El garrón de ir al shopping con tu novia

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Todos acá en Mendoza, hemos ido al shopping, ya sea a pasear, o solo para derrochar guita. Varios hemos salido con grupos de amigos, o en su defecto, con la ñora.

En mi caso, odio ir de compras. No hay cosa más mentirosa que ir de compras. Todo está lleno de mentiras. Todo está maquiavélicamente armado, pensado para cagarnos el día. Sin ir más lejos, por ejemplo tu mujer te dice:

-¡Hoy vamos a comprar al Shopping!

¡Ojo campeón! Ahí va la primera mentira.

Vos la miras con cara de 22 corto y ella te dice:

-Si va a ser un ratito nomas… no ves que no tengo que ponerme.

¡Segunda mentira! Siempre dicen «un ratito” y al final estas toda la tarde como burrito de carga, arrastrando las patas peor que el chabón disfrazado de Jesús en La Pasión de Cristo (mansa película).

Porque los hombres vamos a comprar y las mujeres van “de compras”. La diferencia es que vos vas a comprarte unas zapatillas y un par de camisas, (que sabes que te van a quedar mal o van a ser parecidas), y ellas van a comprar lo que vean. Dan vueltas y vueltas. Pasan tres veces por el mismo negocio y las tres veces miran lo mismo. Después de más o menos 2 horas, por fin, diste más vueltas que los caballitos del parque, todo para llegar a un solo lugar.

Y luego de tanto trajín viene la segunda parte: buscar. Media hora más buscando hasta que encuentra lo que quiere. Ahora se va al probador. Y vos, como no, le servís de perchero. Estas ahí, rodeado de mujeres riquísimas comprando, mientras vos le sostenes el corpiño de animal print rosa a tu ñora. Obviamente sabemos que estas carpeando ahí los ojetitos de las pendejitas de 18… hijueeetigreee

-¡Mira amor! – te pega el grito ella.

Y vos vas ahí, con todo el quilombo de ropa encima, llevándote por delante a la señora gorda que sale idiota del probador porque no le entra el chupin xxl.

-¿Cómo me queda?

-Y, bien, bastante bien mi amor.

¡Tercera mentira! Todos sabemos que estás pensando: ¡jajaj te hace patas de maceta jaj! Pero a una mujer nunca se le lleva la contraria, porque si no, no la pones negro. Y ahí va ella todo convencida de que es Scarlet Johanson. Le paga a la cajera, con cara de mal cogida, obvio… y entonces por fin te vas… ¡de ese negocio!

Al salir te dice tu novia:

-¿Te fijaste en la cara de culo de la cajera?

-Y que querés, ¡si le dejaste el negocio como si fueras una manada de elefantes!

-¡¿Me estás diciendo que estoy gorda?!- te dice como si le hubieras dicho que te comiste a la hermana.

-Nooo mi amor, si estas re bien.

¡Otra mentira! Y ya van cuatro bichi.

Y esa es otra de las tantas giladas malas que tiene ir de shopping con la ñora, que siempre que se prueba algo te pregunta:

-¿No me ves muy gorda? He engordado, ¿no? Como no me va a entrar el pantalón si me tenés todos los días comiendo pizzas

En una de esas interminables vueltas que das por el centro comercial en cuestión, encontrás un negocio donde venden zapallantas de hombre, y pasas a comprarte un par, simple. Pasas y agarras las primeras que ves que te han gustado y mientras te las probas, ves venir a tu novia con veinte cajas de zapatos.

-Probáte estos mocasines, que para ir al trabajo no tenés nada presentable. Probáte estos, que se re usan ahora. ¡No, no, mejor estos! ¡O estos!

-No hace falta gordi, si tampoco es que me la paso caminando.

-Pero dejáte ayudar, que no tenés ni idea de lo que se usa.

-¿Y a mí que me importa lo que se use? Yo lo que quiero son estas zapatillas, de lona, tranqui.

Pero al final, fracasaste con tu palabra de macho y te terminas llevando los veinte pares de zapatos que te tiro encima la jefa.

Seguís dando vueltas como pelotudo por el shopping, y tres negocios más adelante ella se para y pone la cara que puso cuando vió el final de Titanic.

-¡Gordiiiii! ¡Mira esta camperita: setenta pesos más barata, y más bonita que la del negocio que fuimos antes! Si no me llevaras tan a las apuradas yo habría venido acá y no hubiera gastado en el negocio de la mina caraculica esa…

Y vos ahí con cara gil, pensando por dentro: “seguí sola y dame plata para los juegos, déjame ir a los juegos loca”.

Cuando ya parece que se va poniendo bien la cosa es cuando te vas acercando a la parte de los televisores.

-¡Por fin puedo ver cómo va Boquita carajo!

Pero se te viene el mundo abajo cuando ves que los conchudos del lugar están viendo un documental de como coge la cucaracha.

Seguís para adelante, vas con tu cara de  pito flácido, y tu novia que parece un transa buscando al cliente que le debe guita, mirando a todos lados, con cara amenazante y con lentes de sol negros… dentro del shopping… 7 de la tarde.

Pasas al lado del bar y miras de reojo el tv -¡Mierda, van perdiendo los culiaos!

Tu novia te mira.

-Pero, ¿Qué te pasa, cuchi? Alegra esa cara, ¡estamos de compras!

¿Y ese es un motivo para alegrarse? Me duelen las patas

-Vamos a la planta baja, que ahí si tienen cosas buenas.

Y se van los dos a las escaleras mecánicas, vos cargando las bolsas petes esas y ella adelante. Pero claro, hasta que llegás tenés que pasar otra vez por todos los negocios, porque está todo estratégicamente ordenado: las escaleras para subir en una punta y las escaleras para bajar en la otra, de tal forma que si querés subir o bajar tenés que pasar por todos los locales. Cuando vas por las escaleras ves a los pendejitos agarrados de la mano de sus papases con cara de tontos, que parece que nunca han subido por unas escaleras mecánicas. Cuando llegas, te dice tu novia:

-Me voy al Falabella, ¿vamos?

Y piensas vos la pensás, sacas tu macho alfa de adentro y le decís:

-Gorda anda yendo que voy al baño yo…

Entonces, como no tenés otra cosa que hacer, te vas al Fravega y, sin que te vea nadie, cambias de canal y pones el partido.

En fin, pimpollos míos, si no fuera por los negocios de tecnología, ¿Quién aguantaría una tarde entera de domingo en el shopping?

¡Aguante la tele y vamos Boquita carajo!