¿Queres saber cómo vive el dolor un rústico?

Bueno, para empezar debo describirles más o menos que es un “rústico”… es una categoría de hombre en la que me incluyo, muchos han escrito sobre nosotros como por ej. “El manual del macho” y si, somos bastante parecido a eso. El rústico es el hombre duro, mezcla de cavernícola con tanguero de la Boca, un aire de vikingo con tonalidades de espartano, machista en el punto justo, amable, caballero, valiente y siempre dispuesto a morir por lo que cree correcto. No tiene nada que ver el tema de ser patovica o custodio, campeón de artes marciales o rey de las peleas callejeras aunque, generalmente, tenemos un aire de eso o de Rambo…pero por sobre todas las cosas somos rockeros y de buen oído musical que es imprescindible para ser “rústico” si no, sos un negro cumbiero sucio del orto.

El rústico es el flaco que te agarra en la cama te pone en 20 uñas y te da matraca agarrándote del pelo hasta que te las nalgas te toquen “black dog” de Led Zeppelin… de tanto tinga tinga y el culo te quede tirando besos de despedida.

El rústico es el flaco que cuando tenés un amigo cariñoso que siempre te saluda con abrazo re dulce, lo espera que vaya al baño, lo sigue y le hace tragar el pichi por andar tocando la mujer que no le corresponde.

El rústico te dice que te ama… lo que nos hace diferente, es que es cierto.

Si lo vemos desde este punto de vista, pareciera que no nos duele nada, que no sufrimos por amor, que no lloramos, que nos importa un choto tener una decepción amorosa, que a nosotros no nos dejan o nos gorrean. Sepan que sí, solo que nosotros vivimos el dolor de diferentes maneras y ahora les doy algunos ejemplos.

1) Cuando nos dejan por otro: La primer sensación de un rústico al sentirse engañado es querer ir a dejar paralítico al contrincante, pero después tenemos el momento pensante donde nos cae la ficha de que en realidad la culpable es la sucia, engañadora, embustera que teníamos al lado. Porque si el flaco entro, es porque alguien le abrió la puerta y ahí asentimos con la cabeza y decimos: “llévela compadre, ojala a usted le sea fiel, los primeros añitos se porta bien, ahora…vos sos testigo de que así como hoy soy yo el ciervito…eh, mañana te salga marfil de la frente a vos, pero lleve, lleve tranquilo que ha comprado un lindo ejemplar.

2) Cuando lo que sentimos no es correspondido: Esta situación es de terror, porque nos toca el orgullo… ¡olvidate! ¿cómo no me va a dar bola esta hija de puta? Uhh te empieza a maquinar la bocha mal, claro, nos parece imposible que la mina no este rendida a nuestros pies y ahora les confieso por qué…y es porque para conquistarla, el rústico usa todo su lado tierno, cursi, romántico, baja todas las defensas, queda expuesto…entonces espera resultados a tamaño sacrificio para poder recuperar rápidamente su sistema de defensa y cuando no se da nos queremos agarrar los huevos con la puerta del horno tres veces por día.

3) Cuando nos olvidan: Yo creo que es una de las peores cosas que nos pueden pasar, porque, justamente volviendo al tema del orgullo y el ego, el rústico cree que por donde paso dejó una huella eterna y casi siempre suele ser así, lo cual no quita que te olviden, que encuentren a alguien mejor y que el día de mañana te crucen por la calle y ni te saluden o te la encontrés en el boliche y vayas a hacerte el pícaro con el típico chamullo parecido a este lee: (situación de boliche, suena algo de David getta) “tunchi tunchi tunchi” – ¿Qué haces Clarivel, como estas? Vos sabes que te vi y se me vinieron un montón de lindos recuerdos de las noches que pasamos juntos. – Me acuerdo si, dos veces me pegaste una buena garchada, te diste vuelta te apartaste tres pedos que me dejaron un problema en el lagrimal derecho de por vida y roncabas como un hipopótamo, hermosos recuerdos la concha de tu hermana. – Nos vemos Clarivel… “tunchi tunchi tunchi”

4) A la hora de las lágrimas: Pues no se nos está permitido llorar por amor, los rústicos tenemos salvadas ocasiones en la vida donde llorar desmesuradamente y es: cuando se muere algún ser querido u otro rústico, cuando pierde el club de nuestros amores, cuando lo matan a William Wallace y cuando terminator 2 se va fundiendo en el fuego mientras el pequeño John connors llora, nada más. Por amor se permiten una lágrima por cada ojo y de ahí es obligación ir al bar, juntarse con la manada y tener una buena noche de putas y drogas duras.

5) Cuando debemos asumir la derrota y marcharnos: Contrario de lo que piensan las minas, los rústicos no nos cuesta pedir perdón y cuando queremos de verdad intentamos hasta lo imposible por recuperarlo, por salvarlo o lo que fuere necesario, sabemos cuando la cagamos, somos rústicos no boludos. Pero cuando ya no hay más nada por hacer y hay que pegar la media vuelta, el rústico polenta te lava hasta las sábanas donde durmió cosa de que no quede ni el olor en la cama de él, se lleva todo recuerdo suyo y cuando dice “se terminó”… se terminó a la mierda, aunque me muera extrañándote el resto de mi vida, chau es chau y te vas a la puta que te pario.

Bueno podría seguir un rato largo describiendo situaciones pero mejor me las guardo para una segunda parte de esta nota y seguramente con la opinión de algunos expertos en el tema, me despido con una frase que es estandarte de nosotros, los rústicos.

“Trátame como un rey y yo te haré mi reina, trátame como un juego y te enseñare como se juega”

ETIQUETAS: