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Problemas de grande

Dicen que lo que somos de grande viene relacionado con lo que nos paso cuando fuimos chicos, con algún hecho traumático que nos allá marcado, con algo que nos allá dejado el mate perturbado

Resulta que el otro día mirando el Noticiero 9 pasaron un video de mi amor platónico “el Colo” Andrés Noguera disfrazado de Spiderman animando el trencito de la alegría en Mar del Plata (pueden verlo haciendo click ACA). De repente me empezó a salir espuma por la boca, los ojos se me pusieron rojos y llegue a pensar que era la hija no reconocida de Conep (o “termineitor”, según Bomur). Fue en ese momento que me volvieron a la mente unos recuerdos de las vacaciones mas lindas pero traumáticas de mi vida, la cual les paso a contar.

Era el verano de 2005, quien les habla hacia poco había cumplido sus 15 primaveras y mis queridos abuelos me regalaron el viaje a Mar del Plata…. con ellos y mis tíos… Era la diversión asegurada… (Calculen que entre los 4 llegan más o menos a los 300 años de experiencia)

Después de un largo, larguísimo viaje en donde la querida abuela Capitana cada 20 minutos hacia relucir su amabilidad preguntándome si quería algo de comer durante las 16 horas que duro el viaje, después de que la vieja que se sentaba al lado mío roncara toda la noche y de que se me acabaran las pilas del walkman, después de tantas cosas llegamos al tan preciado destino.

Bajamos al hotel y nos dieron nuestra habitación y como a toda señora mayor llena de vida, a mi querida abuela se le ocurrió salir a conocer la famosa Mardel. Me hizo caminar como  travesti en la Rodríguez Peña un día viernes (de un lado para el otro). Así pasaron los días, metiéndonos a todos los negocios que veía, sacándole fotos a las manos de mi amada Susana Giménez que hay en el piso del hotel Hermitage. Gritándole a Mirta Legrand que la amábamos solo para que nos ponchara la cámara, y persiguiendo a los hermanos Pimpinela para que le dieran un autógrafo a mí amada bobe.

Hasta que un día con mis 4 compañeros del Pami se nos ocurrió ir a probar suerte al casino, nunca imagine que ese recorrido que haría sería la última vez en mi vida que mi dignidad de adolescente, en camino a ser mayor, iba a ser despojada de mi de la más humillante manera.

Íbamos cruzando la plaza cuando lo vi… cuando mi abuela y mi tía también lo vieron… cuando mi abuelo olio a las intenciones de las dos viejas locas y se hizo el choto miro para otro lado y me dejo a mi parada ahí en la nada, con cara de  “me cago en mi madre”… Ahí fue cuando se escucho el grito de “vamos  a dar una vuelta al tren de la alegría”.

Parecía un gato que intentaban meter a una bañera llena de agua, rogaba por no subir, miraba a mi abuelo que se seguía haciendo el pelotudo para que las viejas no lo engancharan a el también y cada vez se iba más lejos silbando como quien no quiere la cosa.

Después de haberme tapado la nariz con formol me subieron de rehén a ese puto tren, y ahí fue cuando lo vi a él… a Spiderman… imagínense mi cara de culo por estar rodeada de 30 guachos pelotudos, todos los putos teletubis, Mickey y él… Spiderman.

Yo creo que debe haber pensado “Aaaaaa esta pendeja pelotuda viene al tren de la alegría le vamos a romper las bolas ya que tiene un cartel en la frente pegado que dice jodeme que me encanta”. El muy cañón me meneaba y me decía “si no te reís te saco a bailar en el medio del tren” y yo con una mirada fulminante y una voz de nena le decía “tócame y te hago un calzón chico con tus telarañas la puta que te pario”. Atrás se sentía la voz de mi abuela “¿nena así te educo tu madre?” momento seguido que se quedaba callada recordando que mi madre era su hija y estaba metiéndose en terreno peligroso.

Fue el viaje más largo de mi vida, fantasee todo el viaje con teclear al puto de tinquiwinqui y hacerle la patada voladora al cañón de Mickey. Spiderman era un caso perdido y superior.

Hasta que el viaje llego a su fin, pero este recuerdo quedo en mi mente.  Tanto así que 6 años después escuchando el noticiero vi algo que me dejo helada, no podía creer lo que mis ojos miraban, era él quien aparecía en la tele, era yo la que se veía allí pequeña y santa como lo sigo siendo, y era el bailando como pelotudo y molestando a la gente… era el… era Andrés Noguera.

Así que a vos te digo si me estás leyendo, ya te voy a encontrar y vas a ver… eso no se hace maldito forro. Provocar la ira de una nena de 15 años es lo peor que podes hacer, sé a qué vares vas se que todavía usas ese traje los sábados a la noche cuando trabajas de Striper en Picasso y en Wish, sé que realmente no sos colombiano.

Así que estás avisado, voy a procurar que todo el mundo se entere que por tu culpa, por joderme y hacerme ese trauma que me acompaña hasta el día de hoy, por tu maldita culpa me hago pis encima cada vez que veo un arácnido.

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