Manifiesto de libertad

Todo ser vivo tiene derecho a la libertad, a vivir a sus anchas en su entorno natural y no permanecer encerrado para solaz de nadie. No con un inocente.

Todo ser vivo tiene sentimientos, los tiene a su manera, en su comprensión.

Todo ser vivo es merecedor de respeto.

Un zoológico no puede existir.

Uno oso polar no se puede llamar Arturo, ni sufrir temperaturas de 40° ni estar encerrado en un recinto de unos pocos metros cuadrados cuando ellos en realidad pueden, y deben, nadar cientos de kilómetros. Una pantera negra no puede morir en el frío, entre cemento, no se puede hacer eso, merecía el honor de morir en la jungla.

Un paseo aterrador, lleno de tristeza, de miradas llenas de añoranza por sus hogares, de pezuñas laceradas por el cemento.

Es un campo de concentración, al cual se paga para entrar y ver como somos los suficientemente inteligentes para concebir el sufrimiento por unos pocos pesos, para martirizar en nombre de la la educación y la preservación.

Basta. Basta. Basta.

Que cierren el campo de concentración llamado Zoológico de Mendoza, que lleven a los animales a sitios idóneos, sino a sus lugares de origen, a sus hogares.

No hay nada más lindo que volver a casa.

No hay que colaborar con el campo de concentración, no hay que asistir al zoo. No es un paseo de niños, no es un salida familiar, es colaborar directamente con el dolor.

No hay que asistir al zoo.

Que se cierren las puertas del Infierno.

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