/Mendoza y el famoso pensamiento del “qué dirán”

Mendoza y el famoso pensamiento del “qué dirán”

Siempre sostengo que nuestra hermosa provincia se encuentra colmada de atributos destacables. Pero también es dable rescatar que algunos defectillos tenemos como sociedad. Y uno de los que más me divierte es el tema del “Qué dirán”.

La gente, en esta maravillosa Ciudad, vive constantemente pendiente de lo que piensa el fulanito o la menganita de al lado. Todo el tiempo mirando a través de la cerca a ver si el pasto del vecino está más verde que el nuestro. Es una patología producto de una mala mezcla en la inmigración de nuestros ancestros y el lado huraño y receloso propio de los caracteres montañeses.

Uno de los primeros síntomas que se evidencian en este tipo de personalidades es sin duda alguna la “Envidia”. ¡Sí señor! En esta bendita Provincia es moneda corriente y está más arraigado que las tortitas. Todo el tiempo comparándose con lo hace o lo que tiene el prójimo y naturalmente, cuando se calculan los resultados y los mismos no son favorables, automáticamente viene la sana (y a veces no tan sana) envidia.

Y de la mano de la envidia viene lógicamente la alegría por la desgracia ajena. Si bien nadie en “Susano” juicio lo admitiría jamás, hay muchas veces que cuando le pasa algo malo a determinadas personas con las cuales solemos compararnos usualmente, nos recorre un extraño regocijo por dentro, al tiempo que mantenemos nuestro gesto adusto y acompañamos falsamente a la víctima de la desgracia en su malestar. ¡¡¡¡Yupiiii!!!!

Eso que alguna vez dijo un genio de que “Mal de muchos, consuelo de tontos” es una maravilla y sin dudas todos caímos, caemos o caeremos en esa situación. No te digo que a uno le alegre el día ver a su compañero embarrado hasta la nuca, pero si uno está con el barro por el mentón es más divertido y aliviador tener a los colegas al lado hundiéndose con uno. No es que uno no sea solidario, pero reconozcámoslo… Héroes verdaderos ya no quedan.

Pero no piensen que todo es malo. Hay cosas aún peores, qué sin dudas encuentran su razón de ser en las cuestiones esgrimidas anteriormente, como por ejemplo el Resentimiento. Muchas veces algunos comentaristas intentando graciosamente atacar mis humildes y pacíficas notas, me han tildado de resentido. Esto generalmente sucede cuando se me da por escribir sobre  reconocidos Barrios Residenciales de la Provincia, donde los comentarios son imperdibles, sobre todo considerando el nivel de educación que debieran tener esos foristas. Lo que quieren decir básicamente estos inútiles oligofrénicos es que naturalmente el mendocino tipo, tiende a sentir un resentimiento muy poderoso hacia aquellas personas que no puede imitar o a las que no pueden seguirle el ritmo. Por lo que decirle a otro resentido, automáticamente te sitúa en un podio superpoderoso… ¡Naboleitor XP!

Lógicamente las comparaciones no tardan en llegar pero no solamente en cuanto a las cuestiones materiales, a las cuales el mendocino rata de alcantarilla, está tan apegado. Sino también se traduce a las cuestiones sentimentales. Como hubiera destacado otrora, citando a mi santa y finada abuela: quien es avaro con las cuestiones materiales es avaro con los sentimientos. Y reconozcámoslo no hay ser más despreciablemente tacaño y roñoso con el dinero como el mendocino. Pero volviendo al hilo de la cuestión, no solo es un tema de materialismo y disponibilidad sino que también se hace extensivo a las cuestiones del corazón.

Y ahí es cuando entran en juego los celos. ¡Qué bárbaro campeón! Somos una provincia de celosos y celosas. Mucho se puede hablar acerca de los celos y lo que significan, pero en el fondo, los celos solo significan miedo, inseguridad  y dejo de timorato a perder lo que se tiene. Traducido en enojos y rompederas de pelotas de parte de los dos bandos. Incluso los celos también se hacen eco en las cuestiones familiares y en las relaciones con amigos y compañeros.

Todo viene bien, empezás a tener un manguito más que antes, cambias el auto, te pagas un lindo derpa y automáticamente viene el Jeopardy (afamado programa norteamericano de preguntas y respuestas) entre todo tu entorno para fiscalizar el origen y destino de tus fondos, que planes tenés para con ellos y un sermón consistente en lo que realmente deberías hacer con la guita que vos ganás.  El clásico ¿cuanto te costó?,  pero pará, ¿cuánto ganas? Y en base a ese sencillo algoritmo, todo el mundo se siente con el derecho a investigar -cual Agencia Impositiva- cuál es el leit motiv de tus ingresos. Con el lógico y consiguiente juicio de valor (por la espalda obviamente). Entre los que se cuentan los grandes éxitos como:

– Y que querés, si labura en la empresa del padre, así cualquiera…

– Seguro que esa guita no la tiene declarada, está todo en negro…

– Antes de casarse con fulanito/a era un/a tirado/a…

– Este es un ñoqui del Estado, está entongado…

Otro ítem para destacar y que me produce mucha risa es el círculo social en el que se mueve el mendocino y del que pretende formar parte a como dé lugar. Inclusive en muchos casos inventando supuestas enemistades con personajes de la society mendolotuda, o el clásico “conocemos a todo el mundo” y por las dudas le tiran una solicitud de amistad en Facebook y si el/la persona en cuestión les acepta la solicitud, le megustean todo para simular relación cercana. Ni que hablar si se la encuentran en algún boliche o evento social, se desviven por saludar al personaje a viva voz. ¡Patético man!

Y por el otro lado tenés a los clásicos pasteles que se creen mil y son una ensalada de nabos. Son los perejiles que para hacerse los importantes o lo copados, se la tiran de antisociales y no saludan ni a la gente que conocen de memoria de toda la vida. Van por el pub o por la Arístides simulando que nada les importa mientras mirotean de reojo para ver quien los observa. Siempre van con cara seria para todos lados, como si de ellos dependiera la economía del país y siempre simulan ser gente muy atareada. Clásico payaso que habla con el Nextel a los gritos y con el altavoz. Da cincuenta vueltas hasta estacionar cerca del lugar donde va a sentarse para que todos vean el autito nuevo. Bajate del caballo de San Martín paparulo si te conocemos desde que eras un gordito gil con lentes y brackets. ¡Zapallito coreano!

Y ya como para no hacerla larga al divino botón e ir cerrando, debemos destacar la capacidad que adquiere el mendolotudo para poder “Vivir en pose”. Es impresionante la necesidad imperiosa de la gentuza a estar constantemente buscando la cámara, tanteando a ver quien los mira, poniéndose esa ropa espantosa con los logos gigantes de Armani, el caballito de Polo que parece un avestruz, el Tiranosaurio Rex de Lacoste, el pobre pingüino de Penguin más grande que Néstor, En fin, grandes, chicos, mujeres, varones en general todos horripilantemente dependientes de la opinión ajena.

Parecemos una mega ciudad, pero en nuestros corazoncitos seguimos siendo unos chuncanitos pueblerinos bien pacatos, constantemente pendientes del “qué dirán”…

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