Aprender a desprender

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Cada uno de nosotros estamos formados por un conjunto de experiencias que vamos viviendo a lo largo de nuestra vida y son las que al final nos definen como personas.

De esas experiencias, las que más nos llegan a marcar generalmente son las negativas: malos momentos, rupturas personales, fracasos individuales y escoyos inesperados.

Es curioso que sean las que más recordamos.

Sabemos qué nos hace mal porque también conocemos lo que nos hace bien. Es entender que la felicidad no es algo constante, pero podemos elegirla de acuerdo a lo que decidamos conservar en nuestro ser.

Suena casi paradójico que cueste desprendernos de cosas que realmente no queremos, pero como buenos anti héroes de nosotros mismos, las recordamos una y otra vez a pesar de haber aprendido y crecido.

Dejar de lado a ese “nosotros erráticos” ayuda a progresar y salir adelante, lograr nuevos objetivos y quizás hasta volver a equivocarnos. Pero con una capacidad de superación mayor a la anterior.

Desprendernos de ese miedo a reincidir para volver a pasar por lo mismo se vuelve un problema. Pero a veces esto no es del todo negativo. Seguramente pasaremos por angustia y dolor, pero ese puede ser un buen momento para replantear nuestra situación interna y encontrarse con uno mismo.

Somos seres libres, de pensamientos y acciones. Nosotros podemos elegir aprender a desprendernos de aquello que nos limita y acostumbrarnos que una simple piedra no es más que una pequeña parte de un gran paisaje que tenemos por delante.

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