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Consecuencias de NO mandar a tu hija a Disney a los 15

Antes de leer esta nota tenes que haber leído Las consecuencias de viajar a Disney a los 15

Andrea cumplía años en pocos meses y sus padres cayeron en la cuenta que no habían organizado un carajo para dicha fecha. Si bien hacía tres años que estaban divorciados, retomaron el diálogo en pos de lograr un acuerdo que hiciera cumplir con el mandato social de “la fiesta de 15” y toda la parafernalia. Descartada la “Fiesta”, para evitar las consecuencias desagradables de rejuntar ambas familias, surgió la idea de mandarla a Disney a la pendeja, pagando cada uno la mitad del viaje.

Todo venía bien, hasta que la mamá de Andrea se enteró que su ex marido tenía una novia nueva. “Si tiene guita para gastarse con esa puta, que te pague el viaje el solito” le dijo a su hija mientras la llevaba a la escuela.

Obviamente que el padre no le siguió el juego a quien fuera su esposa, y después de álgidas discusiones se tomó la peor decisión para Andreita… no se pagó el viaje, a chuparla. Y en su reemplazo hubo un mini festejo, valls de Chayanne incluido en el quincho de un Club de barrio.

Esos meses agitados marcaron para siempre la vida de la niña. En su interior rondaban sentimientos encontrados, bronca, odio, resentimiento, etc… Sus compañeras del CUC estaban en la pelotudez de los “15” y a ella no le daba el piné para subirse al tren de la superficialidad, pero interiormente lo deseaba. Veía sus “amigas” vestidas con las Adidas con puntera y buzos de Winnie Poo y empezó con la crítica como método de autodefensa “Se hacen las inocentes y le tiran la goma al novio en el baño de sus casas” decía cada vez que tenía oportunidad, “fuman como guanacas”, “salen y se toman un litro de vino en caja entre cuatro y terminan llorando hechas teta”. No le quedó otra que hacerse Emo, pero se dio cuenta a los tres meses que el negro le quedaba como el orto y que juntarse en la galería Caracol era una pelotudez fenomenal.

Fue en ese periodo de búsqueda interna, de debilidad interior donde comenzó a influenciarla el Nico, un compañero de clase acomodada pero de ideas izquierdistas (típico hippie con osde). Le regaló “El Capital” de Marx, libro que jamás entendió, pero que se vanagloria de haberlo leído. “Es mi libro de cabecera” repite cada vez que puede. En ese libro y en el Nico se materializó todo su rencor hacia sus felices compañeras, que volvían con buzos de Gap y con la virginidad perdida gracias a algún coordinardor con porte de Justin Beaver.

Palabras como “lucha de clases”, “imperialismo”, “burguesía”, “cheto, careta facho represor” comenzaron a ocupar su léxico. Terminó el secundario y lógicamente ingreso a Ciencias Políticas en la UNC, carrera que disfrutó hasta 3er año, cuando empezó a militar fuerte para una agrupación troska, cuyas asambleas no contaban nunca con más de 5 personas. Consumió mucho porro, tomó vino en caja, cantó Silvio (Rodriguez), Pablo (Milanes), Sui (Generis), y el Nano (Serrat). Decía que esa mezcla le hacía ver “la realidad”, poner los pies sobre la tierra. Se sentía orgullosa de no ir a Mc Donalds desde los 16 años y lo pregonaba con quien podía.

Tenía un bolso matero atornillado al hombro y una remera con la cara de Fidel y del Che que la usaba tanto que tomó olor a perro muerto en una bolsa de nylon bajo el sol de verano.

Apoyó todas las causas “antisistema”, marchó en tetas por los derechos de las mujeres, acto por el cual tuvo que depilarse, tarea que realiza cada tres o cuatro meses.

No usa perfumes porque piensa que es un elemento de invasión olfativa y sensorial que utiliza el imperio para lograr que la sociedad se subyugue a los intereses del capital, “además emiten gases que afectan a la capa de ozono” agrega.

En la actualidad es Concejal de un partido de Izquierda que está de moda. Cada tanto se clava un “Big Mac” de incógnito en la calle Las Heras. Y aún sigue recordando con rencor a las putas desgraciadas de las amigas con tremendos lomos de tetas operadas que tuvieron la suerte de ir a Disney.

Escrito por Marco para la sección:

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