Esas incómodas frases que suenan tan bien en una relación

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En todo momento en tu vida amorosa con uno de esos especímenes tan conchudos conocidos como hombres, hay frases que suenan más bonitas de lo que realmente son. Acá te dejo algunas para que las pienses en el momento y no mucho después mientras exclamas: “¡Pero qué pelotuda que fui!”

“No te voy a hacer daño”

Frase comúnmente citada por un hombre cuando tiene a la mina en brazos y unas ganas de ponerla tan visibles que se ve desde Google Earth; pero la dama en cuestión corta cada intento hecho por el mismo con maniobras por demás obvias. (Una conocida sacada de manos, por qué no). No, no digo que no sirva de garantía que me lo digas, pero pensándolo un poquito fuera de contexto, es una línea sacada directamente de una película en el momento en que el violador sádico tiene a su pobre víctima atada a la cama, listo para dejarle una experiencia traumática de por vida. Enfermo, saca calentura, pero te obliga a darle un beso en agradecimiento por su cuidado hacia tu persona, además de una explicación de por qué seguís con las piernas cerradas.

“No va a pasar nada que vos no quieras”

Esta viene de la mano con la anterior. Nuevamente, te agradezco que me consideres como un ser pensante capaz de tomar decisiones, pero ¡¿DE DÓNDE MIERDA SACÁS ESTAS FRASES PERTURBADORAS?! No sé si mi cabeza por demás arruinada tiende a llevar todo a los estudios de Hollywood, pero me siento violada. Por favor salite de encima de mí y llevame a mi casa. Ya cerré las piernas.

 “Estoy de novio, pero está todo mal”

Frase usada por el típico marinerito de pelopincho que se cree un Jack Sparrow de primera. En pocas y cortas palabras, la actual novia le tiene las pelotas por el piso y quiere una mina que para variar no le seque tanto el mate y coja más. O al menos le dé el entusiasmo de querer volteársela como en un principio de su relación. Pero, como todas las mujeres somos medio pelotudas y nos endulzamos fácil, creemos que el tipo realmente está al borde de una ruptura y la flasheamos que vamos a vivir una historia digna de novela mexicana (sí, de esas que te empalagan hasta la médula en el capítulo final). ¿Y al final con qué terminamos? Somos plato de segunda mesa y nos sentimos auténticamente lastimadas porque nos enganchamos, diciendo tiempo después: ¿Tan pelotuda iba a ser? Y mirá, si me pedís opinión… de momento que le diste bola a un tipo de novio que te tiró los galgos, te merecés el título de retrasada, o desesperada.

“Te quiero para mí, nada más”

El celoso encubierto, el que no te va a dejar salir sola ni a la esquina. Para él todos tus amigos te tienen ganas y se hacen los boludos, toda falda es corta y toda remera escotada. El carnicero, el sodero, el vendedor, hasta el vecino que te saluda todos los días por costumbre, todos, ABSOLUTAMENTE TODOS te quieren voltear. En su momento te morís de amor y lo abrazás a la mejor onda película de romántica empedernida. Claro, a todas nos gusta saber que tenemos a un hombre preocupándose por nosotras ya que nos ven capaces de llamarle la atención a varios hombres, pero no nos ponemos a pensar lo molesto que puede llegar a ser este ejemplar cuando los celos se manifiestan en todo momento, y vos no podés decir nada porque el señor “siempre se porta bien”. Tenés dos opciones, o es un celoso o estás con un obsesivo de primera. Y considerando la cantidad de “chomas” que andan matando a sus amores, yo que vos corro.

“No le tengo miedo al compromiso, solo que me lastimaron”

Traducción: Me cortaron / gorrearon / usaron y ahora me quiero vengar rompiéndole las pelotas a todas las minas que me cruce porque son todas iguales. Claro infeliz, si nos vas a meter a todas en la misma bolsa, empezá por las mujeres de tu familia y después nombrame a mí. Acá sale a relucir nuevamente ese gen tan conchudo que tenemos las mujeres de sentir pena por los sentimientos de un hombre, y optamos por tenerles paciencia porque realmente creemos que sus heridas lo alejan de un amor que sienten hacia nosotras, cuando en realidad lo único que hacen es una forma más del juego: “Como mantener entretenido a un tonto”. Avivate y mandalo a vender espárragos, peces hay muchos, no te quedes con el bagre. Y esta va de yapa, como para que te calmés un poco, no levantes el teléfono, abras los canales de chat o salgas a la calle y mandes al aparato reproductor de su madre a todo vago que te cruces.

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