Comerse una respuesta desubicada en un día de mierda

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Era un Lunes, caluroso, 30ºC, el centro de Mendoza lleno hasta las bolas de gente en traje corriendo de acá para allá, estudiantes de medicina, abogacía, arquitectura, etc., todos desparramados por las veredas, no faltaban esas personas que no te dejan pasar, las que caminan a dos 2 por hora y las que van de a 5 cuerpos ocupando todo el espacio público. Habían bocinas, gritos y chiflidos también, tacheros que se te paran en el medio de la senda peatonal y no te dejan pasar, en fin, un lunes de mierda como todos los lunes.

Me dirigía en el 52 Sta. Ana para volver a casa después de un día agitadísimo, y desde temprano todo había empezado mal: Me quedé dormida y salí hecha un zombi igual a los de The Walking Dead,  me olvidé la carpeta de resúmenes en casa, se me cayeron 50 pesos de la billetera, y si tu día va mal, perder plata es el colmo, se me apagó el celular y esperaba un llamado importante, se me rompió el tirante de la mochila, me acordé que el abono no tenía mas pasajes así que eso me llevó a tener que gastar mis últimos míseros $25 en un taxi hasta la terminal, en fin, todo mal.

Me dirijo cuan transeúnte al kiosco que esta en la terminal, y como de costumbre, el simpático del rubio que trabaja ahí me dice con su simpática cara que no hay mas carga (el chabón no habla, para mi se hace el rico el pelotudo porque directamente mira el cartel que dice “no hay Redbus”, como para que te des cuenta solo), bien… con calma me retiro antes de putearlo de arriba abajo, ¿porque cada vez que necesito carga el kiosco no tiene?, me pregunto para que dicen que cargan si no cargan una mierda… genial.

Eso me lleva a tener que caminarme todo hasta el drugstore entre Catamarca y Rioja, pasar por debajo del puente, y cruzarme a todos sus personajes, pasar por el hospital Central, y de ahí patear un par de cuadras, que cuando lo cuento no suena taaaan largo el recorrido, pero con mi humor se me hizo eterno, en fin, estoy haciendo la cola para cargar el abono y veo pasar muy rápido 3 micros, uno atrás del otro, era como si mi día me estuviera diciendo: “Vamos a ver cuanta paciencia tenes antes de romper todo en frente de toda esta gente”.

Llegando casi a la parada en Catamarca, se me acerca un simpático jovencito, de traje con un maletín y un montón de folletos que me detiene para hablar sobre un tema de viajes. Doy fe que si no hubiera llevado los lentes de sol, el muchachito hubiera seguido caminando porque directamente se habría dado cuenta que no hacían falta palabras para mandarlo a concha de su hermana y si tenía tiempo a la de su prima también…

Bueno, pasó que se me pone hablar sobre viajes, lo primero que se me ocurrió fue decirle que estaba apurada, pero no, el insistió con que era en cómodas cuotas y que podía irme con mi marido e hijos o con mi novio a pasar unas lindas vacaciones, pues bien, le dije que marido e hijos para otra vida y que novio no tenía, lo que lo llevo a decirme que eso se podía arreglar, haciéndome un risita chota (típico chamuyo barato) la verdad, no le conteste, no hacía falta, mi silencio fue mucho más hábil, pero como todo vendedor me seguía explicando sobre los viajes, que eran a México y ahí le largue todo:

– A ver, vamos a ser claros porque veo que de la manera en la que estoy tratando no me entendés, acá vamos… (Me arreglo un poquito el pelo y me sacudo las manos) ¿vos me querés vender un viaje a México, sabiendo todos los quilombos políticos y sociales que tienen? Si quisiera que me maten, me secuestren o me violen, no se, me voy a Buenos Aires, que me queda mas cerca, y de seguro no me gasto la plata que tendría que pagar en “cómodas cuotas” ¿no? aparte no se, si quisiera irme de viaje llamo de ultima a un aeropuerto o a la terminal, que es mas seguro, y de paso me voy mas cerca, a la casa de mi abuela, no se, no a la concha de mi hermana, además ¡mira si voy a comprarle un viaje a un desconocido por la calle!, ¡mira ese maletín por dios! ¡Vaya a saber que tenes ahí adentro!

A lo que contesto:

– Emm, más folletos.

– Con más razón, desconfío el doble con esa respuesta, ¿no tendrías que llevar documentos o esas cosas?

– No, esos están en la agencia, yo solo los promociono.

– Bueno, no sé, no me importa un joraca, y no soy mala si eso pensas (porque se veía un tanto afligido) tuve un día de mierda, y vos no me lo estas haciendo mas fácil. Aparte, ¿vos me ves que tengo cara de que puedo llegar a tener hijos y marido? ¿Tan hecha mierda estoy? ¿O de tener plata para irme de vacaciones? ¡Mira a la altura del año en la que estamos y ni siquiera un poco de color en la piel tengo! ¡No tengo ni para ir al río para tomar sol que me tengo que subir al techo de mi casa, cuidándome de que el pendejo pajero de mi vecino no me mire! Ahora, ¿tengo cara de que tengo plata? No, creo que no. ¡En bondi ando nene! ¡En bondi! ¡Ni para el café de enfrente del hospital me alcanza! Así que te voy a pedir encarecidamente que no me rompas las bolas, porque no quiero ningún viajecito, soy pobre, espero que haya quedado claro. Gracias.

Seguí caminando hasta llegar a la parada y en eso llegó el bondi y me fui a casa.

El pobrecito no tenía la culpa de nada, pero si empezaste chamuyandome con eso de “te podes ir con tu esposo o novio” para sacarte la ficha si estas soltera o para meterte un viaje, empezaste mal, a menos que el que me lo ofrezca sea Jhony Deep y de paso que me lo pague él, así si, encantadísima.