¡Compre señora compre!

¡Compre señora compre! ¡Para el bolsillo del señor y la cartera de la señorita! Ilusiones de un mundo perfecto, al módico precio que usted no puede pagar. ¡Compre señora, compre!

Todo este debate conmigo misma nació cuando, no hace mucho, me vi vilmente estafada, bajo mi total estúpido consentimiento. Después de haber terminado una relación bastante grosa, y habiendo pasado un par de meses llorando por los rincones, decidí comenzar a mimarme y hacer todo ese tipo de cosas catalogadas como “femeninas” que en mi reputisima vida había hecho. Como para ponerle onda. Así fue como termine en un spa súper topishimo, consultando por una limpieza facial, a lo que la astuta vendedora me ofreció lo mejor que tenía: Microdermoabración con puntas de Diamantes (si, diamantes, leyeron bien). ¡Faaaa! ¡Pampita y su piel de porcelana va a ser un poroto al lado de cómo voy a quedar! -pensé ilusa- Y como desconozco 100% cual es el costo económico de la “belleza”, entré como un caballo y decidí hacerlo.

La amable muchacha, me invito a subir al segundo piso, ingresé a una habitación delicadamente decorada, perfumadita con velas de canela y limón, y me recosté sobre una acolchonadita camilla de sabanas color lila. Supuse que así es como se sentía Su Gimenez todos los días, y me acomode proponiéndome disfrutar de la nueva experiencia. Acto seguido la Srta. cosmetóloga -quien ahora dudo que halla terminado la secundaria- comenzó a embadurnarme la caripela con cremas de distinto tipo, olor, color, textura y forma, concluyendo la sesión con el tan preciado tratamiento con puntas de ¡¡¡Diamante!!! (si, en mayúscula, vieron bien) Digno de una reina….Termina la Srta., que amablemente me había hablado de lo bella que es la vida durante toda la volada, y bajo nuevamente para abonar la sesión. Salgo y mientras espero el Bondi caigo en la cuenta de lo sucedido: acababa de pagar $120 para que me lijaran (si si lijaran, escuchaste bien) la cara. Para, oime Damita, ¿la chavona te paso una lija por tooooddaaa y la cara, y garpaste por eso? ¿Entendes? ¡Pagar porque te lijen la cara! Y así fue que me di cuenta de la estupidez que había hecho propia de la peor minita hueca, y me la quise coser con hilo de bolsa arpillera. Pero meditando aun mas, supe ver que podría haber sido peor….ya que el tratamiento propuesto era someterse a semejante huevada al menos 6 sesiones (si, 6, contaste bien). Y luego fue cuando pensé: “si esto existe, es porque hay gente que lo consume…. ¿como no se me ocurrió a mí?”

Si observamos detenidamente la oferta de boludeces de rubro diverso con utilidad nula, encontraremos una granadísima variedad. Grosos los tipos que ven las necesidades superficiales de la gente ignorante y mediante grandes/geniales/increíbles/admirables políticas de marketing venden humo en preciosos envases para que el consumidor ansioso de adquirir ilusiones, lo compre gustoso.

¿Pulseras para el equilibrio? ¿Han notado cuan grande es el numero de personas alrededor del mundo que esta dispuesto a pagar U$S30 por un pedazo de caucho del peor?

¿Shampoo para rulos/pelo lacio/gente pelada? ¡Loco! Es la misma formula con esencias diversas y precios elevadísimos.

¿Yogurcito con Lcasei? Chavon, ¡te están vendiendo un yogurt normal y corriente, que tiene la misma bacteria propia del proceso del yogurt, con las mismas propiedades de cualquier yougurt, y cuyo precio es el doble por la mitad del volumen!

Maquinas mágicas de ejercicios, desodorantes que atraen minas dignas de Rodrigo Guirao Diaz, cremas que logran lo mismo que las 600 operaciones de Solita Silveira y ni hablar de los electrodos que te los pones mientras lavas los calzones y te deja con el culo de Jesica Cirio ¡en 3 dias!

¡Grosos, grosos los muchachos que inventan estas cosas! ¿Como no se me ocurrió algo así a mi? Grosos y nuevamente grosos por lograr que la gilada pague lo que se le antoja a ellos mismo por satisfacer necesidades inmediatas. Grosos, porque aunque nunca estarán a la altura de grandes invenciones como las maquinas a vapor ni la fabricación en serie, son capaces de llenarse los bolsillos de verdes a pasos agigantados.

Grosos, y boluda yo, vos, el y ella, que caemos como piña.

¡Compre señora compre! ¡Para el bolsillo del señor y la cartera de la señorita! Ilusiones de un mundo perfecto, al módico precio que ud no puede pagar, pero lo paga igual. ¡Compre señora, compre!

También podes leer:

El Mendolotudo y las fiestas