Ellas: Mendolornudas

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

¿Hay algo peor que ser cornuda/o? Debe haber males peores, pero sacando problemas de salud y dinero, yo creo que está en el top five de las peores cosas que le pueden suceder a un ser humano. 

En otra nota nos referimos a los mendolornudos, de manera burlona y sin piedad alguna, pero en esta vamos a entrarle de lleno a los  múltiples sinsabores que acarrea para una damita mendocina el saberse portadora de unos cuernos dignos de Blitzen (séptimo reno de Santa Claus). 

Comencemos por el principal hecho, que es saber que ese cuerpo masculino y compañero que nos daba más o menos matraca, con mayor o menor frecuencia, ganas, imaginación, ímpetu, frescura, desesperación, etc.; tuvo el tupé de tomarse todo el trabajo que implica llevarse una mujer a la cama, y más aún, el trabajo que implica hacerlo a escondidas, todo para después decir que “sólo sucedió”…. AMMMMMM esa excusa es tan pelotuda como decir: me tropecé y me caí arriba de una mina, y sin darme cuenta, ¡ya se la estaba poniendo! ¡Andá, paparulo! Las miraditas sugestivas, los piropos, los mensajitos chanchos, las saliditas románticas… ¿todo sucedió en un estado de ausencia mental? ¡La misma que tenés desde que naciste, seguramente!

Sigamos con la peor parte después de saber que te vieron la cara de recontra mil pelotuda y se cagaron en vos y en tu confianza, que es ¿y ahora qué hago? Claro, porque al sorete humano que tenemos adelante y a la relación que ambos tenían, le pusiste todo, tus planes a futuro, tu guita, muchas veces hasta hay hijos de por medio. Y ahora qué, ¿hay que tirar todo por la borda porque al muy forro no se le ocurrió dejar el chizito guardado por una noche? ¿A la mierda los planes, la casa, el casamiento en puerta o ya realizado, los créditos, la familia del otro, los chicos, los amigos en común, y miles de cosas más a las que una le apuesta cuando decide formar una relación? ¿Cómo mierda una persona puede ser tan obtusa y no pensar un poquito en todas las personas que forman su mundo, cómo decide alguien apostar por un pelo (de concha, en el mejor de los casos) toda su vida que construye día a día, y no sólo la suya sino también de la persona que dice amar y que lo acompaña desde hace años y lo conoce y banca como nadie? Que es la que carga con la peor parte, porque además de todo debe ponerle el pecho a ser una cornuda. 

Ante esta perspectiva, la de patear el tablero, seguir remando sola en la vida, alejarse de todos los afectos conseguidos, hay muchas mujeres que deciden hacer la vista gorda. A simple vista parece hacer la fácil, me hago la boluda, sigo como si nada, fue como él dijo “algo del momento” pero me ama a mí. Yo soy la primera y las demás son todas turritas  a las que nunca les daría lo que a mi me da… Parece fácil pero debe ser una real bosta ser la cornuda, la pena de todas las mujeres y el chiste de todos los hombres, además de que perdonar una es aceptar las siguientes, si elegís la cómoda una vez la vas a seguir eligiendo… y además eso no impide que te deje igual, total, ya se acostumbró a cagarte. Y ahí se te viene la noche, porque además de sola vas a estar totalmente desmoralizada. 

Párrafo aparte para las cornudas más concientes que hay: las que eligen salir con un tipo ya comprometido con otra mujer, en mayor o menor grado. Estas mujeres suelen pensar que la cornuda es la otra, pero: qué más cornuda que la que se pone los cuernos por gusto, la que sabe que sólo le están reservados pequeños espacios en lugares poco frecuentados y que nadie debe saber de ella, salvo algunos amigotes del susodicho que en aparentan buena onda pero en realidad piensan que sos la putita de turno. No hay mayor problema para estas chicas si la relación es totalmente informal y sólo se divierten con el muchacho, al fin y al cabo los responsables por sus parejas son ellos y no una. El problema surge cuando ellas intentan ver una luz de esperanza al final del túnel, esto es, comienzan a abrigar la tonta ilusión de dejar de ser las segundas para llegar a ser las primeras… Noooo, chiquitas mías, no se confundan: si ya las tuvo en su camita sabiendo que tienen una relación principal, ¿por qué carajos las va a blanquear, sin necesidad? Ya tienen todo: una boluda que se banca sus “deslices” y otra boluda que se banca ser segundo plato. Quizá el nabo mayor sienta la necesidad de mentir que está muy mal con su novia, que es insoportable, que lo ahoga, que no la puede dejar porque tiene tendencias suicidas o que no tiene a nadie más en el mundo que a él, que no la deja porque no quiere hacerla sufrir (no, si con los cuernos que carga siente que su vida es un parque de diversiones); en fin, las diez mil boludeces que se le ocurran y gracias a Dios al 99,9% de los hombres se le ocurre lo mismo por lo que es más fácil descubrirlos y mandarlos al coño de su madre. Muchas veces miente al pedo, porque la otra no le había pedido nada y lo veía como una relación pasajera, hasta que se empieza a hacer el enamorado y el que va a dejar todo por ella, sólo por el gusto de tenerla segura e ilusionada, y después cuando se le hace de noche con su pareja inicial dice con cara de inocente: “pero vos sabías que yo estaba comprometido”.  Así que mujer argentina, si tenés entre 15 y 99 años y te han dado alguna de estas excusas, ¡sabés que estás frente a un sociópata (o dicho más fácil: un forro) y no ante un hombre conflictuado! 

En fin, no es fácil ser cornuda. Es tener una marca de fuego en la frente sin comerla ni beberla, es como ir a una fiesta y que te cague un tordo, es como que tu padre se llame Gallo y te llamen Elba, es como tener a Cavallo de ministro de economía y a Jack el Destripador de ginecólogo. Nadie lo ve venir, nadie lo desea, pero así es, te cae de arriba y hay que apechugar. 

También podés leer:
Ellos: Mendolornudos

Hace un año escribíamos:
¿Te reís de mí? Por Torombolo (exiliado)

ETIQUETAS: