Los amantes de río Estigia | Capítulo V

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Veinte minutos después de esa nefasta experiencia, Alejandro no podía evitar sentir una amargura tan extrema como la que sintió a sus cinco años cuando a su mamá murió. Su corazón estaba desgarrado y sentía, muy en el fondo, que nunca podría salir de semejante depresión. Incluso, la leve idea de quitarse la vida rondo por su mente, sin embargo, la sepultó inmediatamente y se dijo a sí mismo en voz baja.

?Me prometí que nunca más iba a pensar en eso.

“Mierda, mierda, mierda”, pensaba Matías mientras que manejaba a toda velocidad sin importarle los baches y la falta de asfalto, conducía como si quisiera huir de algo, pero sabía muy bien que de lo quería escaparse era de la culpa y del remordimiento que se acrecentaba en su pecho. “¿Y ahora que le digo? No pensé que se pondría tan triste, soy un boludo, tendría que haberme dado cuenta.”

?¿Ale? ?preguntó Matías casi susurrando, dejando de lado el tono grave y potente de su voz?. Ya sé que estas mal, pero entiendes que, si no lo veías con tus propios ojos, no me ibas a creer. ?Alejandro alzó la vista, observó a su amigo secándose las lágrimas con una expresión que denotaba odio y tristeza, y le respondió:

?Está bien, no te preocupes, después de todo, me quisiste hacer un bien, ¿o no? ?concluyó la frase mostrándose un tanto sínico. Matías lo detectó y se vio sorprendido ante tal actitud. No obstante, no le hizo caso, creyó que solo lo había imaginado, después de todo, su atención se centraba más que nada en la ruta.

?Ale, ya sé que estás mal, pero no te dejes caer, loco. Sabes que yo siempre te voy apoyar ?las palabras que salían de su boca se percibían como una mentira tan grande que se sentía sucio?, está noche no vamos a volver a la casa, vamos a salir.

?Perdóname, pero no tengo ganas, quiero ir a mi casa y decirle lo que pasó a mi viejo así cancela todo.

?Que lo cancele ahora o mañana en la mañana no tiene importancia, Ale. Salgamos, ¿cuánto hace que no salimos solos? Creo que la última vez fue para mí cumple de dieciocho.

Alejandro miraba de frente a la ruta, sin demostrar expresión. Matías se preguntaba en que estaba pensando, nunca lo había visto así.

?Sabes algo, Mati. No es la primera vez que Lizy me engaña y yo me entero. Está debe ser la sexta vez que la agarró.

?Seis veces ya…?preguntó Matías intentando actuar sorprendido para esconder el nerviosismo del que era víctima en ese momento. Las palabras de Alejandro se sintieron como una clara indirecta, ya que, durante los cinco años de relación, él se acostó un total de seis veces con Elizabeth a modo de sexo de despedida?. ¿Y por qué seguiste con ella si sabías que te engañaba?

?Porque la amo mucho. Pero ya me hizo demasiado daño. Me prometió la última vez que no lo iba a hacer más. Eso fue hace dos meses, le encontré mensajes y fotos de un compañero de la facultad. Ahí me prometió que no lo iba a hacer más y me propuso matrimonio y yo, como el buen gil que soy ?acotó sonriendo y oprimiendo el llanto?, le creí.

Matías se sentía peor que nunca, creía que, al verlos separados se regocijaría, en cambio, una sensación de vacío se cerró en torno a su pecho. No podía pensar con claridad.

?Mira, Ale, no te digo que salgamos a buscar mujeres, pero vamos a tomar algo. Te lo mereces, fuiste el mejor novio del mundo con ella. Por una vez intenta vencer a la depresión y pensa un poco en vos.

Alejandro le dijo que eran las tres y media, que ya se les sería imposible entrar en algún boliche. Matías vio que lo que decía su amigo era verdad, sin embargo, Alejandro no conocía tan bien la noche como él.

?No te preocupes por eso, yo conozco un lugar en el podemos entrar a cualquier hora. ?Cuarenta minutos más tarde se encontraban en un local bailable, al que ingresaron sin enseñar documentación y sin hacer fila.

Matías entró saludando al personal de seguridad y cada uno de los empleados que trabajaban en el boliche. Alejandro se sorprendió, si bien sabía que su amigo salía todos los fines de semana, no estaba enterado de la popularidad de este.

