Fui al centro en auto… más tarde me suicido

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Hay pocas experiencias más exasperantes enla Ciudadde Mendoza que ir al centro en auto. Gracias al ilustrísimo hace tiempo que tengo moto, con lo cual al 4 ruedas lo debo arrancar una vez al mes con suerte.

El tema empieza desde el preciso momento en que uno sabe que hay que ir en auto al centro. Este puede suceder desde unas horas antes o desde una semana antes, lo mismo da, la única diferencia es la cantidad de tiempo de la tortura psicológica autoflagelante.

En mi caso fue bastante particular, había que sacar unas fotos carnet para el club. Ante la premisa salí a la casa de fotocarnet del barrio. Quebró, la concha de su madre a Morenito y la prohibición de las importaciones.

Le pregunto al viejo: -Che Tata (así le decimos a mi viejo) ¿donde corno puedo sacar unas fotos carnet?

-Enfrente del registro civil había un laboratorio de fotografía.

Allá vamos me dije… Quebró, me cago en la concha de la lora y al que se le ocurrió inventar las cámaras digitales.

Habrá que ir al centro me dije y es ahí donde realmente comenzó mi calvario.

Como hacía mas de un mes que no me subía al auto, me di cuenta que la última vez que me subí  le había llenado el tanque. Pero en el ínterin mi viejo me lo había pedido prestado y, como corresponde, me lo devolvió con la luz de reserva en llamas.- Tata y la puta madre que te parió; que es mi abuela pero yo le veía cara de atorranta a la vieja.

Llego a la estación de servicio más cercana a mi casa (no llegaba a ninguna otra) y me tengo que comer una cola de 2 cuadras. YPF, De Vido y todos los involucrados háganse ortear por un burro, dije por lo bajo mientras ya empezaba a notar un leve temblor en las manos.

Una vez en la bomba de la estación viene una señorita y le pido que llene el tanque con Gas Oil. – Solo Euro señor. Me escupe sin pruritos. 6 Mangos el litro… si fueras vago te bajo los dientes conchuda. El temblor ya se notaba.

Una vez subido al auto, con el tanque lleno y el culo roto, me decido a salir hacia el centro ingresando desde el Este. Llego hasta el Condor y ya había cola. Cobos y tu obra, hijo de un contenedor de putas. El temblor ya se asemejaba al de un borracho con síndrome de abstinencia.

Luego de 45 minutos chivando en el auto (cuando lo agarre al de aire acondicionado lo reviento) logro estacionar cerca dela Plaza Independencia.

Me acordaba que sobre Patricias frente a la plaza había una casa de fotografía. Quebró. Quien carajo haya inventado las maquinitas digitales habría que colgarlo de los huevos. En ese momento empecé a notar un pequeño tic en el ojo derecho.

Bajo por la peatonal con un crió en cada mano que no dejaban de decir. – Comprame  Papá, comprame.

En un momento le contesto al enano chico. – ¿que corno querés que te compre?

– Esa paloma.

– ¿Sos te hacés o yo soy el hermano de tu vieja? Me salió de una.

Pasaba por ahí una jueza de familia, y me dejó una citación para el lunes siguiente. Como venía con una del INADI, esta me dejó una carta documento, por discriminar a los hijos de padres hermanos.

Finalmente llegué al viejo LAPAKÓ. Me atendió un hombre con cara de “¿cómo corno pago el alquiler?, por culpa del cabrón que inventó la maquinita digital”, y como corresponde me rompió el tujes por las benditas fotitos.

Salgo en búsqueda del auto, y ya notaba que el tic se había extendido a un movimiento en la cabeza que me mareaba.

El de la playa, como no hay donde corno estacionar, me cobró la hora como si fuera el alquiler de un monoambiente de lujo. ¿Así que iban a hacer una playa de estacionamiento debajo dela Independencia? Turco vende humo.

En ese instante note que ya me costaba acelerar, debido a que los tics habían empezado a dominar mi pierna derecha.

Luego de 1 hora y media , puteando contra los que piensan que van a ir mas rápido y los agarra el semáforo en el medio de la bocacalle, los colectiveros que paran en el medio de la calles y los pelotudos que buscan su bondi bloqueando al menos una mano.  La puta costumbre de los que salen de un puente y asoman medio auto bloqueando lo poco que ya quedaba de calle. Llegué a mi hogar con un notable chichón del lado izquierdo ya que el tic de la cabeza había aumentado sensiblemente y parecía Palermo haciendo un gol de cabeza. Mis hijos me ayudaron a abrir la puerta cuando con mis movimientos casi le saco un ojo a uno.

Entro y cuando pensé en tomarme un tilo, suena el timbre, abro y me dicen:

– Somos los testigos de Jehová venimos a diseminar la palabra del Señor.

Le caí encima al único hombre del grupo, lo cagué a palos mal mientras las viejas del orto marcaban el 911.

Así acá estoy en la 9na, el lunes me llevan al juzgado de menores, comparto celda con el Chomba, que ni me habla por que cuando me trajeron entre 4 milicos babeando me agarró un cagazo de aquellos. Gracias a dios que mi amigo el Ángel Gris (que también escribe en este pasquín) me trajo puchos. Y si con suerte salgo en los próximos 20 días, pueda llevar las fotos carnet al club y no perder los últimos días de pileta. Hago eso y si tengo que ir otra vez al centro me suicido.

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