Pueblos en conflicto (Una patada en el culo a Roma)

Digamos que aproximadamente cien años antes de Cristo, los pueblos germanos (bárbaros) llamados así por los romanos. (su lenguaje les sonaba a bar bar de ahí su nombre) entraron en contacto con los ya citados. Los Cimbrios y Teutones, en busca de mejores lugares para vivir, se asentaron en tierra dominadas por los Romanos.

El estereotipo que aún tenemos de esos pueblos, es de unos grandotes, rubios y patas sucias, apenas vestidos  con pieles y que a fuerza de hacha y aullidos arrasaban con todo y con todos. Algo de verdad hay en esto. Las primeras escaramuzas con las Legiones, demostraron ser valientes, desorganizados, arrebatados y sin mandos estables, todo se suplía con valentía.

Las fronteras entre romanos y bárbaros, eran naturales, el río Rin y el Danubio. Se mantenían a raya, de tanto en tanto comerciaban… algunas veces peleaban, pero se mantenían fuera de los límites del imperio.

Los textos que nos han llegado de los germanos, están cargados de parcialidad, xenofobia y hasta cagazo.  El complejo de superioridad racial que tenían la mayoría de los escritores latinos es notable, sobre todo en los escritos de Tácito, que fue quién más escribió al respecto. Uno de esos textos, nos cuenta de las “particulares” costumbres, de su manera de pelear, y de gobernar… se exalta también su carácter de mierda, muy propenso a las peleas, al escabio y a los juegos de azar. También se hace notar su indisciplina y su desorganización a la hora de la guerra con huevos… pero huevones al fin.

Y la explicación viene de lo que les cuento más abajo.

Publio Quintilio Varo, fue llamado para sofocar la rebelión de Arminio, un jefe tribal que no respetó los deseos de Roma. Los germanos, estaban divididos políticamente en tribus que obedecían a quién se “ganaba los trapos” a las piñas. Es decir, sus líderes eran básicamente guerreros… todo lo contrario a los Romanos, ellos eran cultos y refinados y los mandos militares correspondían a los de la hig society. Nada que ver con esos brutos. ¡Ay! ¡Esta mancha no se quita!

El Imperio establecía sus relaciones vecinales de manera muy amplia. Algunas veces comercialmente ventajosas y otras por simple sometimiento.

El emperador Augusto, optó por la última opción, tomando como excusa y aprovechando la desobediencia de Arminio.

Los objetivos perseguidos eran económicos y políticos. Roma se hacía con esclavos, ganado y piedras preciosas y a su vez, los romanos les ensorchaban el excedente de su producción local de artesanías, ajuares y trabajos en metal. Si no se respetaban los pactos, le mandaban las legiones con la finalidad de castigar y llevarlos nuevamente al buen camino comercial.

El peligroso juego del poder al que estaban sujetos romanos y germanos, era precario y los amigos de hoy, eran los enemigos de mañana… (si no, vean lo que les pasó a los norteamericanos en Irán)

Arminio… caudillo Querusco, que años después se convertiría en uno de los mitos de los nacionalistas alemanes. Hermman, tal es su nombre en alemán, por motivos “desconocidos” decidió levantarse y oponerse al poder del  Imperio. Se supone que fiel a su estilo de vida, veía en Roma a su gobernante. Se sabe que Hermman, luchó en las filas romanas contra otros pueblos germanos en calidad de tropas auxiliares a las Legiones. Sabedor de las tácticas y estrategias de su oponente, nunca presentó batalla a campo abierto.

No es lo mismo el otoño…

Llegada esta época, Publio Quintilio Varo, comandante de las legiones establecidas en Germania, decidió cruzar el Rin, frontera natural entre unos y otros, y volver a los cuarteles de invierno establecidos en la zona dominada por Roma. Pero, le llegaron noticias del levantamiento de Hermman y a pesar de las contrariedades, desvió sus  legiones a fin de poner en vereda al sublevado. En orden de batalla, sus tropas eran prácticamente invencibles ya que a fuerza de entrenamiento y disciplina, se destacaban por encima de los enquilombados guerreros bárbaros. Aprovechando el factor sorpresa y el terreno favorable, Arminio preparó su emboscada. Única manera de hacer valer la valentía de sus guerreros por encima de las maniobras coordinadas de las legiones.

