Nuestra querida estación de Mónguibus

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«Terminal del Sol»… siempre me pregunté el porqué de ese nombre… Alguien me contó que todo proviene de una leyenda, la cuál dice que los gerentes de TAC y Metro se juntaron a debatir tal acción, y como sabía que las probabilidades de mantener la calidad desde el principio eran nulas, y que eso era directamente proporcional a las cartas documentos y juicios, decidieron otorgarle la propiedad al Sol, si total, quién va a enjuiciar a una estrella.

Siempre ponen plantitas para decorar cualquier lugar, pero si este lugar está lleno de humo, su ambiente está viciado; es muy probable que «esa» plantita esté algo muerta. Más aún si está pegada a un parlantito de morondanga que a modo de grito de agonía, lanza una musiquita asquerosa tipo MIDI, entre aviso y aviso de horarios de salidas y bla bla bla, que te dan ganas de bajarlo de un escopetazo.

Cinco de los diez banquitos que están a pegados a la pared huelen a orina y los restantes están siempre con algo pegoteado, que de alguna forma u otra terminará en traspasado a tu pantalón. De esos cinco, y más en horarios nocturnos,  tres albergan a alguien, dos de los cuales son los gerentes de la Terminal. El restante está muerto.

Más allá, un mocoso estalla en llanto cuando un pedazo de la pared se demorona a una pulgada de su débil humanidad, que sin duda hubiera colapsado bajo el peso. Esto produce una reacción en cadena y al cabo de catorce segundos (tiempo récord) los otros seis mocosos que se encuentran en el recinto también están llorando como si no hubiera mañana.

Contaré dos experiencias que me tocó vivir.

CASO 1

Un cartel que ayuda a desorientar turistas

Felicito la iniciativa de colocar un cartel luminoso en Castellano e Inglés que reciba a los turistas en la Terminal Del Sol y los aconseje sobre los peligros, pero sería ideal que los visitantes de cualquier nacionalidad que no hablan nuestro idioma y se manejan con la lengua sajona pudiesen entender el mensaje.

El letrero está ubicado en la Terminal del Sol para prevenir a turistas extranjeros por posibles robos. Pero en inglés dice: «Sr. Colectivo; su cuidado pertenencias». Una vergüenza.

Hay tantos profesores-traductores de inglés, o gente que habla el idioma en nuestra provincia a quienes se podría haber encargado la tarea de traducir esta frase. Incluso hay sitios de internet que traducen automáticamente frases, aunque muy literalmente, que resulta un completo despropósito haber confeccionado este cartel desvirtuando su sentido de alerta.

Es tan mala la traducción que difícilmente logre que los turistas entiendan el mensaje y el efecto más certero debe ser la risa.

Quizá el objetivo sea posicionar a Mendoza como la Tierra del Sol, el Buen Vino y el Humor (?).

CASO 2

Señora de gran carácter exige pasaje.

Una mujer con cara de ofuscada en un mostrador exije:

– Pero yo quiero un pasaje a Tunuyán!

La cajera, una solterona patética maquillada hasta la cajeta, (o un flaco que porque lleva una camisa y una corbata cree que tiene un título universitario) responde sobrellevando con todo éxito la necesidad de reflejar alguna emoción:

– Nunca oí de ese lugar en mi vida, señora.

Se produce un silencio sólo interrumpido por el MIDI y la sinfonía de emanaciones provenientes de un equipo de rugbier que acaba de entrar al libro de Records Guinnes con el título «Primer equipo que juega todo un torneo sin bañarse». La cajera mira hacia atrás y pregunta:

– Muchachos, ¿alguien conoce un lugar que se llama Tunuyán?

No hay nadie detrás.

– No señora, nadie sabe de qué está hablando.
– Está bien. Quiero ir a un pueblito que está pasando Agrelo. Tenga, mire, dinero.
– Son ochenta pesos.
– Me está jodiendo? La semana pasada costaba 17 pesos.
– Ochenta pesos.
– Pero..
– Con noventa centavos.
– Pero ust…
– Con noventa centavos, señora.
– De acuerdo, tenga. ¿Cuándo sale?
– En cinco minutos.
– No, pero yo quiero viajar mañana
– Usted señora es irrelevante.
– No tengo maletas, no tengo dinero, no tengo nada.
– Mire señora, ve aquella baldosa de más allá? Ahi en el medio del piso. Bueno esa baldosa no tiene nada de especial, es completamente prescindible y no tiene casi ningun valor para nosotros. Esa baldosa, señora, es más relevante que usted.
– Suficiente. Quiero un reembolso.
– El colectivo sale en cuatro minutos, señora. Lo va a perder.
– Nada, devuelvame mi dinero.
– Tres minutos.
– Deme mi dinero.
– Dos minutos.
– Quiero mi dinero ahora mismo.
– Tres minutos.
– Pensé que faltaría 1 minuto.
– Qué lásima, acaba de salir, lo perdió señora.
– Mi dinero, por favor.
– Lo gastamos.
– ¿Cómo puede ser, se lo acabo de dar?
– El tiempo vuela, señora. Se le ofrece algo más?
– ¿En qué lo gastó?
– Un DVD trucho con 67 películas y sánguches de miga. ¿Quiere?
– Métaselos en el culo, señora.
– ¿Qué se piensa que hago mientras hablo con usted?

Eventualmente la señora cae rendida y ocasiona una «situación» frente al mostrador. El señor de la limpieza tiene una pala especial para estas ocasiones. Todo vuelve a la normalidad.

Ya nos despedimos de este lugar lamentable que es solo una terminal. Lejos quedó el paseo de diversiones de TAC en la planta alta. Ni les cuento el paseo y lugar de exposiciones que tienen a un costado. Seguimos el cartel que dice salida y descubrimos que pasa por baño de damas, donde un aroma que te quita la congestión te hace pensar que no será la última vez que vivas estas cosas.

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