¿Tenes muchas ganas de que llegue el pegajoso verano?

Con los primeros picos de temperatura llegan los primeros comentarios cliché de todos los años: “qué lindo el calorcito” al fin calor” “me cansó el invierno”. Como así también ante cualquier variante “el tiempo está loco” “ya no sabes que ponerte” y es que es la época oficial de salir con campera a la mañana y al mediodía metértela en el orto.

No entiendo bien que esperan que pase ¿un continuado de 30 días de absoluto sol y 20° C inamovibles?, y aunque el clima no está loco sino que lo estamos haciendo mierda, debo reconocer que para salir preparado hoy en la provincia de Mendoza para cualquier contingencia deberías llevar: botas de agua, remera, camperita, pullover, camperón, piloto, paraguas, barbijo (para el zonda), y un kit de emergencia para temblores…al menos.

De todas maneras siempre los primeros calores generan un grupo de desajustados que al primer calor clavan alta chomba, cortos y ojotas, o sea cálmense que son 20° C ¿Qué se van a poner cuando llegué a 40°C…taparrabos? O en el otro extremo los que no se enteraron y clavan botas hasta diciembre, cultivando unos hermosos champiñones en las patas, supongo.

Ahora bien cuando la temperatura alcanza los 40° los mismos que estaban contentos empiezan a las puteadas y comienzan a anhelar la llegada del invierno nuevamente.

Quiero rescatar esas cosas características que nos deja el verano, arrancando por su tendencia a generar emanaciones a mamífero artiodáctilo de la subfamilia Caprinae, más popularmente conocido como chivo.

¿Cómo olvidar ese vaho que se emana al abrir la puerta de un aula con un mix de pedopataculotetahuevochivosobaco? Mi solidaridad con los docentes que se bancan el mismo, con maceración de días, multiplicado por 30 en una sola tarde.

El boliche es otro reducto donde se pueden apreciar esta diversidad de hedores, quiero suponer de más reciente elaboración, mezclados con perfumes que no logran su cometido. Ese amontonamiento, falta de ventilación, refrigeración y el calor propio del verano hacen que la humedad prime sobre todo el cuerpo generando una película viscosa sobre la mayoría de los presentes, que a veces se manifiesta en una aureola en las axilas, pecho o espalda, o simplemente sentirla cuando saludas y te quedas pegado, o pasas y rozas las espaldas mojadas. El sonido característico de esto es el pjjjjjjjjjjt que siempre me remite a esta escena de una película:

Lamentablemente, y dejando por un instante el calor de lado, este no sería el único efecto de esta estación sobre las noches de juerga, ya que también acorta las noches y cuando querés acordar estas saliendo del choboli de día siendo recién las 6:00 a.m., con los ojos achinados, nosotras con el maquillaje corrido en completa evidencia, y en general haciendo gestos de fastidio cual vampiro quemándose con cada rayito de sol. No quiero dejar pasar la oportunidad de mencionar el odio irrefrenable que me produce acostarme y sentir el cantar de los pájaros en mi ventana, ¿por qué no los programaron para cantar después del mediodía si la creación era tan perfecta digo yo?

Volviendo a las altas temperaturas, nos dejarían un grupo sectario al que me gusta llamar los “fundamentalistas del aire acondicionado”, esos que les gusta poner el aparato a 20 C° y vos te terminas cagando de frío, ¡ha! eso si en invierno lo ponen a 30 C°, ¿porque no lo ponen en modo coherencia y dejan de gastar electricidad al pedo? De todas maneras no voy a negar que entrar a un comercio fresquito, viniendo del asfalto hirviendo, debe ser lo más parecido al purgatorio que hay en la tierra (y cielo o paraíso no da, ya nos mandamos cualquiera).

El calor tiene otros efectos colaterales, más que nada sobre nuestra psiquis, a medida que se remueven las capas de vestimenta que recubren nuestro redondo y amorfo cuerpo, comenzamos a percatarnos que los 6 meses de sedentarismo (otoño e invierno) comenzaron a hacer mella en nuestra forma dejándole muchas redondeces fofas.

El pasar de un buzo grande, estirado, largo, a una remera, que ahora queda pegada, puede ser traumático y llevar a dietas desesperadas de una lechuga por día o a inscribirte en un gimnasio, para pagar todo el mes e ir 2 días.

Ni te digo la maya, bikini o lo que sea que te quieras poner para ir a la pileta, es el mayor desmoralizante que hay sobre la faz de la tierra, no la piloteas con nada, queda toda tu humanidad expuesta. Acá dejo mi solidaridad con el género femenino ¿quién diseña los trajes de baño? Hacen la parte de arriba diminuta y la de abajo para un rinoceronte o viceversa, para que te queden las lolas copadas, con el 90% de los mismos, las tenés que tener operadas porque no se ven o te las deja en el piso, así y todo sea cual sea la que compres cuando te tires al agua te queda la parte de arriba de corbata y la de abajo en las rodillas.

Me detengo un segundo a mencionar las piletas, las añoradas pelopincho que nos dieron tanta felicidad en nuestra infancia y que ahora no son suficientes para nadie, porque en nuestros ánimos consumistas y competitivos queremos saber quien la tiene más grande y todos compran las piletotas de plástico que van enterradas para refregarlas, compartirlas que diga, con la parentela y amigos, tres meses al año y dejando inútil medio patio otros 9.

Es que al mendocino particularmente le encanta hacerse el cheto e invitar a los amigos a la pile de su casa a la que llena con agua potable cambiándola todas las semanas, estando constantemente en emergencia hídrica, de la canilla común y corriente con una bombita y dejando a los vecinos en pelotas, en la ducha, enjabonados porque si ¡¡¡MARTHA YA SE QUE TENES LA BOMBA EN EL PATIO!!!

Y así y todo, sintiéndonos como un mismísimo elefante, o en el caso de los hombres teniendo una panza de embarazo cervecero de 9 años (no meses), nos resistimos a dejar las comidas calóricas y seguimos metiéndole al pan dulce en pleno enero, la cerveza fresca a cualquier hora, el helado, el mantecol…Nos las rebuscamos para justificar morfarnos todo como por ejemplo los famosos asaditos al lado del río, el heladito el domingo y la grande de muzza a la nochecita. Y es que la creatividad del argentino para las juntadas y comilonas no tiene límite ni temperatura, una de las mejores virtudes de nuestro ser nacional.

Sin embargo el verano también significa otras cosas, para muchos vacaciones, descanso, turismo, para otros…que no tenés un mango para hacer todo eso, que el forro de tu jefe te dio las vacaciones en junio cuando no te acompaña nadie y tampoco los podes visitar porque están laburando, que con suerte vas a ir al mar cargado hasta las pelotas y manejar 12 horas con los pibes jodiendo sin parar, que vas a estar 6 meses pagando esos 10 días, que nadie te invitó, que nadie podía y que te quedaste a cagarte de calor en casa.

Pero más allá de todo esto quiero dejar algo positivo para el final, hay que rescatar que el verano tiene un efecto liberador, nos saca del límite del auto y del gasto del telo y genera una potencial villa cariño donde sea que haya poca luz y pocos vecinos.

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