El vil intermediario que todos tenemos que padecer

Muchas veces nos hacemos planteos filosóficos y existencialistas a lo largo de nuestras vidas; a medida que vamos creciendo vamos profundizando las preguntas e intentando encontrarle respuestas cada vez más amplias, punzantes y rigurosa. Nos preguntamos de dónde venimos, qué somos, hacia dónde vamos, nos preguntamos sobre el motivo de la vida, el motivo de la muerte, el porqué de las cosas, la razón de la vida. Es innato al hombre el preguntar “porqué” y es lo único y fundamental que nos diferencia del hombre.

Este podría ser el prólogo de una nota profundamente filosófica, donde debatamos ampliamente sobre cualquiera de estos tópicos, sin llegar a ninguna conclusión concreta (como suele pasar en toda discusión filosófica). Pero estamos en el diario Mass Negocios y acá hay que hablar de negocios, o sea…

Y tengo varias preguntas de tinte filosófico para hacerme en función de lo laboral, pero hay una que me quema, que me arde, que me asa las entrañas, a la cuál no lo encuentro respuesta alguna… y es sobre los intermediarios ¿porqué existen los intermediarios?, ¿cuándo dejamos los humanos que se metiese en el medio este nefasto personaje?, ¿porque somos tan sumisos de tolerar al más vil de los predadores de la cadena laboral?, ¿se imaginan un mundo sin intermediarios?

Es algo que no entiendo, no termino de comprender… los nefastos intermediarios, gitanos de la vida, chantas oportunistas, dueños de nada, engranajes endebles del sistema comercial moderno. Los tipos son los vivos del sistema, los cancheros, los que se llevan la mejor parte sin arriesgar nada. No son ni productores, ni consumidores; no generan, ni venden; no crean, ni ofrecen. Los tipos no invierten un mango en fabricar, ni un mango en publicitar. Están al medio, como la parte más rica de un sánguche, como el hermano que más gana en una familia, porque no es el vanguardista generador de todos los derechos a adquirir, ni el chotito mimado de la mamá. Son los cómodos del partido, ni atacan, ni defienden; no son los culpables de que el equipo rival les funda el arco, pero tampoco son los generadores de la victoria.

Están ahí, al medio, especulando, observando, esperando que nosotros, los giles y nuestra comodidad, tengamos que tarde o temprano caer en sus redes. Al acecho, como animales salvajes, como carroñeros esperando a que el lobo mate al cordero para luego saciarse sin sacrificio alguno.

¿Se imaginan un mundo sin intermediarios? ¡Que felices seríamos todos! Un mundo donde el productor venda sus frutas y verduras en la puerta de su campo al consumidor, en una bolsita, a un precio justo, sin verduleros de por medio. Un mundo donde el escritor escriba un libro y los lectores se lo compren por internet, y él se los mande, sin librerías de por medio. Un mundo donde tengamos un conflicto y lo arregle un juez, sin abogados de por medio. Un mundo donde queramos comprar un auto y no necesitemos a los agencieros de por medio, sino que podamos ir directamente a la fábrica. Un mundo donde tengamos los teléfonos de todas las fábricas y que de ahí mismo nos envíen las cosas, sin comerciantes de por medio. Un mundo donde el médico te venda los remedios, sin farmacia. Un mundo donde un un extranjero venga y no necesitemos despachantes para que nos compren nuestros productos. Un mundo donde grabe mi disco y lo venda a mis fans, sin Musimundos en el medio. Un mundo donde pueda pedirle perdón a Dios, sin un cura que me escuche. Un mundo donde yo mismo pueda llevar mis papeles a Afip y Rentas, sin la necesidad de un contador de por medio. Un mundo donde todo lo que produzca, pueda publicitarlo y venderlo por cuenta propia, sin la necesidad de ese atorrante metido ahí, ganando más plata que yo. Un mundo sin representantes, sin voceros, sin rosqueros, sin metidos, sin comisionistas, sin cobradores…

Viviríamos en un mundo feliz, sin guerras, sin hambre, en paz y armonía, pero no… preferimos la comodidad de levantar un teléfono o buscar a un tutor para que nos oriente en todo lo que queramos hacer o comprar. Estamos condenados a la miseria humana.

He dicho…

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