Manifiesto de la Tragedia

  •  
  •  
  •  
  • 17
  •  
  •  
    17
    Shares

Solemnemente manifiesto que todo manifiesto es manifiesto absurdo. Por absurdo, se entiende, una gran imbecilidad. El único manifiesto posibles es este: la Tragedia de la Vida, y es la única proclama que firmamos todos nada más nos engendran.

Este es un manifiesto breve en el que se considera que el ser humano tiene un sólo derecho: la muerte. Los estudios más recientes son exactos e inescrutables; concluyen: el ser humano nace bebé y crece hasta la tumba. También se habla de un sólo deber: morir. Finalmente, se habla de un solo gobierno dictatorial que reúne todos los poderes: la vida.

Bien lo dijo Dios, viendo la inutilidad de su castigo, porque nada más secar la tierra del Diluvio, vio cómo Noé sacrificaba un animal:

No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud.

La intención, señoras y señores, la intención del corazón. ¡Esta intención del corazón es la Tragedia de la Vida! La intención es el único manifiesto que hacemos, la única constitución del Gobierno de la Vida. La intención del corazón que, por supuesto, es a decir, siempre sinónimos: Egoísmo.

Por esta Tragedia dice Dios que el mayor ejemplo que se nos ha dado es el de Jesucristo, porque venció a la Tragedia e hizo un sacrificio.

Mirad qué risa:

Mirad cómo se jacta la gente de sus sacrificios. Se jactan de vencer a la Tragedia por sus sacrificios, sin saber que su sacrificio es Tragedia, porque sus sacrificios son para egoísmo. Hacen sacrificios para aplauso, hacen sacrificios para bien propio, hacen sacrificios como el de Noé, sacrificios que no entienden y que hacen por inercia de satisfacción propia, para satisfacción de su egoísmo.

Mirad cómo se aman. Mirad, mirad cómo fingen prometer amor y fidelidad. Promesas que hacen no para dar, sino para recibir. Porque el hombre ha descubierto que para recibir hay que dar, y da sólo para recibir y no por la abnegación del dar por dar. Aman para ser amados, porque tienen esa necesidad, pero no aman para amar, para dar felicidad, sino para recibirla.

Mirad cómo filosofan. Mirad cómo hablan de ideas, de conceptos abstractos y manifiestos. Todos absurdos. Lo hacen en el nombre de la libertad. Pero no entienden que no hay libertad por culpa de la Tragedia, por razón del egoísmo, porque si no hubiera egoísmo, habría libertad.

Sí, mirad como profesan ideologías, mirad como se hacen de discípulos y adeptos, y no para darles libertad, no para liberar al mundo, sino para justificar la actuación de sus propias conscupiscencias. Porque la validación de la gente es una necesidad para evitar la culpa de sus malandanzas, de sus egoísmos; y para eso profesamos nuestras ideas, no para aportar, sino para recibir validación y vivir sin culpa.

Todos merecemos morir. Y si no morir por merecer, morir de culpa.

Mirad qué risa:

Ya os veo buscando en el registro de vuestra memoria una luz de sacrificio que ilumine la Tragedia de vuestro egoísmo. Ya os veo listando vuestras buenas acciones, vuestros falsos sacrificios que consideráis altruistas, todo esto para sentir que merecéis vivir. Pero esta propia acción demuestra la Tragedia de la Vida, que todo lo hacéis por vosotros, porque es más fácil buscar que hacer, porque es más fácil pensarse que ser. Más fácil es mentirse que reconocerse.

Es por esto que la vida es Tragedia, es por esto que sólo tenemos derecho y deber de morir. Es por esto que la vida que nos gobierna es dura con nosotros. Qué egoísta es nuestra queja.

¿Y yo? Yo no existo. Sólo soy un narrador ficticio que inventó otro trágico egoísta.

Adiós.