Maltrato

Hay muchas clases de maltrato, el psicológico es el más común. También se da en forma inversa, de la mujer al hombre; pero de eso tendría que hablar un varoncito que sabrá más que yo cómo se da y qué es lo que se siente.

El hombre maltratador comienza siendo un encanto de persona. Respetuoso, gentil, caballero, piropeador. Pero cuando comienza a sentir cierta seguridad sobre los sentimientos de su pareja, comienza un sutilísimo trabajo de hormiga que va minando la autoestima de la mujer que tuvo la mala suerte de cruzarse con semejante engendro.

Comienza casi siempre con la supresión de toda frase amable como “estás linda”, “me gusta tal cosa de vos”, “qué rico lo que me cocinaste”, “qué ganas  de verte”, etc. Sigue generalmente disminuyendo las caricias, ya no le dan ganas de salir (con ella), cuando lo hacen no le presta atención a lo que ella habla y se babea con cuantas piernas circulan por allí, con un falso disimulo, porque lo que quiere es que su mujer se de cuenta de que cualquier otra es más digna de mirar que ella. Al mismo tiempo, lógicamente censura si se arregla demasiado, argumentando que las mujeres que se visten de tal manera después se quejan si les dicen algo, que a él le gustan las mujeres más sencillas (y con la misma vehemencia le reclamará después que anda siempre hecha un desastre). Si la chica tiene una salida, súbitamente a él le habían dado ganas de compartir más tiempo con ella, pero no quiere ir a ver a sus amigas que son todas unas taradas, unas locas, les encanta la fiesta y le han bajado la caña a medio planeta, ni a los boludos/cornudos de sus novios. Solamente se pone más cariñoso si ella decide quedarse, por unos minutos, después sigue todo como siempre, y el amague de noche romántica queda en eso: un amague.

Un día se le escapará la frase: “estás más gordita/fofa”, que dirá con el mayor tacto posible. Hasta ahí, puede que el tipo hasta tenga razón y solamente sea egoísta y poco amable. O: “sincero” dirá él. Pero eso es una mentira, dado que si la sinceridad le fluyera por los poros, no sólo tendría la necesidad de decir las cosas malas, sino también las cosas buenas, porque la sinceridad está lejos de la crítica, de la crueldad y de la mala onda. Así que el que te dice una frase hiriente como: tendrías que medir lo que comés, pero cuando bajaste 5 kilos no te dijo ni mú; no estamos frente a un sincero, sino frente a un maltratador.

Si no hay respuesta (enojo, puteada, contestación, escándalo, amenaza de ruptura), le seguirán las otras, cada vez más agresivas: “qué boluda sos”, “no te pongas esa falda…se te ve la celulitis”, “ya te voy a regalar flores…cuando te mueras”, “ese peluquero es un hijo de puta o un payaso encubierto?”, “si fueras un auto me pondrían multa por llevarte con la chapa podrida, las gomas gastadas, el baúl hundido, y pocas luces”, “si vamos a Mundo Marino no te me separes porque vuelvo a casa con un lobo marino”, “Es el cumpleaños de mi sobrina y necesitan un payaso… así que andate con ese vestido que te gusta y maquillate como siempre”,  “el otro día en la cama tuve una pesadilla en la que tenía al lado un monstruo oloroso y peludo, gracias a Dios me dormí enseguida”, “vienen mis amigos a jugar al póquer: si preguntan, sos la empleada”.

Y lo peor es que terminas agradeciéndole al cielo que por lo menos el buitre que tenes al lado todavía por algún extraño motivo quiere estar con vos. Y por miedo a perderlo cada vez das más y más y recibís menos. “Mientras más te agachás, más se te ve el culo” decía sabiamente mi bisabuela. Este acto de sumisión extrema al gordo obtuso y estúpido que al lado tuyo se cree HE-MAN, empeora el asunto. Seguramente a esta altura ya te habrá pedido que hagas cosas quizá humillantes para vos, como prueba de cariño. Se dará el lujo de menospreciarte delante de otros, de hacerse el galán delante de tu mismísima cara, aún con alguien de tu mismísima familia. Para el maltratador psicológico no hay límites, excepto el físico, como no se sienten maltratadores nunca llegarían a pegar; pero se siente con pleno derecho a decirte las bajezas más grandes, que uno de afuera escucha y no lo puede creer y se muere de vergüenza ajena. En ese sentido también hay un signo de alarma, ves que la gente que te quiere no lo soporta. Cada vez te invitan menos a reuniones sociales. Como siguen las cosas, podes haber aprendido a tejer crochet en la oscuridad, botánica, costura, alta cocina, Pilates, masoterapia, electrónica y albañilería, y nada. Nada de lo que intentes emprender va a ser respaldado por el maltratador. ¿Para qué gastar pólvora en chimangos? Si igual sos malísima para todo… El maltrato se lleva por supuesto a la cama, donde el tipo está todo el día en llamas (con otras) pero a la hora de los bifes siempre tiene sueño o quiere ver un partido.

Por eso, joven argentina: si estás en pareja, y al pasar el tiempo comenzás a sentir que estás cada día más fea, que ya nada te queda bien, que sos una inútil, que sos aburrida, que no mereces ni un “feliz día” en una fecha especial, ni un piropo, ni un abrazo, que tus amigas te abandonaron, que el que te dijo algo lindo por la calle debía estar ciego…  estás en el horno. Se rifa un período de depresión inducida y vos tenes todos los números.

Ahora, a no quitarse su parte de culpa. La culpa no es del mono asesino sino del que le dio la navaja. Una relación se hace de a dos, y un 60% de ellas se confunde con un juego de poder, donde el que “ama más” o bien tiene menos carácter, o es el que más necesita estar acompañado; termina siendo una especie de sirviente del otro, que demanda todo el tiempo e impone su voluntad caprichosamente, dependiendo por supuesto de la paciencia del otro y del egoísmo del uno. Una mujer va a ser maltratada en la medida que se deje, lógicamente. En algún punto tal vez le satisface ser víctima, no tener el control de su vida, creer que el destino la cagó y no hay manera de salir. Prefiere muy en su interior ser maltratada por su pareja que salir todos los días con la vida en las propias manos a pelear por su felicidad. Algún rinconcito de su cerebro cree erróneamente que es menos que su hombre, pero más que otra mujer que esté sola. Pero como sucede con el niño que de bebé te encantaba dormirlo en tu cama y ahora que tiene 10 años no sabés a qué psiquiatra llevarlo para que te lo saque de ahí, cuando ya te hartaste de que te boludeen es tarde, no tenés ni ánimo, ni amor propio, ni gente que te quiera seguir dando una mano.

Por eso amiga, es una verdad tan grande como las encías de Torrente, que no es suficiente prueba de amor que el tipo siga a tu lado. Como tampoco que vos seas feliz por estar en compañía de semejante hijodepú. Y mucho menos aún es esperable que el tipo un día se de cuenta de la hermosa personita que sos. Aunque para reconquistarte se vuelva a parecer a aquel que un día te enamoró, el maltratador va a seguirlo siendo a menos que se convierta él mismo en maltratado.  ¡¡¡Entonces, hermana: huí, andate, borrate del mapa, tomate el barco, zarpá, volá, hacete humo, arrancá, salí de ahí (chivita, chivita), montá una tortuguita y andate despacito a la mierda, comprate un bosque y perdete!!!  Dejalo que salga solito al mundo, él: viejo y arruinado; vos: hermosa y radiante ¡¡Vos estás para cosas mejores!!!

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