El típico y recalcitrante Mendolozurdo

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Mendoza es gorila, está en nuestra genética, en nuestra idiosincrasia. Somos quejosos por naturaleza, tirapiedras por ósmosis, llorones por costumbre. Lo dije en mi nota pasada, no somos ni peronistas ni radicales, somos la contra, el palo en la rueda, el deporte de la queja en su máxima expresión. Por más que nuestros negocios estén funcionando, nuestros sueldos alcancen, programemos viajes al exterior, tengamos autos cero kilómetro y casas del procrear, igual vamos a despotricar contra la “yegua” de la presidenta. Está en nuestra sangre, no podemos ir en contra de eso, es como pretender que pronunciemos bien la “y” o la “ll” o que le saquemos el artículo al los nombres.

Y si no somos ni peronistas ni radicales, mucho, pero muchísimo menos somos de izquierda. El “boom” Del Caño duró lo que un travesti en Al Sur, lo que un morocho en Apeteco. Fue el típico “voto castigo” contra el gobierno, que luego se movió hacia Massa. Mucho menos porque seamos massistas, sino porque somos la oveja negra de la familia. Así que ahí tenías, el mínimo núcleo de ilustrados fanáticos de la izquierda con olor a museo en el pelo que siempre van a apoyar a su partidito rojo (un 2% o 3% como máximo) y una parva de viejas chotas bronceadas en Julio votando por “el Nico”, viejos chetos comegatos en 4×4 votando por “la Sole”, hermosas jugadoras de hockey atestadas de fotos en piscinas con cabelleras sublimes, votando por “la Noe”. Sacando los votantes posta, todos los demás son una panda de disminuidos mentales que carecen de criterio alguno para votar, votaron a la izquierda por ser la contra. Pero, como la vieja chota, el viejo cheto y la pendeja rica votaban por quejarse, también había un grueso grupo de votantes “de izquierda” con una que otra luz más, con uno que otro ladrillo más, con algo de criterio… ellos son (o eran) los “típicos Mendolozurdos”.

Con esta nota no me vengo a hacer el innovador en el tópico, basta leer “Hippie con Osde” en Facebook para darse cuenta a qué me refiero cuando hablo de este desagradable muñeco. Pero es la idea regionalizarlo, amendozarlo, cuyanizarlo, para que podamos localizarlo a simple vista, caminando por el centro, con ánimos de evitar cualquier tipo de confrontación verbal con tan nefasto personaje.

El Mendolozurdo desprecia el capital, aborrece el vil metal, porque jamás en su vida tuvo que mover el meñique para tener algo. Suelen ser nenes bien o hijos de papás millonarios, cuya ausencia paternal siempre fue satisfecha con bienes materiales. Entonces como jamás nada le costó, carece de conceptos de esfuerzo, trabajo, recompensa y dignidad laboral. Ha encontrado reparo en una ideología política imposible de sustentar en el país, cuyo único objeto es la discordia, “el palo en la rueda”, ser opuestos a todos… similar a su sentimiento familiar y la rebeldía contra sus papitos.

Habla de las villas mendocinas reclutado en su imponente barrio privado o en su lujoso dos ambientes de ciudad, bien iluminado y fresco. Eso si… poca gente sabe donde vive.

Sustenta toda su base filosófica y política en el último viaje que hizo a Cuba, de vacaciones, pasando dos días por la Habana “all inclusive” y disfrutando de su estrepitosa pobreza, su miseria, su precariedad edilicia y su paupérrima condición de vida. Pero omite por completo hablar de la apertura de fronteras y el romance precoz que está viviendo hoy la tierra de Fidel con el imperio de caca Obama. Como así también elude hablar del sistema de gobierno de la China “comunista”. Que de comunista tiene lo mismo que Canci de varonil.

Habla con furia y despotrica contra el imperialismo, los yankys asesinos, el despiadado control que ejercen los países del primer mundo contra las colonias del subdesarrollo, mientras se enoja porque demora la llegada de su último Iphone y cuida como oro la Mac desde donde postea contra la Inglaterra bucanera.

Le parece excelente cerrar las importaciones, pero padece en secreto no tener una casa Apple cerca de su casa, en Palmares. Y ojo… esto es solo por quejarse, porque no entiende la lógica de la producción nacional ni un poquito.

Tiene conceptos detallados y precisos sobre la militancia territorial, sobre la acción social, sobre la empatía y el contacto con la gente, la necesidad de dirigentes activos, operativos y tangibles, pero el hecho de vivir militando versión 2.0, atacando al sistema desde las redes sociales, explotando de comentarios los medios de comunicación digitales de la oligarquía y entablando debates eternos y yermos en foros políticos, no le deja tiempo para salir un cachito a la calle y codearse con lo que tanto sabe de manual.

Como no tiene la mas pálida idea del concepto filosófico e idealista de desapegarse de todo lo material, se cree que su vestimenta no debe ser de marca ni careta, así que se gasta fortunas en pilcha de casas céntricas, alternativas, lado B y de “autor”. Las compra en ferias, se las trae de San Telmo o las compra en ventas de garage de la quinta. Tiene cientos de remeras muy hippies, pantalones cool, bufandas y gorros norteños y un arsenal textil en el vestidor de su habitación. Ojo… nada es de marca conocida.

Aplaude a rabiar el sistema estatal de educación, está agradecido de poder gozar de estos derechos y ocupar un lugar en tan ilustre espacio, así que lleva más de diez años garrapiñando un título en la facultad de letras o en la de ciencias, asistiendo periódicamente en el cero que le regaló el papito, tomándose cómodos años sabáticos y militando activamente para cogerse minitas y conseguir faso de calidad. La privada es para los capitalistas y los que no entran acá son burros y vagos. Él es capaz y formado.

Habla de la precariedad de los sistemas de salud estatales, enfurecido y verborrágico, de todo lo que hace falta en los hospitales, pero en sus treinta años jamás siquiera estuvo en la explanada del Central. No sabe dónde queda el Notti y se cree que el Hospital del Carmen es un geriátrico. Tampoco sabe dónde queda.

Trata a los trabajadores como sus “compañeros”, cuando en su vida trabajó. No tiene la mínima idea sobre costos laborales, cargas sociales, ganancias, inversión ni riesgo. Se cree que tiene empatía con los laburantes por acompañarlos una vez por mes a sus marchas y abrazarse a ellos para la foto, pero en su vida pisó una fábrica o cumplió una jornada laboral mínima. Ni para asistir a una fiesta de disfraces se puso un overol o mameluco.

No pisa ni en pedo la Arístides, ni ningún boliche de moda. Va a lugares under, alternativos, nada top, pero paga con Visa todos los gatos, porque no anda con plata encima. Le encanta darla de roto en Rumbo o de matado pensador en Aloha.

Implosiona con los empresarios explotadores, pero pide descuentos por pagar en efectivo y sin factura, presta servicios en negro, contrata gente en las mismas condiciones, viaja a Chile y se trae giladas escondidas, se copia en los exámenes le caga plata a los amigos en los asados en muy garca.

El Mendolozurdo en un forro, es un inútil inoperante, el más careta de todos, tiene la vida hecha gracias a sus viejos y jamás va a terminar de entender conceptos de humildad, fraternidad, entrega, igualdad, justicia social, lucha, esfuerzo y todas las maravillosas bases filosóficas de la izquierda utópica, porque jamás las ha vivido ni está dispuesto a vivirlas, prefiere abusar del beneficio de la queja desde la comodidad del capital.

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