Somos polvo de estrellas

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«Somos pequeños universos habitados en interacción cósmica»

La astrología no está considerada hoy una ciencia, y por eso se la confunde con el gran universo de charlatanería reinante, en donde las personas no saben muy bien qué y cómo hace cada uno para sus propósitos «humanitarios».

Muchas de las personas que hacen rituales saben de la influencia de los planetas en los cuerpos humanos. Lo que sucede con la astrología es que no manipula las energías, sólo las conoce, ayuda a prevenir cuestiones complejas y puede entender el por qué una persona se siente mal y cómo focalizar sobre el problema para superarlo desde el interior, en donde se encuentra el mismo mapa celestial, porque «como es arriba, es abajo; como es afuera, es adentro».

Ya les he comentado en artículos anteriores y también en mi blog astrológico que las energías astrales se configuran en arquetipos de conciencia cuya influencia se manifiesta en los distintos aspectos de nuestra vida. Desde el enfoque de la astrología humanista, la posición de los planetas marca una influencia energética no sólo en la Tierra y en la sociedad a nivel colectivo, sino en el individuo como un universo personal con características propias y un campo magnético específico.
Con al avance de la tecnología se ha podido determinar que todos los seres que habitan en la Tierra tienen un campo magnético, hasta las piedras e incluso el aire. La longitud de onda no es otra cosa que la energía que emitimos, y esa energía se manifiesta de múltiples maneras no sólo en el campo magnético de la Tierra sino en nuestro cuerpo, en nuestra mente, en nuestro espacio astral humano.

Antes de seguir, y para quienes están interesados en conocer esto en mayor profundidad de la que explico en esta nota, los invito a estudiar conmigo:


El campo magnético de la Tierra
Pocos deben haber escuchado la palabra «toroide», es la denominación del campo magnético de los objetos. Los planetas tienen su toroide. El campo magnético de la Tierra se genera a partir de las aleaciones de hierro fundido del núcleo, pero hay estudios que determinan que también influyen en su formación la hematita presente en el manto terrestre.
Sin detenerme demasiado en cuestiones más astronómicas que astrológicas, les muestro unas imágenes. La primera es la del campo magnético de la Tierra y luego una de un campo magnético alterado.

Las alteraciones en la magnetósfera se producen por los cambios en las aleaciones de hierro del núcleo terrestre. Se sabe que los polos electromagnéticos de la Tierra van cambiando, pero últimamente lo están haciendo a un ritmo más acelerado y por afuera de lo esperable. De esta manera, el «chorro» de hierro fundido del núcleo se corre desde Canadá a Siberia, pero como el manto de Siberia es más duro y algo está pasando bajo el suelo de Canadá, el polo se corre cada vez más rápido hacia Rusia.
Vamos a Venus: técnicamente no tiene campo magnético, pero la radiación solar está produciendo una «cola» de plasma, lo cuál induce a pensar que ese planeta está reconectando sus polos electromagnéticos. En la imagen, una simulación entre la magnetósfera terrestre y la cola de Venus.

Marte tiene también su propia magnetósfera y a continuación se puede observar la misma dentro del campo electromagnético de la Tierra:

¿Empezamos a ser un poco conscientes de las influencias energéticas? No sucede todo el tiempo, ya que tienen ritmos de rotación y traslación orbital diferente. Marte tarda dos años terrestres en dar su vuelta al sol. Sólo cada dos años sus órbitas están en esta posición y eso se está produciendo en estos meses.

Los cambios en la magnetósfera no se producen sólo en la Tierra. Hay muchas imágenes que son captadas por las los dispositivos que orbitan en el sistema solar. Pueden buscarlas, son sorprendentes.

Me dirán que están lejos, que ese campo magnético es para evitar el daño del viento solar (ciertamente dañino) y no para atraer otras energías. Pero resulta que el fenómeno de la aurora boreal es exactamente eso: el campo magnético de la Tierra desviando viento solar y absorbiendo las energías de los demás campos magnéticos involucrados.
Les muestro una imagen del sistema solar con sus campos magnéticos interactuando entre sí y con el campo magnético del Sol. Es una masa energética.

¿Quieren más energía? Vean el sistema solar dentro de la Vía Láctea:

¿Alguien puede decir a conciencia que no estamos influidos por esta energía?

El campo magnético humano
Les había dicho que somos energía con diferente longitud de onda. Nuestros cuerpos tienen sus propios circuitos energéticos de entrada y salida. Esta es la imagen de un toroide humano:

Les muestro algo precioso: el campo magnético de dos cuerpos abrazados y el flujo de energía que funde ambos toroides en uno:

Mientras más largo es el abrazo, mayor contacto energético. Si vemos de nuevo la imagen de dos campos magnéticos de diferente tamaño según la longitud de onda vibratoria de sus emociones, imaginemos la sanación energética que experimenta alguien con miedo al ser abrazado por un ser amado y amoroso. Ese cambio energético influye en nuestro cuerpo, en nuestras glándulas, en nuestras hormonas, en el sistema nervioso. Los abrazos sanan, no es ciencia, es metafísica y tan real como el viento, el calor y el frío; no se ven pero se sienten y transforman. 

Si en este abrazo dos seres tienen un contacto sexual, es porque la energía de ambos produce una atracción específica de la misma longitud de onda vibratoria y la compenetración energética es aún más fuerte y poderosa. 

Si todo lo dicho no ha sido suficiente para entender por qué estudiamos las energías desde la más grande a la más pequeña, una última imagen: 

Somos pequeños universos habitados y en acción con otros universos; como Marte en la magnetósfera terrestre; como el sistema solar en la Vía Láctea.

Si querés saber más sobre esto, leeme en https://soylobesia.blogspot.com/ y si querés conocer tu carta astral o estudiar conmigo, contactame:

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