Serial Killer a la mendocina: Los hermanos Leonelli

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Si quisiera empezar a matar, no quedaría ni uno solo de ustedes.

Charles Manson

La definición de  asesino en serie dice que es aquel que comete al menos tres asesinatos, separados en el tiempo, también acota que no existe un nexo aparente entre una muerte y otra, pero al parecer tienen patrones comunes: la selección de la víctima, misma dinámica criminal, etc.

Hacía calor, eran mediados de diciembre de 1916. El sol estaba intratable y no había nadie en las calles de tierra. El mundo parecía vacío.

En la intersección de Salta y Urquiza, cerca del Área Fundacional  en la 4ª de fierro, se escucharon unos gritos de terror, clamando por ayuda. Los vecinos  del lugar, al oír los alaridos buscaron algún policía –no eran épocas de 911, así que había que buscar a alguno en las esquinas.

Se juntaron algunos agentes del orden y llamaron a la puerta de dónde parecían provenir los pedidos de auxilio. Atendió un hombre,  quién con suma tranquilidad les dijo a los policías que estaba todo en orden. Uno de los agentes notó suspicazmente unas manchas de sangre en la camisa blanca del hombre. Entonces decidieron entrar al inmueble.

Revisaron el lugar y en el sótano de la casa encontraron el cadáver de Tufik Ladekani, un comerciante de nacionalidad siria. El cuerpo del infortunado presentaba fuertes golpes en su cabeza (efectuados con un garrote cubierto con anillos de acero) y había sido estrangulado con un alambre. Al parecer, Tufik Ladekani había sido citado con la intención de realizar una transacción económica. La víctima llevaba entre sus ropas 8000 pesos, que era el botín que deseaban los victimarios.

Las dos personas presentes en la casa fueron arrestadas. Eran los hermanos Marcos Mauricio y José Mauricio Leonelli. Según indicaron las crónicas policiales, Marcos Mauricio atacó al comerciante sirio, con el garrote, mientras que José Mauricio lo estranguló con el alambre. Los hermanos Leonelli fueron  llevados  a los calabozos de la Comisaría 3° de Ciudad. Estos hechos fueron el inicio de una serie de truculentos hallazgos que horrorizaron a la sociedad mendocina de inicios de siglo.

La familia Leonelli era muy respetada en el lugar, tenían un almacén que se fundió y Marcos y José decidieron  montar una casa fúnebre, algo un tanto irónico si se tiene en cuenta su accionar homicida.

En la puerta de la casa de los  Leonelli se encontraba  un carro, propiedad  de Julián Azcona, apodado El Vasco, quien estaba desaparecido desde julio de 1916. Los hermanos Leonelli le debían la suma de 6000 pesos.  Esto despertó las sospechas de los investigadores,  por lo que se procedió a inspeccionar minuciosamente toda la propiedad.  En  la caballeriza se encontró el cuerpo de Azcona. El forense, que examinó los restos, determinó que por el avanzado estado de descomposición del cadáver, este llevaba en ese lugar un largo tiempo.

La investigación en el lugar siguió y en el sumidero de la casa se encontró el cuerpo de Juan Dávila, al que los hermanos le debían una gran suma de dinero. Al parecer  para saldar la deuda, Marcos y José le ofrecieron la casa de  Salta y Urquiza, como pago y lo citaron en el sitio, para luego asesinarlo. Otra muerte atribuida a los hermanos Leonelli es la de Alejo Samper, a quien se le encargó hacer “desaparecer” el carro que utilizaba Azcona, evidentemente esto no se realizó. El escuadrón de bomberos continuó excavando en la vivienda  y encontraron el cuerpo de un niño de no más de 7 meses de edad. Además, los restos de Francisco Petruolo, a quien los Leonelli le debían la suma de 10 mil pesos, lo encontraron  muerto en el Canal Zanjón, actualmente el  Canal Cacique Guaymallén.

Luego de la confesión de los homicidas, éstos fueron llevados a juicio en el año 1918. Si bien se hallaron cuatro cuerpos en su propiedad, solo fueron acusados por 3 homicidios, las muertes de Ladekani, Azcona y Dávila. La Justicia no logró recolectar suficientes elementos probatorios para los hechos restantes.

Por el carácter cruel y violento de los homicidios, José Mauricio fue condenado a 25 años de prisión, mientras que su hermano, Marcos, a la pena capital. Esto nunca se llevó a cabo, gracias a la intervención de la Asociación de Damas Pro Glorias Mendocinas, que se oponían a las ejecuciones sumarias.

En 1923, el Gobernador de la provincia, Carlos W.  Lencinas, conmutó las penas de los Leonelli  y en cambio fueron sentenciados a 20 años de prisión en la Cárcel de Ushuaia, conocida como “La cárcel del fin del mundo”.  20 años más tarde, José Mauricio recobró la libertad, no así su hermano, quien falleció en la cárcel de Ushuaia.

En la pacata ciudad de  Mendoza existieron asesinos seriales, infames y funestos.  Seguramente hay otros, pero aún no nos hemos dado cuenta.

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