¿Estudiar o trabajar? el problema de ser joven adulto

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Si tenés más de 25 años pero todavía no tocas los 30, resultará que estas en el medio de lo que algunos profesionales de la salud llaman “joven adulto”. Pero ya de por si el termino es bastante… por así decirlo, y como para que no suene tan mal, pero medio boludo el termino ¿no?

Ser joven adulto seria un término para ubicarte en ese punto medio en el que ya no estás en la pelotudes de la adolescencia pero tampoco estas en la madurez típica del adulto, entonces. ¿En dónde carajo estás?

Y puede que estés en 2 grandes situaciones, ya sea, finalizando el cursado de alguna carrera que terminaste de elegir por descarte ya que ninguna de las que posiblemente te podían gustar te convencía del todo, o porque la cuota de lo que querías estudiar era muy cara o porque tampoco la escuela te ayudó mucho llevándote a cuanta oferta educativa había por ahí para ver que deberías estudiar o trabajar. En lugar de prestar atención a los folletos y explicaciones que te entregaban, te parabas y estabas más [email protected] en ver si te encontrabas con tus [email protected] que iban a otra escuela o si conocías alguien que te pareció que estaba [email protected]

Y si ninguna carrera era “la carrera”, entonces lo mejor quizá, en ese momento fue decidir tomarse un año sabático, como diciendo “mansa paj… me da ver que quiero estudiar; mejor me tomo el año para ver bien que quiero hacer de mi vida”. Pero esa decisión, en la que te prometiste ciegamente, no solo a vos, si no a tus viejos de que seria solo un año, de un momento a otro se convirtieron en 3, 4, 5 años y ya como que en tu casa te empiezan a romper las bolas diciéndote “[email protected] ¿¡y, qué hacemos, estudiamos o laburamos!?” porque el ingreso por esos laburitos temporales de promotrola o empleada, si sos mina, o de cadete de delivery si sos chabón con moto, ya no te alcanzan para bancarte las jodas, la factura del celular y uno que otro gasto y mucho menos te sirven si tu plan es irte a vivir solo.

Entonces empezas a incursionar en esa sección del diario que solo revisabas cuando eras bien pendejo (para ver cuánto tenias que ahorrar para ver si podías comprarte una motito de baja cilindrada o para tirarle el palito a tus viejos de los preciosos de un autito con la ilusa fantasía de que para cuando cumplieras los 18 te regalaran un auto de de última, y cuando estabas muy al pedo, para ver un trabajo en el que paguen unos mangos donde los horarios los podías manejar a tu gusto y fuese después de salir de la escuela o cuando termines de boludear en el club o con tus [email protected], que te quedase cerca de tu casa y que obviamente te dejase libres los viernes y sábados para salir de joda por ahí)

Entonces le pedís los avisos clasificados a tu abuelo (que todos los santos domingos compra el mismo diario) y sino se lo pedís a esa vecina que siempre sabes que tiene algún diario por ahí, jamás la viste comprar uno, ni mucho menos leer aunque sea un cartel, pero ella tiene un diario de algún domingo.

Y ahí estas, frente a frente con la sección de empleos. Empezas a saltar de un aviso a otro, avisos que piden pibes de entre 18 a 21 años, que tenga la experiencia de un tipo de 40, los horarios vamos viendo, que maneje 3 idiomas, haya terminado el secundario, que maneje Word, Excel, autocad, auto, moto, bicicleta y no sé cuantas cosas más… entonces te das cuenta que quizá es más fácil elegir un lugar donde estudiar que elegir un lugar donde trabajar, total (pensas), estudiar va a implicarte cursar de lunes a viernes, un horario fijo y listo vamos andando. Entonces, como luz divina que te ilumina la razón, te decidís por retomar tus estudios, ya te decidiste por una carrera, una facultad, etc…etc… y cuando te sumergís al mundo universitario te das cuenta que sos uno de los “viejos” que decidieron estudiar de grandes, entonces los pendejos que recién salieron del secundario y se metieron en la facultad te consideran igual de viejo como el tipo de 40 y tanto años, que ya está casado y con hijos que también empezó a cursar el mismo año que vos.

La vida universitaria te exige técnicas de estudio que jamás tuviste, ni siquiera cuando estabas en la escuela, tenés que empezar a retomar el ritmo de estudio que dejaste atrás hace un tiempo, y te cae la ficha de que nunca tuviste un ritmo de estudio. Empezas con los prácticos, los grupos de estudio, los parciales y ni te digo prepararte para los finales, y todo esto lo tenés que repetir dentro de los próximos de 3 a 5 años, en los cuales, cuando te estés por recibir ya vas a tener unos 30 tantos años y para algunos trabajos vas a ser un poco viejo y/o no tendrás la experiencia suficiente.

Así que caes pensas y te llegas a convencer de que ser un “joven a adulto” es más difícil que ser un adolescente o un adulto, porque cuando eras adolescente tus únicas preocupaciones eran ver a donde mierda saldrías a bailar y que te dejaran entrar, ver que la mina o el flaco que te gustaba se diera por [email protected] y que ser adulto tenés que bancarte el laburo que tenés, al jefe que te rompe las bolas, pagar impuesto de cuanto cosa uses o tengas, etc. Pero que nada de esto se compara a las dicotomías y las incertidumbres de ser un joven adulto.

Ser joven adulto es ser una especie de híbrido, tenés los quilombos de 2 etapas de la vida en una sola y hay que tratar de salir vivo de ella como sea. Así que hay que tener en cuenta que, como dice una frase por ahí “cuando sos pendejo, te sobra tiempo, te sobran energía pero te falta la plata; cuando sos adulto tenés energía, tenés plata pero te falta tiempo y cuando sos viejo, tenés plata, tenés tiempo pero te falta energía” así que hay que empezar a hacerse la idea de que nunca vas a poder tener las 3 cosas a la vez y que vas a tener que aprender a convivir con ello.

Escrito por Kevin Chuca para la sección:

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