La marcha por el bosque de Teutoburgo, era lenta, con las medidas de seguridad apropiadas y toda la mandanga, mandaban a los auxiliares a explorar el terreno por el cual iban a transitar y se situaban a vanguardia y retaguardia, con la diferencia que esta vez, se debían tomar recaudo de los flancos, ya que el terreno así lo ameritaba. Para evitar sorpresas, se enviaron exploradores al interior de la densa arboleda… error, las tropas auxiliares enviadas a explorar, eran mayoritariamente tribus germanas subsidiarias de Roma, pero con muy buenos vínculos con el caudillo local. De un momento a otro, las fuerzas auxiliares de las legiones, desertaron, dejando a los de Varo, sin ojos ni oídos en el bosque. Bien calculado el momento de tomarse el palo, dejaron a los romanos en medio de una serie de sendas, arboledas y un pantano. Imposible de maniobrar en tal terreno, fueron sometidos a una lluvia de piedras (¡sanjuaninos every where!) Sin la capacidad de organizar una defensa, las legiones fueron dejando atrás, gran parte de los carros de suministros. Entrar al bosque a contra atacar, sería un suicidio. El desgaste físico y psíquico contra un enemigo invisible estaba matizado por una fuerte tormenta. Lo que hacía más penoso el tránsito por las estrechas veredas del bosque. Durante dos días, apenas pudieron dormir y al tercero, se vino la cagada… en un paso, dónde se estrecha la calzada el bosque y el pantano, miles de germanos esperaban en un terraplén, que habían levantado. Ante ellos llegaban los legionarios… a un callejón sin salida. Mientras que a espaldas de las legiones, se venían como locos los que habían estado hostigando desde los flancos. En la batalla cuerpo a cuerpo, cayeron miles, los supervivientes, trataron en vano de atravesar el terraplén que tenían delante… murieron todos y su comandante, Varo, optó por el suicidio. Los pobres infelices que fueron tomados prisioneros, fueron torturados y sacrificados a sus dioses y solo unos pocos lograron atravesar el río Rin y ponerse a salvaguarda de sus campamentos de invierno… un dato curioso. Entre los que lograron salvarse, había un centurión llamado Casio Querea, quién luego se haría famoso por ser el que asesinó al emperador Calígula.

Las noticias llegaron a Roma y el cagazo se hizo presente. la posibilidad de que Hermman marchara sobre Roma   estaba  a la vuelta de la esquina. El Emperador y el Senado, conmocionados y en pánico, no atinaban que hacer… la capital imperial estaba indefensa. Pues las 25 legiones restantes estaban distribuidas en las fronteras imperiales desde Siria hasta Britania. Lo cual hacía imposible su regreso a tiempo.

Por suerte la diosa fortuna sonrió una vez más al pueblo romano. Los germanos, eran profundamente desunidos a pesar de alguna alianza temporal, no tenían la ambición de invadir Roma. No es lo mismo luchar para no ser sometido y otra muy distinta era emprender el camino de la conquista.
 

Durante un tiempo Arminio (Hermman) trató de sacar provecho de la victoria. Envió la cabeza del general romano Varo, a otro jefe tribal, con el objetivo de demostrarles que no eran invencibles y que lo mejor era unirse a la rebelión. Pero no hubo caso, nadie le dio pelota.

La clades variana (‘la derrota de Varo’) alteró al Emperador Augusto más que ninguna otra cosa en su larga vida. El historiador romano Suetonio señaló que aquél se tomó el desastre tan a pecho que “siempre celebró el aniversario como un día de profundo pesar” y “a menudo se golpeaba la cabeza contra una puerta y gritaba: ¡Quintili Vare, legiones redde! = ¡Varo, devuélveme mis legiones!».

Roma no estaba dispuesta a dejar pasar semejante afrenta. Pero, si les interesa, es una historia que luego he de contar.

Quien olvida su historia está condenado a repetirla

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