Listo para tirar: La historia desconocida de la obsolescencia programada

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Una impresora que no anda después de tres meses parece a primera vista un golpe de mala suerte. Es algo normal… comparando el precio en el mercado y el de la reparación, preferimos no indagar en el problema y nos compramos una nueva. Pero jamás nos preguntamos: ¿Es casualidad o causalidad?

Yo me atrevo a decirles que estamos frente a un caso moderno de obsolescencia programada. Pero… ¿Qué es la obsolescencia programada? Para aquellos que se encuentran por primera vez ante ésta definición, les cuento que en los años ’50 se la pensó como la voluntad de los consumidores de poseer un bien un poco más nuevo un poco antes que lo necesario. Podemos decir que es la manera más fácil que los comerciantes han encontrado para darle a la vida de un producto un valor económico específico.

Éste sistema gobierna nuestras vidas desde los años dorados (para los norteamericanos, the Roaring Twenties; les années folles para los franceses) en donde el gran crecimiento económico del período de entre guerras generó una década de prosperidad que se vio disminuida con la crisis de 1929/30 pero que continúa determinando nuestras vidas. En esa década se creía que el planeta contenía recursos interminables, se producía a grandes escalas y no se pensaba en el desarrollo sostenible, simplemente.

Pero ésta historia viene desde antes. La fabricación en serie y la sociedad de consumo emergen en el mismo momento y comienzan con la Revolución Industrial en donde la producción aumenta y consiguientemente, los precios bajan… y esos bienes que antes nos parecían imposibles de comprar, ahora están a nuestro alcance. Es una elección, pero aunque nadie nos obligue a ir al mercado a comprar ese objeto moderno, nadie escapa a la tentación y la seducción de abrir el paquete y sentir el olor a nuevo.

Jamás se nos ocurre pensar que antes las cosas duraban más tiempo y cuando nuestras abuelas nos dicen “No, esto no es como antes” simplemente minimizamos el tema y creemos que en función de la edad, ellas sólo recuerdan las cosas buenas del pasado, olvidando involuntariamente las malas. Pero a veces, no recordamos que en sus casas, antes de la llegada del freezer, veíamos la vieja heladera SIAM concebida para durar muchos años, precisamente, un cuarto de siglo.

Ante esta situación nos preguntamos:

¿Por qué todas las cosas parecen estar hechas como listas para tirar?

¿Es totalmente ético para una empresa crear un bien de consumo para que después de un cierto tiempo éste comience a tener problemas o se rompa?

¿Es verdaderamente necesario crear un nuevo producto cada tres minutos en algún lugar del mundo?

La sociedad de crecimiento de hoy puede ser criticada desde el punto de vista de tres instrumentos fundamentales: la publicidad, la obsolescencia programada y el crédito. El bombardeo de nuevas tecnologías, bienes y servicios que nos pueden hacer más felices, más exitosos y más populares sumado al acceso al crédito en el que podemos comprar y consumir sin límite real y tangible, terminan haciéndonos presos de un sistema de progreso económico y de alto consumo. Y pareciera que algunos creen que el crecimiento es infinito y que es compatible con el desarrollo sostenible y la vida en la Tierra; pero afirmar esto no sería más que la utopía de un loco o la tesis de un aferrado economista.

Hoy sabemos que los recursos naturales no son infinitos. Vivimos en una época en donde tomamos conciencia de los daños, los límites, del crecimiento demográfico y del tamaño del agujero de la capa de ozono. Pero parece que nada nos tira para atrás… De lo que si estoy segura es que las generaciones futuras no nos van a perdonar jamás el modo de vida que hemos llevado a cabo en el último siglo, basado sólo en el consumo y en el gasto desmesurado.

Nota de Autor:

 En 2001, el cuartel de bomberos de Livermore, California (EE.UU.) festeja los 100 años del foco que los ilumina desde 1901 (fabricado en la década de 1890 por la Shelby Electrics Company de Ohio) y que jamás ha sido reemplazado. Ultra resistente, ésta bombilla ha sobrevivido a dos cámaras de video vigilancia modernas del cuartel. Hoy la historia es simple: de un siglo de vida, esa ampolla, símbolo de las grandes ideas de los “iluminados”, por presiones políticas, económicas e industriales pasó a tener una duración máxima de 1000hs. Un objeto tan simple y tan cotidiano se convirtió en la primera víctima de la obsolescencia programada. 

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