¿Cómo es un kirchnerista?

¡Cuántas veces me prometí dejar el tema política de lado! Pero reconozco que a veces me puede, hay cosas que me mueven, me apasionan, y el tema que quiero exponer lo vengo pensando desde hace tiempo. En realidad va dirigido hacia un grupo que actualmente se hace notar mucho, el pro-kirchnerismo joven, adolescente, ciego, apasionado, con convicciones autoimpuestas y mil cosas más. También trata subjetivamente algunos temas que se pueden ver tanto en otros partidos políticos (elegí éste porque está de moda), como así también en muchos otros tipos de organizaciones humanas.

Primero, hago la aclaración de que soy un bruto, ignorante, burgués, clase media, egoísta que no sabe nada de política ni de la vida, no vaya a ser que alguien me lo haga  notar.

Antes que nada, quiero hacer una gran diferenciación entre los seguidores del kirchnerismo, existen las personas más grandes, digámosle cincuenta años en adelante, que defienden el “modelo kirchnerista”, pero de una manera más centrada, sin violencia ni despectivización, exponen su ideología de una manera entendible, y con muchos fundamentos, es imposible no respetarlos, estemos o no de acuerdos con ellos, y reconozco que he aprendido muchísimo de ellos, y me da gusto escucharlos.

Por otro lado, están los jóvenes kirchneristas. ¿Cómo se los puede definir sin quedar mal? Imposible, por lo que disculpas anticipadas, pero esto que soy ahora es producto de ellos, y se los explico a continuación:

Un gran amigo catalán me dijo algo que me quedo bastante marcado, la situación se las hago diálogo, como lo que realmente fue:

-David, es la segunda vez que vengo acá, y me asombran mucho dos cosas, una es la gran diferencia entre lo que dicen en España y los medios respecto a ustedes y lo que pasa acá realmente. Y la otra, es que es increíble que la mayoría no esté a favor de la independencia de Cataluña respecto a España, sino que lo único que quieran es respeto por su lengua y cultura, sin que eso signifique independizarse. Yo, si fuera ustedes, los mando a los brutos, incultos, improductivos, mal nacidos españoles a la mierda.

-¿Sabés lo que pasa? Primero, lo que quieren ver los españoles es la minoría de nosotros, los independentistas, los extremistas. (Aclaración mía: los españoles siempre fueron colonizadores brutales, bajo los mandatos del “pacifismo” católico trataron de abarcar más y más, y, sintéticamente, así conquistaron tanto otras naciones como América, y por este motivo, nunca van a aceptar que una conquista suya se les vaya, lo tienen en la genética, en su inconciente, en todo lo que son).

-¿Pero vos qué postura tenés?

-La que te dije, no me interesa que nos separemos, sino que nos respeten. Pero, lamentablemente, uno al tratar de estar en el medio de la cuestión, en lo centrado, en lo menos violento, lo terminan llevándolo de a poco al extremo, no un extremo total, pero lo alejan del medio, aunque uno no quiera.

Fin del diálogo

¿Se entiende?

Bueno, esta es mi definición:

El joven kirchnerista, como toda persona de corta edad (en la que me incluyo), busca espacios, espacios donde pueden ser escuchados, donde pueden actuar, donde pueden decirles la verdad de las cosas, en síntesis: identificación (aunque sea ficticia). Y terminan siguiendo de cualquier modo a sus ídolos políticos, de una forma ciega, de una forma sumisa, todo lo que dicen es cierto, lo que dicen los otros es malicioso.

¿Cómo veo a este punto? Lo veo como cuando uno sigue a una banda, son geniales, son unos ídolos, los sigo a todas partes, y los defiendo a muerte, aunque estos ídolos en su intimidad se droguen, les peguen a sus mujeres, sean una mierda. ¿Cuál es la diferencia? Que lo que hacen ellos a nosotros no nos afecta, pero sí que nos afecta cuando este político, al que seguimos ciegamente, no tiene actitudes muy bonitas que digamos.

