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El novio de mi amiga es un pelotudo

Lo dijo alguna vez el gran Fontanarrosa: “No es lo mismo decir que alguien es tonto o zonzo a decir que es un pelotudo”. Es una palabra tan común en el menduco y en el argentino en general, que no quise utilizarla reiteradamente sin realizar una exhaustiva investigación etimológica de la misma, cómo surge, en qué época y porqué adquiere tanto auge en el vocabulario argento. De más está aclarar que la pesquisa consistió en colocar “pelotudo+significado” en Google, lo que dio por resultado un millón de pelotudos tratando de explicar que cornos es un ejemplar de su misma especie, entonces mejor dejémoslo como una persona con pocas luces, como decía una definición que ví por ahí.

Ahora, el grueso de pelotudos tiene un lugar de concurrencia común, un espacio indelegable donde sí o sí te encontrás a alguno, y es en la lista de novios de tus amigas o de tus parientas. Cuando te cruzás a un pelotudo normal, podés putearlo, ignorarlo, no verlo nunca más o volver la mesa que viene. Pero acá te lo tenés que bancar en cada encuentro social con tu amiga, sin decir ni pío. Lo más probable es que vos también hayas tenido uno así al lado, pero el velo del amor te ocultó la verdad que todos sabían: Era flor de pelotudo.

Acá van tres tipos, cada uno con sus características individuales. A ver si tienen alguno en vista.

El intelectualudo: Poseedor de un sentimiento de superioridad desbordante. El se las sabe todas, su mirada es reprobatoria de todos y cada uno de los individuos que se cruza. Se piensa que conoce de política y de mundo como el que más. Se hace el fino y catador de vinos, y lo máximo que probó fue un Relincho. Este pelele seguro es estudiante de abogacía y aunque no sacó aún las materias de primer año, ya anda con lentes y traje, haciéndose el doctor, dando consejos legales y citando leyes como un lorito. Seguro va rendir sin estudiar totalmente convencido de su superioridad. Irónicamente, es un looser y tu amiga lo justifica en todo: Puede que no labure o que lo rajen siempre, porque es un PELOTUDO. Hay una versión reloaded de este, sólo para estómagos expertos: El descalificador de novia. Se pasa humillándola y corrigiéndole cada palabra, tocándole la cabeza y diciéndole “Pobre, es que no entiende”. La compara con otras minas y le recalca que está gorda cuando agarra una empanada. Para pegarle con un bate de beisbol en las pelotas.

El Don Juan DeMarcolotudo: Tiene un olfato especial (diría que superior hasta al de Fernando Conep) para encontrar gatas en celo. Donde detecta alguna, ahí cae este señor. Son incontables las veces que les tiró los perros a vos y a tus demás amigas, obvio que a espaldas de Susanita, que aún piensa lo bellos que van a ser sus hijos y la casita en la que conviva con este flor de guampeador. Es de manos ágiles, no le pases muy cerca porque te toca el culo o te manotea una lola. Es capaz de violar a cuanta mujer se cruza en su camino sólo con la mirada. A la primera infracción, le advertiste a tu compañera que su novio era “medio” travieso con las chichis, y con esto pasaste vos a ser la Pelotuda Senior, ya que no te creyó ni media palabra. La única que queda es tolerarlo con paciencia, hasta que tu amiga llegue a su casa y lo encuentre en la cama con otra jugando a la mesa y a la silla.

El Súper Pelotudo: Imbancable, impresentable, insoportable. Como el de la propaganda de cerveza. Se pasa todo el día haciendo chistes malos, riéndose a los gritos, apenas termina de contarlos. El sentido de su vida es llamar la atención. Es un clon del personaje inicial de Brendan Fraser en “Al diablo con el diablo”. Sólo con escuchar su voz irritante, te da una acidez terrible. Rogás en cada juntada que haya tenido que trabajar, o que por cualquier milagrosa razón, no concurra. Encima la retardada de tu amiga, aplaude como una foca de Mundo Marino todas las pelotudeces que hace, pensando en el novio copadísimo que tiene. En realidad te da pena el pobre infeliz, es una mezcla de odio y lástima. Uno por ahí no tiene la culpa de haber nacido tan pelotudo.

Bueno, mis amores, me voy despidiendo, no sin antes aclarar, amigas reales de Mía, que esto es en broma: pura ficción e inventos, vénganse esta noche a casa con sus novios que hacemos flor de cena. ¡Con lo que los quiero y aprecio! ¡Faltaba más!

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