5 cosas que odiamos de las vacaciones

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Vacaciones, palabra que entra en la lista de cosas que adoramos junto a «control remoto», «tontoculiado» y «tu hermana».

Pero no todo es color de rosas.

Tomarse vacaciones implica una serie de cosas que también odiamos, o nos molestan, o nos tienen los huevos al plato.

1. Organizarlas

Organizar las vacaciones en la mayoría de los casos es un bardo. Si te vas con amigos comienza desde ponerse de acuerdo al lugar donde vamos a ir hasta el pelotudo que se baja un día antes y te arruina todos los cálculos monetarios. Si te vas con tu familia, tenés que ser muy cuidadoso a donde ir, que tenga baño decente, que tenga camas cómodas, que sea seguro para los chicos.

También tenemos el estrés que te genera gestarlas. Si no sos una persona organizada, probablemente las comiences a armar un mes antes de irte, conjuntamente con tu laburo, facultad o cualquier actividad. Llamás para consultar precios, alquileres y hasta service para el auto y siempre hay un Pepe Grillo que desde adentro te dice TE ESTÁN CAGANDO. Pero bajás la cabeza y le das para adelante. Y llegás al punto que necesitás vacaciones de la organización de tus vacaciones.

2.  Trabajo

Acá tenemos dos culpabilidades:

Vos: no logras despegarte del trabajo. Armás la valija pensando en si te faltó algo que tenías que entregar antes de irte. Viajás pensando en algún recordatorio colgado de una que otra reunión que se te olvidó suspender. Te metés a la playa pensando en las cosas que tenés que hacer cuando vuelvas, y el bardo que eso genera.

Tu jefe: jefe, compañero de trabajo o el portero. Nunca falta el pelotudo que te llama o manda un wasap justo cuando están tirado en la arena o escalando una montaña preguntándote sobre un presupuesto, sobre la contraseña del wifi o si la cafetera usa agua fria o caliente para que funcione. Todos putos.

3. Amorío de verano

Que lindo es el amor. Cuando te toca. Sino, te vas con tus amigos quienes todos pegaron minitas al segundo día y vos nada. O te vas con tu familia, y tus hermanos, hermanas, primos o  hasta el tramposo de tu viejo conocieron a alguien de Rosario, y vos, meta wasap y Facebook.

Bueno, tranqui, queda la opción de salir a bailar, a un bar o algún bolichón nocturno donde conocerás a una cordobeza que te va a volar la cabeza. Pero no, volvés más virgen que George McFly antes de conocer a la madre de Martin en Volver al Futuro 1.

4. Ofuscado nivel Dios

A todos nos pasó de irnos de vacaciones y en ciertos momentos analizar una situación y saber que la estamos cagando. Te vas a Chile, comprás un completo, pagás y se te ocurre hacer el cálculo del cambio para saber cuantos pesos argentinos te gastaste. Puteás. Vas al boliche, te comprás un trago. Calculás. Puteas. Salís a comer un jardín de mariscos. Pagás. Calculás. ME CAGO EN SATANÁS.

Otra situación es llegar con tus 38 amigos al departamento y descubrir que hay un solo puto enchufe y que encima no hay cálculo matemático que hagan coincidir las fichas, salvo un adaptador creado por la NASA.

Ni hablar de la arena en el sanguche de milanesa, el vaso de fernet recién preparado que algún gil te pateó y terminó regando la playa o el horrible engendro flaco deforme con rastas sucias, pero que sabe tocar la guitarra y se acapara las minitas de la tarde.

Las vacaciones se hicieron para no pensar.

5. La vuelta

Volver a la ciudad. A tu casa. Manejar mil millones de horas todo ardido. Subirte al bondi y que te toque una María Marta Serra Lima de los 80´ que no para de roncar. Recordar en medio del viaje que se te olvidaron las ojotas, el cargador del celular, la Play 4 y las pastillas para el corazón.

Apenas arrancás la vuelta ya querés estar en la ducha de tu casa, en tu estúpida y sensual cama, pero todavía faltan 2934234 horas.

Llegaste. Largo pero ya estás en casa. Te bañás. Te relajás. Ves el celular, programás la alarma y ves que te quedan 4hs para dormir y arrancar de nuevo con el laburo. Ese laburo que cuando llegués te vas a desayunar con mil problemas, porque claro, cuando uno no está y pasa algo malo, probablemente seas el culpable.

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