Las citas de Conep – Capítulo 1

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Muchos que me conocen sabrán que lo mío no son las citas. Es más, me parece hasta desagradable la palabra “cita”. Quizás, analizándolo, es probable que este odio se deba a lo que me cuesta concretar una.

Pero eso sí, cuando las concreto pasan a ser anécdotas dignas de recordar para toda la eternidad, por lo que sepan entender que, para mi desgracia, acá nada está desvirtuado, ni exagerado o maximizado.

Capítulo I : Esa chica de barrio

A la chica en cuestión la había visto una sola vez en persona y después de un tiempo logré dar con ella a través de internet.  Pero no pasaba absolutamente nada, así que, impaciente yo, era hora actuar.

Paso 1: Redes Sociales

Luego de agregarla a Facebook, Twitter, Linked In, Google +, Badoo, Fotolog, MySpace, Hi5, Yahoo, MetaCafe, Wikiliks, Wikipedia y FrentePopularPeronista.org, tenía que darse cuenta que existo, por lo que sutilmente comencé a etiquetarla en todas las imágenes que tenemos en nuestra Fan Page, hasta que en la número 46 comentó: “Por favor no me etiqueten mas en esta mierda”. Bien, el objetivo se cumplió.

Al parecer, con los pasos de los días, la susodicha comenzó a entender nuestro humor y ya había más festejo por los chistes que exponía. Incluso una vez respondió un twitt. Ya la tenía en el bolsillo.

Paso 2: Concretar encuentro

Comentario chistoso viene, comentario chistoso va, me tomo una medida de ginebra a fondo blanco en ayuna y me decido escribirle por chat.

Hola – le escribí… y nada. – ¿Cómo va? – … y nada. – ¿Qué clima de locos tenemos viste? – … y nada.

Ya casi resignándome y encarando el 3º vaso de la ya nombrada bebida espirituosa, un ruidito salió de la pc. Si si, era ella. Había respondido.

–          Si de una! – escribió.

Sin verla me la imaginaba con sus deditos angelicales escribiendo, o mejor dicho, escribiéndome a mí. Ya me sentía un semi – Dios.

Tenía que armar la excusa perfecta para juntarnos, sabía que solamente tenía una chance.

Mi cumpleaños. Perfecto. Todo encajaba de 10. Empecé a escribirle de lo famoso que era, que Martin Lubowiecki era mi amigo y que una vez vi a Ornella Ferrara. Incluso que quizás Hugo Torrente iba a mi agasajo.

No le movía un pelo.

Le daba detalles de la fiesta que estaba armando, de las luces robóticas y rayos ultra laser que había alquilado. Y nada.

El barco se estaba hundiendo.  Definitivamente algo tenía que hacer.

Finalmente, “Conep Investiga” logró descubrir el fanatismo de esta chica por una bandita llamada “Las Pastillas del Abuelo” y dije: ¡Esta es la mía!

En el momento que le comente que era chancho amigo del cantante de la banda y que ya me había confirmado él, el hermano, el perro y una tia abuela su asistencia a mi cumpleaños sabía que mi objetivo estaba más cerca. Sus siguientes líneas fueron:

–          ¡Qué bueno! ¿Querés que nos juntemos antes de tu cumple asi no quedo tan colgada con vos?

Justo ahí una claraboya se creó en el techo y un haz de luz acompañado de melodías angelicales apuntaron mi cabeza.

Objetivo cumplido.

Paso 3: Porrón y papas fritas

Tenía que tomar una decisión rápida. Elegir el lugar. Para esto tomé mi celular y llamé a mi hermano político, el Doctor Bomur.  Sabía que su vasta experiencias con mujeres y enanos iban a salvarme las papas.

Después de varios consejos intuí que Bomur me estaba haciendo la cama. “Conep, ¡salís el martes, el mismo día que juega la selección! Llevala a ver el partido.” En ese momento me imaginaba a este malnacido besándose con mi saliente mientras ambos miraban mi foto y se reían.

“Vos me estás cargando” le dije. No había forma que a un ángel de pelo dorado le pudiese interesar un partido de fútbol. Pasaron 45 minutos y de una extraña manera Bomur logró convencerme.

Si me había parecido raro que hubiese aceptado el consejo de mi partener, más raro fue escuchar el “ok, buenísimo” de ella. El culo se me llenó de preguntas. Bomur una vez más había dado en la tecla.

Concretamos el encuentro en Peatonal y España. Camino al lugar trataba de imaginar a donde llevarla. Ya con esto decidido, el resto era dejar que fluya.

Llegamos al lugar y si, estaba cerrado. Cerrado. Cerradísimo. ¡Hijo de un camión lleno de Putas! ¡Fuiste mi opción y venís a cerrar a las 19.00hs! Chau partido.

Transpirando como una persona que transpira muchísimo, le dije: “Bueno, vamos a otro”. Con cara rara largó un ok. Mas o menos sabiendo que este bonobón de dulce de leche había aceptado la tématica de “Partido de eliminatorias en bar de medio pelo” algo parecido tenía que buscar.

Volviendo a la zona de la peatonal señala un local me dice “Vamos a tomar una coca ahí”. Dicho local no era ni más ni menos que “Delicity”. Pensé “Bomur chupapija, esto es para vos, al final yo tenía razón sobre la onda de esta chica”.

Aproximándome a una silla sobre la peatonal, intento agarrarla y me dice “¿Que hacés?, no! ¡Compremos una Coca en ese kiosco y vamos a la Plaza Independencia a tomarla!”. Estúpido y sabio Bomur, una vez más has dado en la tecla.

Paso 4: Dejar que fluya

Nos sentamos en el pasto algo húmedo y empezamos a charlar. No podía dejar de mirar esos faroles albicelestes que se cargaba.

Y me hablaba, y hablaba, y hablaba… hasta que de repente algo empezó a pasar. Ruidos y movimientos extraños en mi interior comenzaron a surgir. La conjunción de un pancho de Mr. Dog con un té bien azucarado no fue buena combinación.

Mi atención dejó de estar en ella y rápidamente pasó a mis rezos que imploraban por favor que esa sinfonía de ruidos estomacales terminara de una vez. Y así pasó. Terminaron.

Terminaron en mi estómago y pasaron a mis intestinos. Estaba fresco y yo chivaba litros y litros de agua. No paraba de moverme. Ya no sabía cómo sentarme. La situación era cada vez más inmanejable. Ella algo sospechaba.

Sus dedos entre el cabello dorado no era suficiente para lograr relajarme y dejar que fluya. “¡Eso! Tengo que dejar que fluya” pensé. Mal hecho.

Al relajarme y dejar que fluya pasó lo que todos soñamos en la peor de nuestras pesadillas. Un estruendo emergió de mi interior que hizo espantar a todas las palomas de alrededor. Hubo un silencio. Mis cejas levantadas como tratando de buscar una explicación ornamentaban más escena.

La realidad es que ya no había vuelta atrás. Algo tenía que hacer. ¿Simular una llamada al celular? ¿Inducirme un desmayo? ¿Llorar y pedirle por favor que se casara conmigo? En ese momento alguien se acercó y me pidió si le podía sacar una foto de fondo a la fuente. Me levanté, tomé la cámara, saqué la foto y al volver, como era de esperar, ella ya no estaba.

Desde entonces desconozco su paradero. Al parecer habría desaparecido de todas las redes sociales y estaría dándole de baja a su celular.

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Hace un año escribíamos:
Si vas a usar agua en exceso, que sea de 22 a 06 hs.