son que en invierno no necesito bufanda, cuando me lavo los calzoncillos me los cuelgo en las astas y saco la cabeza por la ventana, no necesito bronceador, etc. Algunas de las contras serian que la cola a veces me la tengo que meter para adentro del culo cuando uso vaqueros, o para mirar hacia los costados tengo dar vuelta toda la cabeza como los pájaros, y alguna que otra más. Pero no me quejo.

Y una vez más le reitero la invitación hacia su distinguida persona y cuando eso ocurra lo convidare con un rico mate porongo que me regalo mi abu Zeus, si la contradicción me lo consiente el viejo es un poco garca pero conmigo es re pulenta.

Me voy despidiendo. Un abrazo grande grande grande para usted querido padrino.

 

PD. Le recuerdo que le mando los boletos y le banco la estadía. Por la guita no hay problema.

 

Península Ibérica, Año969 a. C.

Querido Asterión Presente:

Está bien, poco a poco me está convenciendo. Lo que pasa es que soy un ser humano vulgar y no tengo grandes historias para contarle, creo que se aburriría conmigo, y eso no me gustaría en absoluto.

No quiero dejar de agradecerle el hecho de despejar mis pueriles dudas de una vida con cabeza de… usted ya sabe, de res… (entiéndame que no es mi intención ofenderlo) pero me pareció muy simpático el hecho de imaginarme sus medias de muselina ondeando sobre sus pitones. Ji ji ji…

Ahora bien, me permito doblar la apuesta, y lo reto a aceptar mi austera invitación de venirse para acá. En esta comarca se tiene la costumbre de que un tipo lidie con un toro en un redondel de arena con gente alrededor, entonces me acordé de usted: “Asterión y su auto-toreo”, seria todo un suceso de taquilla si dudas.

Con galantería sin igual y mucho afecto, me despido. Atte, Su padrino.

 

Isla de Creta, Año961 a. C.

Mi apreciado Padrino:

Es un gran gusto poder debatir con usted ciertos aspectos de la vida protocolar mía y de la suya, pero no le permitiré que me diga que seco mis pantymedias en mi cornamenta ya que no las uso todo el tiempo, solamente en invierno.

Ahora, me atreveré a desistir de su invitación a que me “auto-torée” porque aun no sé qué parte predomina en mí, dado que a veces me gustan las vacas y otras veces me gustan las chicas. A veces me les animo a las ovejas también. Que se yo.

Respecto a su invitación, vengase usted primero, no sea cobarde. A veces no salgo porque andan los troyanos por acá, que vendrían siendo como los “nigga” de la zona que atacan a los peatones desprevenidos. La otra vez me comí a dos y a decir verdad estaban buenos.

Le reitero la oferta, véngase para la zona del mar Egeo que hay unas playas muy copadas.

 

Con cariño, su ahijado Asterión.

 

Zona Vasca, Año928 a. C.

Ahijado Asterión:

Está bien, me convenció. En unos días más estaré allí.

Ya me veo correteando unas musas mientras suenan las musiquillas de las fiestas bacanales, quizás me enrede en alguna de vuestras historietas y quede perpetuado en algún mito…quien sabe.

Espéreme con un asado con chinchulines, por lo menos. Yo pongo el vino.

Mándeme la dirección de su casa.

Hasta prontito querido ahijado.

 

Creta, Año905 a. C.

Mi querido Padrino:

Estoy seguro que usted aparecerá en los mitos del barrio pero como “Prometeus”, ya que me tiene engañado con la venida.

Pero le reconozco la intención de venir al escribirme «mándeme la dirección de la juntada», eso sí, cuando venga no me regale un sombrero mejicano porque los mejicanos me caen como el reverendo orto.

Lo espero la semana próxima, ya compré los chinchulines y las mollejas!

¡Un saludo colosal para usted mi padrino! Que siga bien.

Hasta luego.

 

Parque Los Fresnos, Año897 a. C.

Sr. Asterión:

Lamento comunicarle el fallecimiento del Sr. Padrino. El hecho tuvo lugar en la cabaña de su propiedad por causas naturales. Le transcribo una nota inconclusa por parte del finado y con destinatario suyo:

“Querido Ahijado:

Me siento un poco cansado y ya sin fuerzas, así que la visita la dejaremos para otro día. Espero sepa comprender las razones y es que ya cumplí 89 años y solo soy un simple mortal. Aparte con la silla de ruedas se me re-complicaba viajar y más con un tubo de oxigeno encima.

Creo que me queda poco tiempo y por eso me despido de usted con la tranquilidad de haber compartido pensamientos que se transformarán en recuerdos más que vivencias vacías estando presentes.

Hasta siempre mi ahijado.”

 

Lamento mucho su perdida. Atte.

 

Después de leer estas líneas Asterión lloró. Lloró como nunca jamás lo hizo, Lloró tan fuerte que los muros del laberinto creyeron caerse. Su llanto estaba cargado de una angustia maravillosa y feliz. Había compartido porciones de ilusión con alguien más que no fuera su abrumadora soledad.

Nota del Autor: Gracias a Borges, a Bioi, a Casares y a mi amigo Chavo por sus aportes como padrino.


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