Les cuento sobre mi desastrosa vida amorosa

Las mujeres somos una caja de pandora, y cada una tiene un mambo diferente, pero les quiero contar el mío: tengo un problema con el auto-convencimiento cuando estoy en una relación amorosa, cuando me di cuenta intenté revertirlo, pero no me salió, ya lo tenía súper desarrollado y aflora en mí en todas mis relaciones (lamentablemente).

Siempre intento auto-convencerme de cosas que no son y que no serán, expongo todas las posibles causas y consecuencias, está frente a mis ojos la cruda verdad pero no, yo sigo encaprichada en la mentira que me genero, y lo malo es que no me hundo yo sola, hundo al pobre flaco que está conmigo en ese momento. Para que me entiendan les cuento mis penosas experiencias:

Chico lindo, alto, flaco, con buenas intenciones y súper maleable (por no decir manipulable porque suena horrible), me insistió un año entero, me demostró de mil y una maneras que estaba enganchado y que me quería posta. Yo, histérica, me hice la difícil y lo sometí al pobre a pruebas “por mi amor”; él, dulce y cariñoso, soportó todo. Ya no tenía excusas para decirle que no, el flaco era perfecto, excepto por una cosa: estaba a mis pies y no hay cosa que me des-erotice más que tener a un chico totalmente dispuesto a cumplir todos mis caprichos.

Bueno, le dije que sí, me parecía lindo y me auto-convencí de que no iba a encontrar a un chico con esas características tan enamorado de mí (porque soy una conchuda insoportable que me gustan los pelotudos que no tienen nada bueno). No disfrutaba nada de él, todas las salidas me parecían aburridas y sin emoción, lo único que me gustaba (y esto va a sonar, y lo es, muy superficial) era el tamaño de su miembro ¡dotadísimo el muchacho!, y claro la muy conchuda tenía a su merced al pibe más bonachon, todos lo querían, mis viejos, mis hermanos (rarísimo, porque siempre odiaban a mis novios), mis amigos y todo el mundo, todos lo querían, menos yo; me sentía una forra estando con él, convenciéndome de que en serio no iba a conseguir un pibe así nunca, y cuando mis amigas me preguntaban “¿pero por qué seguís con él si no lo queres?” Yo respondía “es que es muy bueno conmigo y día a día aprendo a valorarlo” ¡¡MENTIRA!! No lo valoraba, le hacía quilombo hasta por la música que escuchaba, una rompe bolas, ya sé, pero tranquilos esto no duró mucho, fueron 3 o 4 meses no más, hasta que mi mamá me dijo su célebre frase que nunca falla “el amor es para estar bien” y sí, pongámonos a analizar esa frase: si estas con un pibe es para disfrutar, para pasarla bien, para divertirte y tener mucho sexo, sino pasamos la página y listo ¡que nadie se ha muerto por un rompimiento!, ni te vas a tardar en olvidarlo 100 años.

Bueno, como decía, mi mamá me hizo darme cuenta que yo la pasaba mal y que realmente estaba sintiéndome para el orto (porque sí, aunque no parezca, tengo sentimientos), entonces le dije, que lo nuestro no iba más, que me disculpara pero no sentía lo mismo que él. Sentí un alivio increíble, me saque como 5 elefantes de encima, el pobre quedó mal y ahora me odia, con justa razón.

Otra experiencia de la que no estoy muy orgullosa fue con el “copado” del barrio, el que no tenía límites, el típico mal ejemplo para los niños, el de los amigos borrachos y drogones, no tan lindo pero con una personalidad de la puta madre, a él no lo frenaba nada y a mí me tenía loca, nunca me respondía rápido los mensajes, no le gustaba mostrarse mucho en público conmigo (para no joderle otros chamuyos), siempre se le iba la mano para abajo cuando nos besábamos, si nos juntábamos de noche era siempre después de haberse juntado con sus amigos (yo nunca era la primer opción), un pibe que no quería ningún tipo de compromiso ni tener que rendirle cuentas a nadie, y yo enamoradísima del pelotudo este, me encantaba y ahí de nuevo mi problema: me auto-convencía de que el flaco me tenía todas las ganas y que poco a poco iba a ir enamorándose de mí e iba a dejar de lado todos sus malos hábitos para tener una hermosa y larga relación conmigo, eso nunca pasó ¡obviamente!, me obligué a dejar de sentir cosas por ese tarado cuando recobré mi autoestima feminista después de que lloré como una estúpida porque hacía dos semanas que no me contestaba los mensajes y en la calle me corría la cara el muy forro.

También me pasó con mi primer novio, cuando era una pendeja, el pibe era un egocéntrico metrosexual y todo giraba alrededor de él, no tenía ni un amigo, todos lo evitaban porque nadie soportaba estar con un chabón que hablaba de él, de su cara bonita y de sus músculos las 24 horas del día, excepto, obviamente, su noviecita, tenía el cartel de boluda pegado en la frente. Me salteaba algunas clases para ir a su casa a escuchar sus discursos sobre lo bien que le quedaban las remeras sin mangas o el trabajo que le habían ofrecido por el físico (tuvimos una pelea por eso, porque le exigían trabajar prácticamente desnudo ¡él feliz! y yo hecha un atado de celos, no quería que se fuera con otra, y ahora que lo pienso ¡era lo mejor que me podría haber pasado que se fuera con otra!) y ahí otra vez el convencerme de que él chico me quería un montón y que era la novia del más lindo y una sarta de boludeces que uno cree cuando es adolescente y se enamora. Me duró 1 año el estado de ceguera, cuando pude ver alado de quién estaba huí lo más rápido que pude, aunque me costó muchas noches de llanto y películas de amor olvidarme de lo mucho que había dejado de lado por ese egocéntrico. Por suerte a todos los amigos/as que dejé de lado para preocuparme de él estaban ahí cuando salí de la sombra de su enorme y gigantesco amor propio.

Y si piensan que con esos tropiezos aprendí, se equivocan, estoy en la misma justamente ahora mismo, enganchada con un pibe más grande que yo, que viene de relaciones largas y muy comprometidas, que quiere algo light y sin tantas cadenas, y ahí está la pelotuda que se iría a vivir con él mañana mismo. Me auto-convenzo de que soy re open mind, que me re aguanto una relación abierta, donde nos vemos con suerte una vez cada dos semanas, que él sale y se emborracha a más no poder con los amigos consumidores de los gatos que muestran las tetas por dos porrones, mientras yo estoy prendida del puto whatsapp esperando un mensaje en el que me invite alguna puta vez a tomar un trago a algún bar, o que deje de decirme que me extraña y que venga a tomarse unos mates una tarde a casa, o que me deje de regalar chocolates con los que me empacho todos los viernes a la noche porque nunca llega esa propuesta de mierda diciéndome que nos veamos.

En fin, no voy a dar ningún consejo porque no soy palabra autorizada, lo que sí les voy a decir es que seamos un poco más sinceros con nosotros mismos y con los demás, digámonos las cosas en la cara, démonos unos cachetazos de realidad, y como decía un profesor mío “si te caes al pozo y no te gusta, te salís, si preferís quedarte adentro no andes llorando por los rincones y dando lástima” en definitiva, nosotros somos responsables de lo que nos pasa y hay que saber manejar eso.

Escrito por Laura, para la sección:

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