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La moda de las mendolotudas

Cuando se trata de moda no se puede negar que las mujeres somos las primeras en fijarnos en qué se viene, qué está y qué se va también. Compramos mil revistas onda Cosmopolitan, le rompemos el equilibrio mental a novio, amigo y cualquier choma que nos acompañe mientras vamos caminando por la calle llena de vidrieras, miramos y re miramos todo lo que tenga que ver con trapos. Pero, nosotras las mendolotudas, tenemos un código bastante básico a la hora de vestirnos: «Vi a más de tres minas con la misma ropa, mañana mismo me lo pongo yo también».

Ojo, que la moda también discrimina ambientes, carreras y tendencia social. Tenemos de las facultades las leyelotudas: todas las minas barbie las 24hs del día y listas para irse al boliche a las 3 de la tarde, las medicinolotudas: que pueden ser tanto barbies como la que no se saca el ambo ni para dormir, las tecnolotudas: mujeres que andamos de jean y zapatilla todo el día, y caemos hasta en la calificación de ser uno más de los muchachos, etc. Y no me hagan hablar de la parte de la población fanática de la cumbia, no termino más y no me publican la nota.

Me remito a las evidencias a través de las distintas tendencias que han hecho furor en la provincia del sol y el buen vino; y lo que mi humilde percepción logró captar:

Cuando como comenzó esa moda de las tribus urbanas, se puso en pausa la originalidad y de repente se abrió la caja de colores y salieron a invadir la peatonal y boliches donde los patovas no se ortivaban y entraban menores de todas las gamas de edades con el dni de la hermana, prima, vecina, etc. Pero, cabe resaltar que no sólo los lápices salieron, siempre hay una que otra desubicada sin piedad por el ojo ajeno, que se calza el conocido chupin haciéndonos recordar la silueta de Michelín.

Después en contra posición a este arcoíris, estaba la oscuridad y los harapos. Todavía tengo la horrible imagen mental de dos flaquitas en la parada del bondi vestidas con trapos similares a los que uso para limpiar los muebles después de un mes de vacaciones afuera. Tres lápices delineadores por ojo, labios negros, caras con mezcla de estreñimiento y depresión, música digna del fin del mundo. De repente, todas tenían un motivo para cortarse las venas…ya fuera algo real o algo insignificante como el precio del pan.

Y así, llegamos hasta estos días donde por suerte, los resaltadores todavía no se me escapan de la cartuchera de la facu para pasearse por la calle o el cheboli; se limitan a quedarse quietitos en las vidrieras de muchos negocios de la city.

Cuando pase eso, directamente salgo a caminar con una maceta en la cabeza, como para marcar un poquito de diversidad.

Fuente de la imagen:
criatives.com.br 

El año pasado escribíamos:
Los quince de Bomur: Alejandro Sanz

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