Babosos por un bebé que babea, situaciones típicas

No hace mucho, en un tranquilo y pacífico domingo, recibí la visita de un amigo con su nena de un añito de edad. Un amor la gorda, pero fuera del ataque de ternura y ese instinto de «quizás en un futuro tenga uno de estos», me acordé que no me sale ser tierna por más de media hora, y me puse a analizar qué carajos estaba pasando alrededor mío.

Casi sin darnos cuenta, todos nos habíamos vuelto otras personas, actuando de una forma que si bien más de una madre sensiblota y primeriza va a calificar: «ES LO TÍPICO/CORRECTO/OBVIO/NORMAL Y VOS SOS UNA INSENSIBLE», era algo bastante cómico, y lo voy a llamar «El gobierno del bebé».

Y para que quede más claro, las situaciones más comunes que te regalan estas adorables criaturitas:

Te volvés un bufón a sueldo: Es la típica, los padres te cuentan que el bebé sabe bailar y es fija que a la primera música que ves que le llama la atención al pendejo te ponés a bailar como un boludo para que el crío te siga. Lindo, tierno y una conducta bastante buena a los ojos de los padres, ya que ven que hacés un esfuerzo por caerle bien al nene/a. Pero, eso no le quita que al ojo clínico, parezcas un boludo bailando solo con un niñito mirandote con cara de: ¿Y vos qué te fumaste? Ni te cuento uno que tiene la cara como el suave culito que lo acompaña, ahí ni trayendo al mismísimo Piñón Fijo para que te acompañe en una rutina zafás de quedar como el bufón que baila para que no le corte la cabeza el rey del mundo de los llantos taladra tímpanos, ni de convertirte vos mismo en el rey… de los pelotudos.

Sos el perro: Los niños a esa edad tienen esa puta costumbre de estrellar contra el piso todo chiche que les pases para que se entretengan. Llaves, sonajero, pulseras, una pelotita o el nokia 1100 que todavía vive, si el pendejo lo tira, vos vas como un boludo y lo levantás para dárselo de nuevo en la inocente manito así lo vuelve a tirar y vos repetís la secuencia hasta que o te hacés el boludo y lo dejás tirado, o el rey se cansa y te deja en paz. Si le sumás un jadeo con la lengua afuera, con un poquito de suerte los padres te adoptan como mascota y comés gratis de por vida, lo que sale redondo si la criaturita sabe compartir y te da un pedacito de lo que está comiendo mientras te dice: «PAPA». (Cosa que seguro ya te hizo y vos después de comer te acordáste que el pendejo tocó el piso, el hocico de tu perro y a saber qué más).

Rogás por un subtítulo: Los bebés, como algunos adultos y quinceañeros, no tienen desarrollada esa función tan importante que es el lenguaje, por lo que a todo se refieren con un balbuceo. Babau, papa, lala, caca, taratatara y balakdfklsadkjs. Los básicos, como toda película en otro idioma sin subtitulo, los sacás por contexto y podés darte cuenta que «babau» es el perro que está al lado, «papa» la comida arriba de la mesa y así los otros. Pero si viene el engendrito de la nada y te tira un «jakahlajahabaa» vos te ves en la opción de darle la razón como a los locos o quedar como un total boludo y preguntar con cara de tragame tierra un: «Ay qué divino, ¿qué carajo me dijo?». Y en esto tengo que rescatar la interpretación o imaginación de algunos padres para decirte que el nene, con un «lalalala» te dijo que quiere la leche con chocolate y dos medialunas de la panadería de la esquina. Claro, se entendió.

Guardaespaldas del presidente: En este caso nunca sé a quién culpar, si a los padres que no se paran de las sillas donde probablemente descansan de pasar muchas horas con un ser humano destructor de testículos, o la evolución en sí misma por mandarnos al mundo con una pila Duracell que se activa cuando aprendemos a caminar, pero esta es la peor de todas las situaciones. Al nene se le antoja explorar un mundo nuevo, el cual resulta ser tu casa, la cual muy probablemente no está preparada para ser habitada por uno de estos seres. ¿En qué resulta esto? Terminás caminando pegado a la espalda del pendejo, cuidando que no toque esto, que no abra tal puerta, que no rompa esto otro, y sobre todo, QUE NO SE CAIGA. Fuera del daño, cosa que siempre hay que evitar, es la mirada de odio que te tiran los padres si el nene se cae mientras vos lo perseguís como un guardaespaldas de la realeza. Sí, no me cae bien el engendrito revuelve casas, pero tampoco me lo banco llorando con surround incluido, yo no lo hice caer.

Y bueno, espero que esto no despierte la ira de madres que probablemente me condenen diciendo que algún día o voy a ser madre; o peor, que me digan que por ser así nunca lo voy a ser. Acuérdense que se viene el día del niño y no voy a ser yo la que tenga que recorrer un Mendoza repleto de gente histérica comprando como si fuera el fin del mundo. No tires el pañal abierto para arriba porque te puede caer en la cara.

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