Pelado afirma: «¡¡Me compré un cerro en Tupungato y me vino con un Lobo del Aire adentro!!»

La suerte no les llega a todos, pero cuando llega lo hace de manera increíble. A pesar de eso, uno nunca deja de ser un gil. Te contamos la historia del pelado mas dichoso de todos.


De chiquito sus amigos lo molestaban por su problema de calvicie, ya que a los 8 años tenía unas prominentes entradas. A los 14 su cabeza era totalmente calva. Esta desdicha le trajo muchísimos disgustos, desde el amor de su primer noviecita que lo abandonó hasta la familia que lo echó de la casa por miedo que fuera contagioso. Y es ahí que a los 16 dejó el colegio  y se puso un puestito en el persa de la calle Gral. Paz vendiendo cinturones de cuero de rata.

Después de mucho tiempo comenzó a incorporar otros artículos importados como los famosos «magiclicks» y mas afamadas «mascotitas virtuales». Todo parecía venir viento en popa hasta que en el año 94, con todos sus ahorros, compró la representación de los antiguos «Vipers». Parecía que su vida había cambiado. Ganaba fortunas con estos novedosos aparatitos. Pero no. De repente aparecieron los sms por celular y su negocio fué en tremenda picada. Ya no había vuelta atrás.

Nuevamente estaba en la calle y arruinado.

Pero hay un dicho que dice: «La vida no te cierra una puerta sin abrirte una ventana». No se aplica en este caso pero bueno. Y es así que Marcus Dominique la remó en dulce de leche, comía sobras del McDonald de la calle Colón.

Un día como cualquier otro, agobiado por su situación, pasa un turista y le dice: «HoooOOHhhhh!!! You´re Pierluigui Colina!!!!», obviamente Marcus no le entendió nada, y sin palabra mediante, ambos se sacaron una foto y el yanqui se alejó dejándole una generosa propina en dólares. 15 minutos mas tarde volvió el extranjero con un contingente de 59 norteamericanos en un micro en el que se podía leer «Pierluigui Colina´s Fans Club». Esa sola tarde, nuestro ahora suertudo amigo, hizo nada mas y nada menos que 3.578 u$s. Además lo invitaron a cenar, lo vistieron y se lo llevaron de joda por una semana.

Luego de la despedida Marcus era un hombre nuevo. Ahora con un dinero asegurado, iría a adquirir algo que no se devaluaría: un cerro en Tupungato.

Aquel 4 de Junio, ya con una vida nueva y casi exitosa, firmó el recibo de compra-venta del inmueble. Cuando se disponía a preparar un rico asado en forma de festejo personal algo pasó. El piso comenzó a temblar. Las aves salían en bandadas. Él sabía que algo no andaba bien. Hasta que de pronto… la parte superior del cerro comenzó a moverse y allí apareció lo que jamás hubiera imaginado: un Lobo del Aire.

Confundido, asustado y emocionado, Marcus veía como semejante aparato se acercaba hacia donde él, tirado en el piso, se encontraba. En cuestión de segundos el helicóptero estaba aterrizando a pocos metros del lugar. Cuenta Marcus que supo reconocerlo de inmediato, pero le extrañó que no tuviera las luces en el frente y no hablara, hasta que recordó que ese era el auto fantástico y se sintió como un gil.


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