¿Estos mediocres personajes son nuestros ídolos?

Cuesta creer, al escuchar a la gente hablar, cuáles son sus ídolos.

Como buenos provincianos, bien tierra adentro, es muy difícil que nos fijemos en alguien de nuestra provincia, y mucho menos nos vamos a fijar en nuestros padres, pero no vamos a elegir, por ejemplo a Quino, un adelantado en el tiempo y mucho menos elegiremos a Ernesto Antonio Contreras, el Cóndor de America o a Pablo Chacón, para citar a algunos, porque seríamos muy grasas.

Pero no nos parece grasa elegir alguien de afuera de nuestra provincia, eso nos lleva a ser lo máximo.

Claro que cuando se elige, es porque queremos ser ellos, y para empezar, veremos algunos que eligen los hombres: por eso el o los que eligen a Cacho Castaña, el típico porteño imbancable, el súper macho, el que se volteó a todas las minas argentinas, ese que parece fiolo, con las camisas desprendidas hasta el ombligo, mostrando sus cadenas de oro en el pecho bien a lo yanqui y haciendo contraste con su peludo pecho negro, sin la falta de la grasosa transpiración, salvo su música, queremos ser Cacho, nunca León.

O queremos ser Coco Silly, el macho argentino, según Fantino, creyendo que las minas se nos cuelgan de las piernas con esa facha de gordo achurero de matadero de cuarta. Jamás nombrarías al negro, sí, a Olmedo.

Talvez elijamos a Diego Maradona para seguir sus pasos, no por el futbol, porque fue el mejor jugador del mundo, sino para poder manejarnos por la vida como él, para mandarnos miles de cagadas y ser personados y tratados como dioses, como si fuéramos ejemplo a seguir, para hablar mal de ex compañeros y nunca hacernos callar, para poder usar dos relojes, no porque sea algo moderno, sino para tener uno que nos de la hora y otro que nos cuente cada cuanto tiempo vamos a decir una estupidez. Queremos ser Maradona, estar como él a la altura de la situación y creernos el mejor referente en dirección técnica de futbol, estar cerca del gobierno para después hablar mal del mismo o para cubrir nuestras cagadas invocando el nombre de nuestros hijos. Hablar de Alfredo Di Stéfano es mala palabra.

Queremos ser un Chary García, viejo drogon sin gracia, cagado a palos, un talento desperdiciado y perdido hace más de quince años. Un estropajo, insulso, absurdo, ridículo y cero profesional.

Claro, que si te gustan los autos, a no olvidarnos de Marcos Di Palma, ese personaje que nunca salió campeón en ninguna categoría, ese que no es contratado por la escasa seriedad y profesionalismo que mostramos, pero queremos ser vivos y boludear con los autos, queremos ser Marcos Di Palma y manejar a 300 km/h por las hermosas y bien cuidadas rutas argentinas, queremos ser cancheros y salir por televisión y que los conductores festejen nuestras anécdotas, esas de grandes maniobras que me hicieron ganar tantas carreras, inclusive la de Mendoza. Claro está, nunca elegiríamos a Fangio. Esto es en cuanto a los hombres para citar algunos, aunque hay muchos más.

En el caso de las mujeres, ellas que son tan especiales, no hay una que no idolatre a Roberto Giordano, sí ese mismo, no me peguen soy Giordano, con sus desfiles de moda, ¿Es un desfile de modas o más bien un desfile de marcas que se prestan para su negocio? Claro, pero es Giordano y no hay una que no se pase una noche viendo pasar ropa que puede ver en las vidrieras, me olvidaba, claro que la ropa de alta costura y de nivel internacional, como Armani. El desfile de Roberto Piazza es una cagada.

El infaltable e idolatrado Ricardo Arjona, está bien que les guste, sobre gustos no hay nada escrito, pero es un ídolo, puede hablarte tantas sandeces en sus letras, como también puede hablar de tu periodo y pérdida de sangre mensual o de tus cuatro décadas sin que te ofendas, claro, que cuando estás con tu pareja te da por el centro de los ovarios tocar estos temas.

O idolatras o queres ser Moria Casán, por su elocuencia y verborragia, porque queres vivir siempre del Touch and go, querés ser la única mujer de la argentina. Ni hablar de las que se creen o pretender ser Graciela Alfano, esas minas todas plásticas, quieren perdurar en el tiempo cueste lo que cueste, te haces toda nueva, dejas mal parados a tus hijos solo para hacerte ver y de paso tener un payaso como pareja, para después enojarte y defenestrarlo cuando te dejan por otra, sin olvidar el criado que le diste, quieren ser Graciela.

También eligen a Susana Gimenez, ese personaje que teniendo guita para comprarse una isla esconde un auto en un depósito para no pagar impuestos, queres ser Susana, para después decir a viva voz por televisión que los tipos delincuentes se te pegan, claro, vos no los elegís, ellos te eligen por estúpida necesitada de calor corporal, mejor dicho de una buena poronga.

Y claro está, las que eligen a Mirta Legrand, ese ícono de  la televisión que no acepta el paso del tiempo, esa que no entiende que cuando una se hace un lifting también debe hacérselo en el cuello y en las manos, pero quieren ser Mirta, y decir rosas a rococo rosadas y poder interrumpir cuanta charla interesante haya para meter un bocadito de boludez en la conversación, queres ser elocuente y sagaz como ella, estar rodeadas de cámaras y guardar 600 mil pesos en la caja fuerte de tu casa, solo para tenerlos. Pero bueno eso es para citar algunas como las elegidas por las mujeres, todos personajes con algunos talentos, unos más que otros.

Pero recuerden que hay muchos más, no se olviden de Tinelli, Fort, los chotos de gran hermano o de ese desagradable personaje, que fue presidente de los argentinos, ese tipo nefasto e innombrable, que según las mujeres era muy sexy… ¡¡¡Por dios, que ídolos!!!

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