Caminaron abriéndose paso entre el tumulto de gente y llegaron a la barra. Una hermosa mujer de unos cuarenta años les preguntó que iban a tomar:

?Hola, Caro, ¿cómo estás? ?preguntó Matías luego de darle un efusivo beso en la mejilla.

?Bien, gordi, ¿vos?

Alejandro prestó atención a esta escena y notó que su amigo se había acostado con ella. Se dio cuenta de que él solo había estado con una mujer en su vida, sintió lastima de sí mismo, ¿de qué le valió portarse bien y ser fiel? Tan mala podían ser las mujeres?. “Son todas iguales”, pensó. Sin embargo, luego de meditarlo unos segundos se corrigió?. “No, no son todas iguales, tal vez no le di lo que quería o simplemente estaba conmigo por conveniencia.”

?¿Por qué esa cara tan larga? ?preguntó la bartender acariciando el cabello de Alejandro.

?Caro, te lo presentó. Él es Alejandro, mi mejor amigo. Hoy se peleó con la novia.

La mujer frunció la boca y se amargó al notar los ojos hinchados del muchacho en la oscuridad.

?No te preocupes, yo me he separado dos veces, con hijos encima, es difícil, pero lo vas a superar, dale tiempo no más. ?Al ver que el ánimo del muchacho no demostró ni la mínima señal de cambio, sacó una botella de Jack Daniels, la puso en la barra y sirvió un shoth para cada uno. Brindaron por los corazones rotos y las segundas oportunidades. ?Alejandro percibió que solo esa pequeña cantidad de alcohol ya le estaba afectando y decidió embriagarse, para ver si era cierto que el alcohol alivia las penas.

Una hora después Matías estaba en el medio de la pista de baile, enseñándole sus destrezas a un grupo de chicas menores que él, y Alejandro seguía en la barra inundándose en el alcohol. Carolina le cobró los tres primeros tragos y, al ver que el joven ya no disponía de efectivo, le regaló una botella de whisky barato. Alejandro tomaba directamente desde la botella. Su mente giraba en torno a las parejas que bailaban. Estaba completamente borracho y lo peor de todo es que no podía olvidar la imagen de Lizy siendo penetrada por un hombre mucho más dotado que él. Pensó en cómo sería su vida desde ese momento y las imágenes visuales lo aterraron.

Sabía, por cómo era Elizabeth, que ella le pediría perdón y que terminaría sucumbiendo a sus encantos. Y, es que, no podía evitar perdonarla cuando ella le practicara sexo oral o terminase atándolo a la cabecera de la cama. Además, de que no podía rechazar el gesto triste y melancólico de su ex novia; pero, ¿qué pasaría? Ya la había perdonado seis veces e incluso ella tuvo la desfachatez de engañarlo una semana antes de casarse.

Eso ya no tenía perdón, tenía que dejar de mentirse a sí mismo. Al fin abrió los ojos y se dio cuenta de que ella nunca lo amó en verdad. Siempre fue algo unilateral. Entonces, varios detalles de la relación cayeron en cuenta; por ejemplo: esa vez que prefirió ir de vacaciones con amigas en vez de ir con él, todos los pleitos por celos estúpidos solo porque una chica le hablaba o le sonreía, y las veces que se enojaba por cosas tan absurdas como llegar diez minutos tarde a una cita.

Sintió que ella siempre abusó de él y de sus buenos tratos. Por eso la relación se tenía que acabar, pensar demasiado, más en ese estado, no era sano. Tenía que cortar el lazo que lo unía a ella; que, para ese momento de la noche, se sentía como una soga atada en torno a su garganta.

Sacó el celular de su bolsillo y ver los ojos de Elizabeth en el fondo de pantalla lo hizo dudar, sin embargo, ya lo había decidido, tenía que comenzar a tomar decisiones y no dejarse humillar nunca más.

Abrió el Whattsapp y comenzó a escribir.

A unos treinta kilómetros, Elizabeth se encontraba acostada sobre el pecho de su amante. Hacía mucho tiempo que no sentía la adrenalina de tener sexo tres veces seguidas con un hombre mayor y tan fuerte. Estaba revidando Facebook, cuando de pronto la notificación de un mensaje nuevo de su “futuro esposo” llegó:

?No te quería molestar antes.

?Calculo que a esta hora ya estás en tu casa.

Elizabeth creyó percibir que su corazón se detenía…

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