El gran defecto de los Mendocinos

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Mendoza es maravillosa. Tenemos miles de cosas geniales en nuestra provincia, como el mejor malbec del mundo, ríos, diques y montañas en verano, sol y nieve en invierno. Tenemos agua y aire puro, espacios verdes fantásticos, cuevas, desiertos, lagunas, rutas. Tenemos universidades, hospitales, un lindo centro urbano, campos, plantaciones y territorio para expandirnos hacia los cuatro puntos cardinales, aún somos una fusión agradable entre campo y ciudad. El gran problema de Mendoza es que estamos llenos de mendocinos.

Y no es que seamos malos como mendocinos, somos buena gente, agraciados estéticamente, fraternos, simpáticos, relajados, laburantes y, por suerte, aún no tenemos los vicios del hombre urbano. Pero tenemos un gran defecto, una marca imborrable, una mochila imposible de quitar, una falla de origen que tira por el piso nuestra cotización, nuestro valor agregado, nuestra puesta en escena… no somos apasionados por lo nuestro.

Al estar en el medio, entre una provincia colonial, con tintes de pueblo y una metrópoli, con tintes de centro urbano, vivimos consumiendo los productos de los ajenos y defenestrando los nuestro, sobre todo en el ámbito cultural y deportivo. Maldita condición de aspirar todo el día a ser lo que no somos. Todo lo de afuera es fantástico, todo lo de acá es una mierda. No nos fanatizamos por nada, no le hacemos el aguante a nada de producción provincial. No somos capaces de reconocer nada de lo bien hecho en Mendoza y tenemos todas las luces prendidas al momento de criticar lo nuestro. Cualquier producción exitosa en Mendoza es automáticamente vapuleada principalmente por los mismos colegas, amigos y compañeros de profesión (actitud que es recalcitrante y vomitiva). El éxito de un producto es sistemáticamente adjudicado a la «suerte», al «momento», a un «espacio vacío», pero jamás vamos a reconocer que algo es bueno, que algo nos gusta, que algo nos genera fanatismo y pasión, porque claro… nosotros no somos apegados a nada y nada controla nuestra forma de pensar, pero bien que vivimos enchufados a Buenos Aires más que los mismos porteños.

Mucha gente en Mendoza se rompe el orto haciendo cosas, invirtiendo tiempo, cabeza, dinero, vida en proyectos, y nada… si la moda no te acompaña, si la suerte no te acompaña, si el destino no está justo ahí con vos, jamás podes esperar “el aguante” del público mendocino.

Por eso nada se mantiene exitoso en el tiempo, por eso los boliches pasan de moda, los bares pasan de moda, los lugares pasan de moda, salvo algunos casos todo pasa de moda, porque no nos apasionamos con nada.

Atestamos las salas de teatro cuando viene cualquier mierda de revista de afuera, pero no somos culo de ir a ver una obra ni siquiera gratis acá, ¿te has preguntado porque nunca fuiste al teatro? Y seguro te morís por verlo a Gasalla actuar o a Nito Artaza poniendo en bolas a gatos baratos. Nos tatuamos logos de bandas porteñas, las seguimos por todo el país, las escuchamos todo el día, pero no hemos pisado jamás un recital mendocino… «son malos, son copia, hacen covers, no se escucha». Ni hablar de comprar un disco o pagar un recital de alguien de acá… ¡ni en pedo! Nos vivimos quejando de la tele, pero no nos detenemos ni un segundo el las zarpadas producciones de Acequia, donde cientos de mendocinos laburan a niveles híper pro, haciendo fantásticos programas. Y aunque de la boca para afuera destrozamos a Tinelli, “el Bailando” nos lo sabemos de memoria. Tan patético como cuando nadie votó a Cristina y sin embargo ganó con el 54%…

No nos fanatizamos, no nos enamoramos de nada, no nos la jugamos por nada, no somos un público de culto, somos una caja vacía, siempre con miras afuera, mientras la vida se nos pasa en querer ser lo que no somos, bastardeando lo propio. Si un músico mendocino no se va a Buenos Aires, no lo sigue ni su familia, los escritores acá no los lee nadie, jamás te comprarías un libro mendocino, ¿hacer radio? Tenes que pedir por favor que te escuchen, regalando estupideces para que te sigan y pagando para estar al aire. Eso si… amamos las radios porteñas y somos re cool si escuchamos a Pergolini.

Cualquier producción televisiva “es copia de”, cualquier radio “es igual a”, cualquier banda “es idéntica a”. Si escribís para Los Andes o El Sol, sos Clarín, si escribís para el Uno, sos Vila/Manzano, si escribís para MDZ sos Terranova, si escribís para El Mendolotudo sos cualquiera (y nadie se detiene a preguntar cómo siendo “cualquiera” llevamos cinco años). No importa cómo o qué escribas, nadie se va a fanatizar con tus textos, porque “sos de”, “estas comprado por”, “sos chupapija de”, “sos empleado de”… ahora Lanata explota en Mendoza. Él es groso, independiente y sobre todo… bien porteño. Incluso entre los mismos colegas periodistas se bastardena, se envidian y ningunean. Son una basura.

Los dos principales canales mendocinos, el 7 y el 9, tienen casi todos programas de afuera, porque los de acá los ponen a horarios de mierda y ni siquiera son culo de invertir dos mangos en promocionarlos, claro… si no los ve nadie. Y a nadie le importa si están buenos o no, ni siquiera los vemos.

Deportivamente ni hablar… tenemos un equipo en primera y no lo seguimos ni a gancho, no paramos de matarlo y celebrar las pálidas, no somos capaces ni siquiera de entender la importancia de tener un equipo en primera. Canchas vacías, bardo, los mismos de siempre. Vienen los Pumas, van tres pelagatos, vienen las Leonas, van cuatro, ni siquiera los clásicos se dan a cancha llena acá, cero fanáticos, cero camiseta, cero amor. Paja total.

Párrafo aparte merece la política, no somos ni peronistas ni radicales, somos la contra, somos los tirapiedra, no somos capaces de jugárnosla por una ideología ni en pedo… “¡que van a decir si levanto bandera por esto o aquello!” Y si lo hacemos, no somos capaces de generar una puta autocrítica, “¿que van a decir si hablo mal de mi partido?”… tibios, grises, mediocres.

Además de todo lo que la geografía, la naturaleza y la historia nos ha dado, podríamos ser lo mejor de Argentina, si apoyásemos un poco lo nuestro podríamos tener una entidad cultural intensa, ser un polo teatral, deportivo, musical, televisivo, artístico y literario. Miles de personas talentosas se desloman por hacer por y para nosotros, sin resultado alguno, siendo olvidados y ninguneados hasta por sus pares. Podríamos ser una provincia maravillosa… pero no. Es más fácil quejarse, criticar al que hace, dormir la siesta y seguir consumiendo porteñadas a morir.

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