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Es cada vez más difícil coger en Mendoza

Coger en Mendoza… ¡que misión difícil por favor!

Si bien el titulo con la palabra «coger» seguro dio una trompada a la atención del lector, este tema es mucho más delicado y menos provocativo que lo connotado, pero tenía que traerlos hasta acá para que reflexionemos todos en conjunto. De ahora en más, abordaré esta temática con el vocabulario más pertinente posible.

Ayer Conep llegó a la oficina riendo mientras me contaba que una amiga de su esposa andaba diciendo que yo «me le tiré» a una conocida que está de novia y a punto de disfrutar de las delicias del concubinato con un muchacho.

Yo quedé un poco descolocado, primero que nada, desconocía el nombre de la chica como para medir mí accionar para con ella, y en segunda instancia generalmente soy tildado de «cagón» y «dormilón». Como mucho podría haberle comentado una foto, o como un acto muy osado, invitarla a tomar algo.

Como podrán imaginar, insistir no es una posibilidad recurrente en alguien con mis destellos de egocentrismo. Entonces me quedé reflexionando sobre lo complicada que se vuelve la cuestión de tener sexo en Mendoza.

¿Y porqué conecté esto con el sexo?

Cuestión de lógica, si me contacté con esa chica que no recuerdo, claramente no estoy enamorado, entonces por decantación sentía una atracción hacia ella. El que me niegue que la mejor forma de saciar la atracción no es el sexo, se lleva la estrellita de la pelodutez del día.

Entonces, el marco es que yo deseaba copular con ella y la «traidora» no solo se luce, si no que me deja como un acosador, o un desubicado, cuando sólo intenté comunicar y compartirle mi atracción hacia ella. No digo que debiese aceptar mi invitación, ni que empapele su habitación con capturas de los halagos que le habré dedicado, pero al menos si quedarse callada sobre lo sucedido y no florearse con sus amigas con una historia seguramente adulterada. O ¿Por qué no? Responderme al toque contándome que está de novia, al fin y al cabo, somos seres sociales.

Coger está difícil, hay mucha histeria en el aire…

¿Cuál es el camino más fácil?

Si algo le tengo que agradecer a los smathphones es la existencia de Tinder. No había tenido la oportunidad de probar la App en Argentina, pero cuando inicié un viaje por Europa se me dió por instalarlo. Fue la gloria misma, tenia «matchs» gloriosos de hostels aledaños y un crisol de bellezas y culturas a disposición de mi apetito sexual.

La verdad que había tenido unos resultados memorables en el exterior, asique supuse que si tuve éxito en otro lado, quizás acá también daría buenos frutos.

 

Tuve que sortear barreras idiomáticas, raciales, culturales y adaptarme al mambo de cada persona con la que me juntaba, pero acá se juega en nivel Dios.

Primero que nada, hay una especie de burocracia virtual antes del encuentro cara a cara. El primer paso es ganarte el match, en segunda instancia, y como para ir tomando más confianza persona a persona, te pasan su instagram, chateas por ahí, hasta pasar al siguiente nivel (el tercero) finalmente te pasa su número. Desde que tenés su número, calculale unas dos semanas de papeleo y si hacés las cosas bien, te ganaste la birra. Incluso varios de mis matchs en Mendoza, ni siquiera me han respondido.

A ver ¿qué clase de sociedad retorcida, se complica tanto en una aplicación que es para tener sexo? Coger está difícil, hay mucha histeria en el aire…

Y mientras siga siendo así, siendo una sociedad chota que necesita ponerse en pedo y estar en el boliche para dar un primer beso. Seguiremos usando whatsapp para decirnos las cosas que no nos animamos a decirnos de frente. Continuaremos comentando con un fueguito en sus fotos de instagram para ver si nos da bola. La rutina de las capturas escrachadoras permanecerá. Seguirán los testimonios de quienes terminan con el corazón roto por enamorarse de alguien que solo quiere garchar. Mantendremos eso de ponerla una vez al mes, total es un tiempo prudencial como para contarle a todo el mundo. Viviremos del chisme y no de las experiencias.

Vamos a seguir haciéndonos los ricos en la provincia en la que cogen sólo los que están de novios. Y de lo ricos que estamos, vamos a seguir tardando meses en decir que nos gustamos.

El Mendocino insiste en seguir viendo al sexo como un tabú y no como otra forma de relacionarnos, de conectar.

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