Mendoza: La Mafia más pedorra del mundo

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Estás sentado cómodamente en un bar de Italia, rascándote un poco las bolas hasta que tengas que ir a laburar. Entra un tipo con un muy buen traje, que se acerca discretamente a la barra y pide hablar con el gerente, a quien le dice en voz muy baja y firme: “-Tiene que pagar, sino la protección se termina y usted sabe que esta zona la manejamos como nos parece. Sea inteligente, don Salcicione, ahorre los disgustos.” Aaaah, sí, nos encantaría que fuese de esa manera.

Pero no, acá las cosas son ligeramente diferentes. Estás en un asiento más incómodo que la mierda en un café de Mendoza. Entra un tipo rascandosé las bolas con los ojos inyectados en sangre, te tira un par de agujas/estampitas/tarjetitas-ñoñas sobre la mesa, mientras el que está en la barra llama discretamente al gerente, que pone cara de embole y por dentro piensa “Uh, que culiado, espero que no arme quilombo” mientras a vos te están diciendo: -Yo te podría estar robando o andar encañonando gente por ahí, pero para no hacerte pasar vergüenza te vengo así y te ofrezco que me des una mano. Ah, sí, el hijo de puta te quiere hacer culpable de permitir la delincuencia por tomarte un cortado y no comprarle una tarjeta de un oso dorado que dice “Tu amor me da hemorroides.”

No garpa ¿entendés? Tiene menos glamour que rasta de vello púbico. El crimen organizado acá en Mendoza no te da el beso de la muerte (gracias al cielo) ni tiene una pizca de creatividad; todo lo que hacen es rayarte el auto si se ofenden: -¿Amigo, te lo limpio? – No, gracias. *Cagaste, te lo raya* -Eh, te lo cuido – No, dejá, estoy acá en frente. *Rayón* -Dale, dale, mandale, mandale, seguí, seguí – No, tomatelá, sé cómo se estaciona. *Estás hasta las bolas*

Te juro que no lo entiendo, en todos los lugares del mundo el mafioso hace su trabajo, organiza negocios, compra mansiones y jueces, boludeces así, como Daniel Vila. Estos tipos no, se encargan de buscar que le paguen por sentarse en el cordón y fumar mientras los autos van y vienen. Tienen un rubro de actividades tan exclusivas como sacarse un sorete del zapato, entre las que figuran limpiar parabrisas que ya están limpios, venderte películas que podés descargar del mismo sitio que él, y mendigar sin usar la palabra “mendigar” sino “vender” pero sin estar vendiendo algo realmente.

Y así andamos por la vida, sabiendo que te están sacando la guita sin ponerle onda, porque el chorro que de verdad es peligroso te enfrenta, te pone el fierro en la cabeza, no anda con boludeces. Pero los que yo digo sí que boludean, mientras vos andás calculando si ganarán más que vos todos esos zánganos que encontraron una forma de vernos la cara de chotos.

Los “mafiosos” mendocinos son berretas, grasas, mentalmente limitados, ordinarios, desorganizados y mala leche. El día que aparezca un bravo malo, pero malo con ideas, se limpia toda la provincia de esta gilada mediocre de ladris rateritos de cuarta y se hace un imperio digno de una película de Guy Ritchie o de un GTA 6.

Aunque, por excelencia, el más vivo de estos tipos es el que te quiere hacer creer que está parando el taxi ¿Qué te parece? El Tony Montana mendocino se pone delante de la fila y le hace seña para después abrir la puerta y exigir su paga. Este es el más espectacular de todos, porque por alguna razón lo permitimos sabiendo que es el más inofensivo ¡El  tipo no te puede tocar porque labura ahí! ¿Qué me puede hacer? ¡Me importa un carajo si raya el taxi!