De un tal vez a un menos mal

Tal vez me creí que la mirada fulminante de ojos color Branca era suficiente para atacar cualquier canción de despedida, y que nunca existiría adiós si el beso era de desayuno.

Tal vez me creí la musa y olvidé que las musas nos ayudan a construir en un mundo paralelo para una realidad en la que esa musa nunca está invitada más que en condición de nostalgia. Sé que en la nostalgia siempre me quedaré esperando un nuevo poema u otra canción.

Tal vez me encapsulé en eso de la princesa que merece todo y mucho más, en eso de que será la reina nombrada bajo el alba y que Joaquinito se equivoca por fin.  Joaquinito sigue cantando la del pirata cojo en sus show, y yo en lo más fino de la cápsula, me aferro a creerme el ciego, el pueblo, el tuerto y el rey.

Tal vez me lancé locamente a hacer indicado el momento en un tiempo que no fue el correcto, a llevarte por un laberinto que siempre nos dejará sorprendidos cuando  Cupido se niegue a un nuevo soborno. Motivos no me faltaron: risas militadas a cada instante, miradas cómplices, charlas que iban del chiste a la seriedad sin aclaración ni pie de página, viajes a no sabemos dónde aunque seguramente delineábamos el por qué, lo exquisitamente perturbador que nos envolvió sin saber desde cuándo, quizás desde alguna otra vida. Y si en otra vida nos volvemos a encontrar, nos debemos ese antojo de aprender a bailar tango.

A veces la locura no parece tan lejana como uno sospecharía, me avisó mi poeta favorito después de seducirme con eso de “No hay arma más seductora que decir siempre la verdad” e invitarme a volar como paloma y un solo paracaídas.  Es que quizás el atreverse a amar lo desconocido ya es una locura suficientemente grata como para vivirla en lo lejano y con esto quisiera evitar esos comentarios del estilo “Ud. tiene que animarse a no tener el control siempre” mientras conducís el rojo metalizado de un lado a otro de la calle.

Aunque tal vez después de la enésima despedida al fin te hayas animado a responderte las dudas con una Penélope en la espera eterna, hago balance y con los miedos conservados sigo pensando menos mal que apareciste, menos mal me convenciste.

Aunque tal vez sea cierto que a algún Bomur le recordamos a unos jóvenes y hermosos que se quedaron con el aliento del otro, los discos de Sabina y la certeza de sentir, hago balance y con la sonrisa que inunda todo mi cuerpo, que siempre causaste tan al todo o nada, me alegro de haber apostado porque sentimos juntos ganas de vivir siendo mucho más que todo.

Aunque el derecho a réplica nunca haya sido usado, siempre nos pedimos revancha. Aunque siga sintiéndote caminando por encima de mi pelo hasta llegar al ombligo de mi oreja hoy ensayo un hasta luego, me quedo con pena y con gloria a pesar de Andrés y pido perdón por la tristeza.

Escrito por Vero P. para la sección:

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