Sorpresiva inspección de AFIP a los padres del sanjuanino que cuestionó a Cristina

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Como muchos saben y están al tanto, nuestra presidenta Cristina Fernandez de Kirchner brindó una conferencia de prensa en Harvard. Allí, jóvenes estudiantes de todas partes del mundo tuvieron la oportunidad de preguntarle sobre diversos temas. Algunos consultaron sobre el dólar, otros sobre la responsabilidad social de las empresas. Pero uno en particular se expresó sobre la reforma constitucional.

En un momento ella le dijo: “- ¿De dónde sos?”  y el respondió “- De San Juan”, “- ¿Pero de que parte?” repreguntó ella. “- De capital” dijo él.

Parecía que ella preguntó de curiosa. Pero con estos datos fue más que suficiente para comunicarse con Juan Carlos AFIP y averiguara cómo un simple y mortal sanjuanino podía mandar a su hijo a una de las universidades más caras del mundo.

Es por eso que, apenas nos llegó la información, con Don Rata tomamos el primer vuelo directo a la provincia vecina.

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Jose "Tito" Ordoñez y María Teresa

Así llegamos hacia el negocio de María Teresa y José “Tito” Ordoñez. La sorpresa con la que nos encontramos fue que ese negocio que posee la pareja no es más ni menos que un almacén de barrio.

– Realmente estamos muy sorprendidos cómo con un simple almacén pueden tener una economía tan fuerte capaz de pagarle la universidad de Harvard a su hijo.
– Alan no es nuestro único hijo, también tenemos a Héctor, pero a ese lo dejamos para que atienda el negocio de la familia. Desde que nació decidimos apostar todas las fichas por uno solo.

– Bueno, cuéntenos don Tito, ¿le va bien con el almacén entonces?
– ¡Faaaaa, no te das una idea!

– ¿Y cómo hace?
– Te explico nene. Este no es un almacén común y corriente. Nosotros vedemos lo mismo que cualquier mercadito, pero acá está todo potenciado… ¿entendés?

– Y me imagino… digamos que tiene todo condimentado ¿no?
– Exacto. Por ejemplo, mirá esta plancha de ravioles… ¿para vos cuánto cuesta?

– Y suponiendo que son de ricota… ¿$7,40?
– No nene. Ponele que es “ricota” (guiño guiño). Esta plancha de ravioles sale $8.000

– ¡No me diga! ¿Y se vende?
– Y no sabés como… es más, mirá en la góndola de la yerba (guiño guiño). Tuve que poner un cartel de máximo de unidades por clientes, sino acá los vivos se llevan todo de una y lo acobachan por ahí.

– Claro… y por ejemplo… ¿xq vende sal ultra fina por kg?
– ¿Kg? No campeón, yo a la sal te la vendo de a gramos. No quiero quedar pegado si le “ponés sal de más” (guiño guiño) a la comida y te das vuelta.

– Veo que también vende algunas artesanías de adorno.
– Y si vos a esos pipones de cristal rumano de 2.500 dólares que los vendo como agua, los querés usar de adorno, y bueno…

– Cuéntenos de Alan… ¿cómo fue la decisión que tomaron de mandarlo a Harvard?
– Y la verdad no fue fácil. Alan es el mayor, y siempre dijimos que nuestro hijo debería ser presidente del mundo, y yo en una película vi que el presidente del mundo iba a Harvard. Venia todo bien hasta que tuvimos al Héctor, asi que dijimos “a vos te toca Harvard, y a vos el almacén, la cosa es por orden de llegada”.

– Me imagino que debe haber sido dura la partida de Alan…
– Y… mas o menos… el como que no nos quería mucho. Pero nosotros lo recordamos. Siempre que viene nos tomamos una foto familiar. Mirá, esta es de hace un mes cuando vino a buscar su cepillo de dientes para el nuevo semestre que empezaba.

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– Bueno, ahora quiero preguntarle a María Teresa que opina sobre la intervención de Alan anoche.
– Hay, él es un divino, siempre intercede por nosotros en sus oraciones… aunque creo que se volvió ateo. Bueno, mucho no sé, hablamos poco en realidad. Solo cuando nos atrasamos en la transferencia de los 17.000 dólares mensuales.

En eso interrumpe Tito: – Miren chicos, le voy a mostrar la mercadería de “azúcar” (guiño guiño) que me llegó hace un ratito. Con lo que saque de la venta de todo esto, le pago la matrícula y una casita al Alan allá en los Estados Unidos. *se le infla el pecho*. *se le pianta un lagrimón*.

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– Bueno, ya nos vamos. Al final no pudimos hablar sobre la inspección de la AFIP que tuvieron a primera hora.
– Si, la tuvimos. Nos revisaron los libros, la libreta sanitaria y les regalamos 5 paquetes de yerba (guiño guiño), unos cartones de cigarrillo (guiño guiño), una caja de pastillitas Yapa (guiño guiño guiiiiñooooooo) y nada. Me desearon suerte con mis hijos, aunque uno ya sabemos que no va a ser así.

– Antes de partir, nos gustaría sacarles algunas fotos, nosotros después elegimos las mejores.
– Dale nene… como me gustaría tener más fotos del Alan… *esboza lágrimas*. *aprieta la mano de María Teresa*. *ella la suelta al grito de “no seas maricón”*

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Fuente de imágenes:
www.clarin.com
www.territoriodigital.com 

Por cierto… casi nos olvidábamos. Este es Héctor, el hermano poco agraciado:

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