El kirchnerismo, como todo partido político, tanto en el pasado, como en el futuro, usó y sigue usando a los jóvenes como fuerza, con ideas que les inculcan que ya han sido usadas antes, con muchas ideas que de tanto decirse, o de tan comunes, resultan aburridas, y así usar esa fuerza para poder llevar a cabo, y en paz, los verdaderos proyectos (buenos o no), los que se hablan y los que se deciden en los círculos de poder (en los cuales no están incluidos los militantes, o unos pocos y no más que eso).

Hay algo que no se lleva a cabo, que es la experiencia de los más grandes con la fuerza joven, pero con conexión. Lamentablemente los jóvenes creen que les dan bola, pero como dije, los usan como fuerza, y a cualquier precio, y ellos, agradecidos porque les dan un espacio en los que creen que sirven, hacen todo lo que le dicen.

También nombran a viva voz el tema del peronismo, se sienten peronistas, admiran al peronismo, no se acuerdan de que Menem, Macri, Alzogaray (María Julia) fueron peronistas. Yéndonos más atrás, nombran a Perón, ese Perón asesino, que autorizó la creación de la triple A (que no solo asesinó personas, sino también ideas, culturas, bien dictatorial), hitleriano, amigo de la atroz dictadura franquista española. Y cientos, cientos de dirigentes más. Nombran solo lo bueno, no lo malo, no lo sucio de la ideología que siguen, igual que cualquier católico fanático. ¿No se comprueba mediante esto que son cegados, incultos, no pensantes?

Manifiesto que no todos siguen la doctrina peronista, pero son los menos, y al ser los menos, no forman parte del pensamiento de esa pelotuda juventud peronista.

Pero bueno, son jóvenes, ¿les podemos criticar que no sepan nada y que formen parte de cualquier cosa sin ser pensantes?

Permítanme copiarles textualmente dos textos extraídos del libro “El Flaco” de José Pablo Feinman.

“Lo más oscuro, lo más imposibilitante entre políticos e intelectuales es la figura del cortesano. El cortesano es un burócrata servil del poder cuya misión es justificarlo. Siempre le dirá al Soberano que lo que hace está bien, ya que lo domina el pavor de la crítica y sus peligros: quedar fuera del círculo <íntimo> y sus privilegios, o jamás poder entrar en él. Estos personajes pululan en el poder. En la política. Son los grandes enemigos del pensamiento crítico. Los que viven consagrados a bloquearlo. A que llegue el soberano. Y el político es sensible a la adulación, a la obediencia, al acatamiento. (…)”

¿No son cortesanos los seguidores obsecuentes del kirchnerimo?

El segundo es parte de una obra de Sastre:

“La libertad le pesa a Hugo. Para él, la militancia es un reposo. Su conciencia lo acosa con las preguntas esenciales de la existencia. No quiere afrontarlas, no quiere responderlas. Hay un gran alivio en meterse en un Partido: ahí están todas las respuestas. Nada calma tanto a la conciencia moral como la obediencia. No soy yo el que habla. No soy el que odia. El Partido lo hace por mí. No soy yo el que mata. Es la orden que el Partido me ha dado.”

Siempre aprendí que la crítica es la mejor manera de construirse. También aprendí a  desconfiar de lo perfecto, tal como quieren simular al kirchnerismo. Es una lástima, que en vez de aprovechar la juventud para controlar, revisar las cosas si se hacen bien o mal, los manden al frente, al campo, totalmente cegados. Pero la culpa no es del kirchnerismo, sino de los que se dejan manipular, controlar, los que creen todo.

Yo por mi parte sigo con mi postura, nunca voy a querer ni alentar a que un gobierno caiga, me parece algo atroz, pero sí voy a querer que el que esté haga las cosas bien, y cuando haya algo que no me guste, decirlo, por más que después vengan mil militantes kirchneristas a apalearme, o militantes del partido que esté. Seguiré con mi conciencia crítica toda la vida, reconociendo lo bueno pero criticando lo malo, y el día que empiece a ser ciego, que Dios no me deje en este mundo.

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