Los inmundos políticos actuales me generan envidia

El descaro con que chorean hoy en día los políticos, más que indignarme me da envidia. No me da bronca de poner el dinero que se chorean, ni siquiera la mitad, me doy por bien pago si pudiera mantener mi nivel de vida tal como está hoy y poder irme de vacaciones todos los años 15 días, cambiar mi auto cada cuatro años, poder pagarle la educación a mis hijos y comerme una asado con mis amigos un par de veces al mes.

Lo que me da envidia es el descaro que tienen, de no poder actuar tan inmutablemente en la vida cotidiana. Olvídense de lo caradura que son estos tipos de darse por ofendidos cuando se los trata de chorros, por más que se caiga encima de ellos una biblioteca de papeles probándolo, el descaro es su caparazón y defensa. Ahora imagínense las otras aplicaciones de este descaro a través de sus propias vidas. Cómo hubiese sido tu vida su hubieses tenido esa capacidad de cara de hierro…

Por ejemplo, tenías quince pirulos y te enganchaba el padre de tu noviecita dándole bomba. En vez de habernos puesto pálidos, como si Drácula nos hubiera drenado por completo y empezar a tartamudear excusas estúpidas, hubiéramos encarado al viejo.

– ¡¿Por qué no cierra la puerta viejo desubicado?!

O aquella vez con cinco años que nos engancho la abuela robándole los caramelos

– A ver Abuela, ¿por qué no se va a plaza de Mayo y hace algo importante con su edad? Vieja carcaman.

Las aplicaciones de esta virtud son infinitas, no nos hubiéramos sentido presionados de casarnos si teníamos un embarazo a los veinte, ni miedo de pedir aumento al jefe capitalista, ni de encarar a nuestros viejos con un CERO rotundo en matemáticas.

Mientras más los veo a “los Boudou” más me sorprendo… Es increíble como un DJ muerto de hambre que se culiaba las turistas en Mar del Plata, sin trabajo conocido, que militaba en la UCEDE (para aquellos que no llegaron ni a conocer el partido era  liberal, y muy querido por mi amigo el Ángel Gris) pasó de la noche a la mañana a ser zurdo, andar en Harley y pernoctar en un piso en Puerto Madero. Este tipo usa el mismo caradurismo de la juventud para encarar un minita mientras ponía música. La diferencia es que antes decía:

– Báncame cinco minutos y te hecho un polvo.

Y ahora dice…

– Báncame cinco minutos y nos choreamos un palo.

Les vuelvo a decir que las aplicaciones prácticas de esta  característica  son de dimensiones dantescas.

En vez de haber mirado el piso a la espera del escarmiento cuando le choque el auto a mi viejo, le hubiera contestado

– ¡¡Viejo borracho no te acordas ni de lo que hiciste anoche!!

El tema es que como a ellos la naturaleza los doto de caradurez, a mí me proveyó de vergüenza, y por más que he intentado deshacerme de ella, no lo he logrado. Con lo cual reitero estos tipos me dan envidia. 

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